Apocalipsis Capítulo 11

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Los dos testigos
La séptima trompeta
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Capítulo 11

Los dos testigos
δυσὶν μάρτυσίν (dusin martusin): dos testigos-profetas. Uno de los símbolos más enigmáticos y difíciles de interpretar de todo el libro, porque hay una riquezas de detalles en las descripciones y una pluralidad de teorías sobre el significado; una de las teorías muy populares es el paralelo con el texto de Zacarías 4:1-6 y 4:14, rescata las figuras de Josué y Zorobabel; otra teoría interpreta que hace referencia a Elías (2 Re 1:5-12, 1 Re 17:1), Jeremías (Jr 5:14); una tercera, plantea la posibilidad de la relación entre Moisés y Aarón (Ex 7:17); otra teoría entiende la relación de la figura de Moisés (Ley) y Elías (Profetas), personajes que aparecen como testigos en la transfiguración de Jesús (Mt 17:1-9). De las diversas teorías, consideramos en esta versión, aquella en la que se entiende que el autor no pretende sugerir una interpretación restringida del símbolo. Es una representación simbólica en la figura de la iglesia profética. Los dos testigos representan al Antiguo y al Nuevo Testamento. Con respecto al Antiguo, tenemos varios puntos de conexión, por ejemplo, el tema de la Ley recibida por Moisés y a través de él dada al pueblo de la promesa; así el primer testigo es la referencia a la teología del Antiguo Testamento que se fundamenta en la promesa de la formación del pueblo. El cumplimiento de la promesa es el cumplimiento de la historia de la salvación y la vivencia de la Ley; el segundo testigo representa al Nuevo Testamento, en el Nuevo se rescata el cumplimiento de la profecía en la Iglesia, y se establece un paralelismo entre el pueblo de Dios y el nuevo pueblo que es la Iglesia, en el desarrollo de su historia ambos sufrieron persecuciones. En la figura de los testigos, los dos mueren en el mismo lugar que murió Jesucristo, los dos resucitaron y fueron llevados al cielo por Dios.  

   11:1. Luego, me fue dada una caña de medir parecida a un metro y me dijo: “Ve y mide el templo de Dios
La idea de medir el templo esta conectada con la referencia de Ezequiel 40:47 y la simbología enunciada tiene una pluralidad de significados.  
y el altar, y cuenta a los que están adorando en él;
2. pero no incluyas el atrio exterior del templo, no lo midas, porque ha sido entregado a los paganos, los cuales profanarán la ciudad santa durante cuarenta y dos meses. 
3. Y daré a mis dos testigos que, vestidos de luto, profeticen durante mil doscientos sesenta días
La cantidad, mil doscientos sesenta días, cuarenta y dos meses o tres años y medio son maneras diferentes de expresar el mismo símbolo numérico. Es una referencia temporal que Juan introduce en el capítulo por primera vez, cantidad que va a repetir en otras visiones más adelante. La numerología es común en la literatura apocalíptica, así como las fracciones. Se entiende que los tres años y medio es la mitad del número siete, y simboliza un tiempo de crisis, de tribulación, de sufrimiento, pero también indica que esa situación es por un tiempo limitado. Un hecho histórico es la clave de su sentido: la profanación del templo que hizo Antíoco IV de Epífanes, opresión, persecución y prohibición de los sacrificios, adoración y la circuncisión de los niños, crisis que duró tres años y medio. Periodo que también describe Daniel 9:25-27. Esos tres años y medio quedaron marcados en la historia y memoria judía como un tiempo de crisis y la peor persecución en su historia. Siglos después, Jesús en su discurso, anuncia la destrucción de Jerusalén con crueles sacrificios y la abominación desoladora en el lugar santo (Mt 24:15; Mc 13:14), realidad que se cumplió cuando los romanos destruyeron la ciudad en el año 70. El pueblo judío vivió sufrimientos crueles, el ataque también duró tres años y medio. En Lucas 4:25 y Santiago 5:17 describen la sequía de Elías con una duración de tres años y medio, por lo tanto, esta cifra simbólicamente representa un tiempo de dolor, de crisis, de escasez, de profanación, de persecución, de catástrofe que afecta a los fieles.  
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4. Estos testigos son los dos olivos y los dos candelabros que permanecen de pie delante del Señor de la tierra.
5. Si alguien quiere hacerles daño, ellos lanzan fuego por la boca y consumen a sus enemigos; así habrá de morir cualquiera que intente hacerles daño;
6. estos tienen la autoridad para cerrar el cielo a fin de que no llueva mientras estén profetizando; además, tienen autoridad sobre las aguas, para convertirlas en sangre y para herir a la tierra con toda clase de plagas, cuantas veces lo quieran.
7. Cuando los dos testigos terminen su testimonio, la bestia que sale de la profundidad del abismo hará guerra contra ellos, los vencerá y los matará. 
8. Sus cadáveres quedarán tendidos en la plaza de la gran ciudad, llamada en sentido espiritual Sodoma y Egipto, donde también fue crucificado su Señor.
9. Muchas personas de todas las razas, pueblos, lenguas y naciones verán los cadáveres de los dos testigos durante tres días y medio, y no permitirán que se les dé sepultura.
10.  Y los habitantes de la tierra estarán felices por su muerte, harán fiestas y se darán regalos de celebración los unos a los otros, porque estos dos profetas los atormentaban.
11.  Pero pasados los tres días y medio, entró en ellos un espíritu de vida enviado por Dios; y se pusieron de pie y quienes los observaban quedaron llenos de miedo.
12. Y oyeron una fuerte voz desde el cielo, que les decía: “Suban acá”; ellos subieron al cielo en una nube y sus enemigos los vieron.
13. En ese instante hubo un gran terremoto y la décima parte de la ciudad se derrumbó, murieron siete mil personas, pero los sobrevivientes, llenos de temor, dieron gloria al Dios del cielo.
14. El segundo ¡ay! pasó, pero el tercero ¡ay! se acerca pronto.    
La séptima trompeta

15. El séptimo ángel tocó su trompeta y en el cielo resonaron fuertes voces que decían: “El reino del mundo ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y Él reinará por los siglos de los siglos”.
16.  Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados en sus tronos delante Dios se postraron hasta el suelo y adoraron a Dios,
17. diciendo: “¡Te damos gracias Señor, Dios Todopoderoso. El que eres, El que era; te damos gracias porque has tomado tu gran poder y has reinado!
18.  Las naciones paganas se enojaron; pero vino tu ira. Ha llegado el momento de juzgar a los muertos y recompensar a tus siervos, los profetas y a tu pueblo santo, los que temen tu nombre; tanto pequeños como grandes; y de destruir a los que destruyen la tierra”.
19. Y fue abierto el templo de Dios en el cielo, y se vio el arca de su alianza y hubo relámpagos, estruendos, truenos, un gran terremoto y una fuerte granizada.  
  


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