Apocalipsis Capítulo 6

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Los sellos
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INTRODUCCIÓN GENERAL

Apocalipsis sin dudas es uno de  los libros más fascinantes de la Biblia, principalmente por su mensaje fuerte, su carácter esotérico y su simbología; pero es quizás el libro de la Biblia más desafiante en cuanto a su compresión para los lectores contemporáneos, tal vez por la poca familiaridad a su estilo literario; probablemente, por ello, el mensaje apocalíptico por más curioso e interesante que sea, a lo largo de los siglos ha sido distorsionado y poco entendido en su sentido exegético, es decir, en su sentido original.

Sin dudas, es un texto con mucha riqueza literaria, un universo teológico muy propio, lleno de colores, números, animales, sonidos, visiones, sabores, aventuras, desafíos, luchas, promesas, adoración, victoria y fiesta, realmente es un libro extraordinario, abundante en creatividad, estrategias literarias y motivaciones teológicas, en el cual toda la estructura y simbología tiene un propósito, es un proyecto de proclamación de esperanza a la luz de los desafíos de sus destinatarios, por ello, es muy importante conocer un poco de sus particularidades para acercarnos al texto de manera más responsable, para disfrutar de una lectura más pertinente y para recibir su hermoso mensaje de forma mucho más profundo y como ya decía el gran Juan Stam, uno de los más grandes estudiosos del Apocalipsis:  “Quién entra al mundo del Apocalipsis tiene que estar preparado para muchas sorpresas”. Una Palabra de Dios expresada de una forma muy especial, que, con la ayuda del Espíritu Santo, su mensaje es apocalíptico (revelado) de forma tan espectacular, y como el mismo libro dice: “El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Ap. 2:11, TCB).

 

I.                Características Generales del Apocalipsis de Juan


Es una carta de amor
, todo lo contrario de lo que algunos piensen, el Apocalipsis no es un mensaje catastrófico de desgracias y castigo, es una carta, escrita con el más puro deseo de consolar a un pueblo amado, y que estas personas supieran que alguien estaba pendiente de ellas, que no se desanimaran, no perdieran la fe, pero estuvieran completamente seguras que el amor sacrificial de Dios era real, que el Cordero los amó tanto que dio su vida por ellos, y como respuesta a este amor perfecto e infinito, ellos deberían ser fieles al Cordero, si es necesario hasta la muerte, pero que sin importar las consecuencias, el mejor camino siempre será el camino de amor, el camino del Cordero y sobre todo del amor del Cordero.

 

Es Cristocéntrico, Jesucristo es el centro; en la cultura popular y en la literatura universal, por lo general, se aplican mucho morbo a la lectura del Apocalipsis, la gente está preocupada con las imágenes negativas, y se despistan del principal enfoque del autor que es glorificar al Cordero, que es Cristo, por ejemplo, mucho se especula sobre la marca de la bestia, pero poco se habla de la marca del Cordero, cuando el autor posiblemente solo plantea la idea de la marca de la bestia (Ap. 13:17) para contrastar con la marca realmente importante que es la marca del Cordero (Ap. 14:1), Él es el protagonista, y todo el enredo y demás personajes son coadyuvantes en relación a Cristo; el dragón, la bestia, el falso profeta, etc., están en el texto para ser derrotados definitivamente por el Cordero, el verdadero rey, el vencedor, el centro del evangelio, de la Iglesia, y que debe ser de nuestra vida y corazón, y claro, de nuestras lecturas apocalípticas.

Es simbólico, por el mismo carácter del género apocalíptico, es un mensaje de que Dios cumple sus promesas no sabemos ni cómo y ni cuándo, y este cómo y cuándo reposa en el lenguaje simbólico. La simbología, quizás sea el alma del género apocalíptico, la cual brinda a la literatura un lenguaje esotérico; pero, tal simbolismo no debe ser entendido literalmente. Por ejemplo, el autor del Apocalipsis de Juan hace uso de ellos, creando combinaciones simbólicas literalmente inconcebibles como: la lluvia de granizo y fuego mezclado con sangre (Ap. 8:7), un altar que habla (Ap. 9:13), la mano con siete estrellas que se pone sobre la cabeza de Juan (Ap. 1:16), etc. Al escritor, tampoco le importa el estipular dos sentidos diferentes al mismo símbolo, como hace cuando dice que las siete cabezas de la bestia son siete montes (Ap.17:9), pero también siete reyes (17:10). Dentro de la simbología de la literatura apocalíptica, los principales elementos son: Animales, colores, números, objetos y fenómenos cósmicos, puede existir algunas más, y cada uno de esos elementos deben ser interpretados responsablemente, según la tradición judía, según toda la literatura bíblica, según la literatura apocalíptica y según el contexto histórico del libro, es decir, es importante una investigación exegética antes de atribuir significados a la simbología del Apocalipsis de Juan. Otro factor importante, es que el Apocalipsis brinda al lector tres niveles de interpretación simbólica: 1. Primaria: cuando el mismo autor explica claramente qué significa el símbolo; 2. Secundaria: cuando en alguna otra parte de la Biblia hay una posible aclaración del símbolo y 3. Terciaria: Cuando se necesita buscar el significado del símbolo en fuentes extra bíblicas.

 

Es profético, en el mismo texto deja muy claro que se trata de una profecía, pero no necesariamente se entiende la profecía bíblica como un tipo de predicción del futura, más bien la profecía bíblica está conectada con hablar en nombre de Dios, con el propósito de anunciar y denunciar, frecuentemente haciendo análisis históricos, desde el presente, recordaban el pasado para proyectar un futuro. También es profético por su connotación ética, una invitación al arrepentimiento y a la obediencia a Dios.

 

Es escatológico, entendiendo que escatología viene de dos palabras griegas έσχατος (ésjatos) y λόγος (logos), que traduce como: doctrina de las cosas últimas; esas cosas últimas no necesariamente hacen referencia a los sucesos finales en sentido cronológico, sino que se puede entender como las últimas realidades, de una forma más existencial; por ejemplo, cuando el Logos se encarnó o las varias intervenciones divinas en la historia; se puede entender esas cosas últimas como las que dan sentido a la existencia humana, como diría Paul Tillich, experiencias profundas que señalan cuando uno está frente al incondicional, “se trata de aquello que el hombre experimentó como incondicional, de validez última” (2001.p.11). Según Aune, es prácticamente un consenso que el contenido del género apocalíptico tiene que ver con una perspectiva trascendente y escatológica sobre la realidad cósmica, cotidiana y de los asuntos humanos más esenciales (1986. p.88). La escatología se funda en la noción del tiempo, una expresión de la noción entre tiempo e historia y cómo cada pueblo va entendiendo esa relación. Para entender mejor esa idea existencial de la escatología y la noción de tiempo; un texto recomendado es la Teología de la Esperanza de Jürgen Moltmann, donde el autor dice: no hay que adelantarse al futuro, sino más bien tener la esperanza de que las crisis del día de hoy pueden tener la posibilidad de mejorar el día de mañana.

 

 

Es historiográfico, el autor hace una teología exquisita de la historia, por eso se debe entender su mensaje en relación al contexto histórico en el que fue escrito y a partir de ahí, se puede aplicar al contexto histórico actual; entender el contexto histórico original de Apocalipsis es absolutamente necesario para entender el primer sentido del texto y decodificar los símbolos de manera correcta. Porque sacar el texto quizás sea el más grande error cometido por los lectores de Apocalipsis. Pues para entender bien cualquier escrito antiguo, es necesario tratar de hacer el esfuerzo de entrar, dentro de las posibilidades, en el contexto histórico del autor y sus destinatarios; tristemente, en la época contemporánea, una gran parte de los lectores del Apocalipsis insisten en leerlo como si fuera escrito en nuestro tiempo y para nuestro mundo moderno, olvidándose del contexto original del libro, perdiendo y distorsionando la mayoría de la riqueza de su mensaje.

 

Es teológico, como se hizo mención anteriormente hace una profunda teología de la historia, pero también es súper litúrgico, el autor nos lleva a un culto celestial para proponer una idea de adoración, hacia el que está sentado en el trono (Dios), pero también al Cordero (Jesucristo). Apocalipsis de Juan hace referencia a las fiestas judías a través de todo el libro; cristianizando el significado teológico de ellas; la abundante mención del Cordero recuerda claramente la celebración de la Pascua. Es muy probable que el capítulo 7:9-17 describa la felicidad plena de los redimidos en los términos de la Fiesta de Cabañas, la más alegre de todas; y el libro usa una variedad de términos litúrgicos como: amén, las doxologías completas y termina con un “Maranatá” claramente litúrgico. El Apocalipsis recalca bastante la idea que nuestro testimonio, toda nuestra vida debe ser una constante adoración a Dios. Como es un libro teológico, es muy importante interpretar exegéticamente. Encontramos en Apocalipsis de Juan: Teología propia, cristología, pneumatología, soteriología, escatología, liturgia, hamartiología, eclesiología, etc.

 

Es pastoral, el autor es claramente un pastor, preocupado por las iglesias que están sufriendo, el mensaje debe ser para guiar y fortalecer a las comunidades de fe, especialmente para infundir felicidad y esperanza en medio de crisis. Además, presenta a Jesús como el rey que nos pastoreará eternamente, el gran pastor. Quitar la riqueza pastoral del Apocalipsis de Juan, definitivamente es perder la esencia misma del libro.

 

Es sensorial, hay que leerlo con los cinco sentidos, es un texto literario que más que leerlo, debe ser experimentado, utilizando los sentidos de percepción, para hacer un acercamiento al texto respetando su primer sentido. Hay que entrar al Apocalipsis, vivir la visión, ver lo que se está describiendo, sentir los olores indicados; por ejemplo: oler el incienso, oír los truenos, los coros, las trompetas, etc. Se trata de saborear el libro y entregarse a lo que propone la narración, porque toda esa apelación sensorial enriquece la interpretación que es necesaria para atrapar el mensaje primero del autor. La lectura que se hace hoy está muy atravesada por toda la racionalidad moderna occidental, que siempre busca leer bajo los análisis intelectuales y ser muy literalista, lo que podría limitar la percepción del mensaje; al acercarse al género apocalíptico, hay que hacerlo con imaginación, para que, junto con el autor se puedan captar las realidades más profundas que posee el mundo real.

 

Es práctico, no se trata de visiones y palabras sin sentido, sino de un poderoso mensaje para orientar la conducta ética de las iglesias, es un manual de vida, no sirve si solo es escuchado, tiene que ser vivido, experimentado, puesto en práctica, aquí y ahora. El mensaje tiene mucho que decir también a la comunidad a través de la voz profética de la iglesia sobre la justicia social, política y económica.

 

II. Teorías de Formación

 

Aclarando siempre que las teorías de formación solo son intentos de aproximación, no se trata de verdades absolutas, pero que dentro del ejercicio académico y por lo histórico de la tradición, se asumen posturas de lo que se cree más asertivo, dentro de diálogos que aún siguen abiertos.

Autor y Fecha

Autor

La autoría del libro, aunque se suele usar la nomenclatura Apocalipsis de Juan para referirse al libro, porque es el mismo autor quien se identifica como Juan (Ap. 1:1, 1:4,21:2 y 22:8), sin embargo, se desconoce quién era este Juan, por lo tanto, es necesario mencionar algunas de las teorías consideradas por los estudiosos del texto en mención.

La teoría más conocida y aceptada es que el autor del libro de Apocalipsis fue Juan el apóstol, el discípulo amado, hijo de Zebedeo, que según la tradición cristiana ortodoxa también fue el autor del cuarto evangelio y las tres epístolas juaninas, algo que está fundamentado en la tradición más antigua, el testimonio de los padres de la Iglesia, la cual es casi unánime sobre la autoría del apóstol Juan.  Por ejemplo, Justino Mártir cerca del 135 d.C. le atribuye los escritos a Juan, el apóstol y se estima que el final de la vida de Juan fue por el año 98 d.C. y; el pronunciamiento de Justino, no pasó ni siquiera 40 años; lo que significa que testigos oculares podrían confirmar la veracidad de esta información. Otro nombre importante que confirmó esa teoría fue Ireneo de Lyon, discípulo de Policarpo, que posiblemente conoció a Juan y testificaba que el apóstol era el autor del Apocalipsis. Además, de que el apóstol Juan posiblemente sí estuvo desterrado en Patmos hasta larga edad. Esa teoría fue cuestionada a lo largo de los siglos porque, aunque haya algunas similitudes entre el Apocalipsis con los demás escritos atribuidos a Juan (el cuarto evangelio y las tres cartas de Juan); también hay grandes diferencias, principalmente gramaticales y literarias, por ejemplo, el apocalipsis tiene un estilo gramatical más pobre que las cartas y mucho más pobre que el evangelio de Juan. Eso podría ser explicado por el hecho de que, en Patmos, Juan no tenía un asistente para redactar el texto, ni muchos recursos.

Otra teoría planteada por los exégetas, es que el libro no fue escrito por una persona, sino por la Comunidad Joánica, debido a que “estamos frente a un material muy elaborado en el interior de una escuela, por lo que podemos hablar de paternidad joánica y mantener así la atribución a Juan, en el sentido de que con certeza Juan había presidido el crecimiento de esta teología”.

En la región de Éfeso había un presbítero conocido como Juan de Hierápolis, que según Papías, obispo de la ciudad y una fuente respetada de la iglesia de Alejandría, puede haber sido discípulo del apóstol Juan, porque eran contemporáneos y con teologías similares, por lo que existe la posibilidad que ese presbítero haya sido el autor del libro y no el discípulo Juan.

Además, cabe mencionar que unas de las características del género apocalíptico es la pseudonimia, por lo que hay la posibilidad de que el escritor del libro sea un autor apocalíptico desconocido que usó este elemento, como era de costumbre en esta clase de literatura, y se le atribuyó a Juan por su autoridad apostólica para que el texto tenga más relevancia o por el simple hecho de la popularidad del nombre Juan.

Evidentemente era un buen pastor, cristiano judío, ya que cita el Antiguo Testamento desde el hebreo (como también versiones arameas) y el griego. Llama la atención que nunca reclama ni explícitamente ni aun implícitamente el rango de apóstol u obispo (o presbítero). Cuando habla de los apóstoles no parece incluirse a sí mismo entre ellos (2:2; 18:20; 21:14). Desde el siglo II d.C., la tradición occidental, aunque con bastante desacuerdo, lo ha identificado con el discípulo amado. Como no hay nada en todo el libro que nos indique de cuál “Juan” se trata, podemos contentarnos con llamarlo “Juan de Patmos”

Es interesante cómo el autor es quien ve y así lo relata, dibuja conjuntos, y a veces se posiciona, interpreta y hasta se asusta, Juan de Patmos es un profeta que habla, escribe y lee, es decir, es un narrador que está involucrado de diversas formas con su escrito; tiene percepciones corporales, sentimientos, reflexiones interpretativas. Por ejemplo, en medio de la visión/libro (Ap. 10:8-11) él recibe la orden de coger un librito y comerlo, y este librito es dulce en la boca, pero amargo en el estómago, dejando claro la ambigüedad de cómo el texto es sentido en su mismo cuerpo, mostrando una clave de lectura, que el libro no solo debe ser leído, sino también debe ser sentido.

Fecha y Lugar

La época en que el libro fue escrito es una clave fundamental, porque es lo que determina el contexto histórico donde se podrá ubicar, ese contexto vital es un factor determinante para la labor exegética, es decir, para el mejor entendimiento del primer sentido del texto y de su interpretación simbólica. No obstante, en el caso del Apocalipsis de Juan, así como pasa con la autoría, la fecha del libro también es una discusión continua, porque los eruditos no entran en un consenso.

Algunos creen que fue escrito alrededor del reinado de Nerón (54-68 d.C.), otros consideran la posibilidad de que pueda haber sido en la época de Vespasiano (69-79 d.C.) o una fecha en el periodo que gobernó Domiciano (81-96 d.C.), sin embargo, en lo que la mayoría está de acuerdo, es en el lugar, y se lo ubica en la región de Asia Menor, lo que hoy se conoce como Turquía, ya que el mismo libro especifica su ubicación en Patmos.

            “Hay un pasaje en el libro (17: 9-11) donde se alude claramente a los emperadores romanos”. En especial a Nerón, lo que lleva a algunos estudiosos del libro a creer que en ese periodo se pudo escribir una primera parte del libro, debido a algunos factores caóticos relatados en el texto, y algunas evidencias como el número de la bestia, aunque las evidencias tengan una base lógica, son subjetivas, por ello, se concuerda con que el autor se sitúa imaginariamente en aquella época, sin embargo, la persecución de Nerón es una importante clave de interpretación del libro.

La fecha más probable según el testimonio de los primeros cristianos, es que la redacción del Apocalipsis de Juan haya sido terminada a finales del reinado del emperador Domiciano, o sea, alrededor de los años 81-96 d.C.; uno de los padres de la Iglesia, Ireneo de Lyon, afirmó claramente que el libro había sido revelado en esa época, también Policarpo, Victorino, Eusebio, y otros.

Destinatarios

En su prólogo, especifica que está destinado a las siete iglesias de Asia Menor, que son puntualmente nombradas (Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea), resaltadas en sus particularidades (las siete cartas, el mensaje a las siete iglesias Ap. 2 y 3), que coinciden con el correo imperial de Asia Menor, eran ciudades importantes de la región,

lo que significaba que el mensaje circularía en toda la región. No obstante, por su naturaleza simbólica, también se puede interpretar que las siete iglesias, tengan un significado más amplio, como el siete suele significar plenitud, perfección, las siete iglesias también pueden ser entendidas como la plenitud de la Iglesia, es decir, el mensaje sería para toda la iglesia en general, incluyendo a nosotros como iglesia hoy.

Algo que  debemos tener en cuenta al acercarnos al libro, o tratar de interpretar el Apocalipsis como lectores modernos, es tratar de entender el mensaje que el libro tenía para sus primeros destinatarios, ya que el libro era originalmente una carta escrita para cristianos en Asia Menor y fue escrito para ser entendido por los fieles comunes y corrientes de las iglesias, no fue destinado a los grandes eruditos, como un enigma incomprensible, todo lo contrario, era una carta circular, comunitaria, para ser leída y predicada a todas las congregaciones que tuvieran acceso a este maravilloso mensaje.

Género literario

El género literario predominante en el libro es conocido como género apocalíptico, que abarca diversas obras literarias, y que fue desarrollado en tiempos de crisis y conflictos históricos, donde sus autores transmitieron un mensaje respaldado en la autoridad divina, con el objetivo de garantizar la fe, para consolar el pueblo en medio del dolor, la opresión y sufrimiento, para difundir la esperanza y predicar la justicia, confiando que Dios cumplirá sus promesas, sin saber ni cómo y ni cuándo, pero cumplirá. Proviene del género profético y con fuerte influencia de la literatura sapiencial. Un género de escatología y esperanza, caracterizado por su dualismo, seudonimia, literatura de protesta, exigencias éticas y principalmente, por la simbología que contiene animales, colores, números, fenómenos cósmicos, etc. Un género que debe ser leído con los cinco sentidos, haciendo uso de la imaginación, entendido como visiones o sueños, que contiene detalles que ya no se pueden decodificar y que deben ser relacionados primeramente a su contexto.

Conociendo mejor las reglas del género, se puede llevar el acercamiento al texto del Apocalipsis de Juan a otro nivel de comprensión; conociendo su identidad, es posible hacer un análisis de los símbolos más claramente, con la generosa ayuda de las notas al pie de página de esta versión (TCB); que fueron realizadas desde un análisis previo de su contexto vital, ya que Juan describe por medio de la simbología su propia realidad.

Cabe mencionar que el texto es una carta, es decir, está relacionado con el género epistolar, y a través de toda la obra encontramos varios otros estilos literarios: makarios, parábola, ayes, himnos, doxologías, narrativa, etc.

Propósito del Libro

El propósito es presentado con una narrativa tan genial, codificado, pero muy claro para sus primeros destinatarios; infelizmente algo muy loco sucedió con el libro de Apocalipsis, ya que fue escrito en el primer siglo con el objetivo principal de eliminar el temor de los cristianos, y ahora tiene un efecto totalmente opuesto, el libro causa terror y miedo a muchos de sus lectores modernos, otros ni siquiera se arriesgan a ser lectores porque tienen miedo de leer el libro, o porque se resignaron en comprender su mensaje 

simbólico; no obstante, en el momento en que se escribió el Apocalipsis, las personas estaban en crisis, sufriendo, amenazadas, enfrentadas a la muerte (algo que lo mantiene como un mensaje tan pertinente), y esta obra fue diseñada como una cápsula de esperanza, una inyección de fe y es exactamente así como tenemos que entenderla, confiados en la promesa de la primera bienaventuranza que es brindada de entrada en, el libro: “plenamente feliz el que lee esta profecía y también los que escuchan y hacen caso de este mensaje, practicándolo, porque el tiempo está cerca.” (Apocalipsis 1:3, TCB). Además, es importante resaltar, que el propósito del libro no es satisfacer la curiosidad sobre el curso de los eventos futuros y sí, preparar y animar a un grupo de iglesias a enfrentar las dificultades que probarían su fe hasta su máximo límite. Por lo tanto, así como toda la Biblia, el Apocalipsis de Juan trae un contenido moral y teológico muy relevante.

Estructura

III. Bosquejo teológico del Apocalipsis. 

El Apocalipsis de Juan es un libro con variadas propuestas de bosquejos por parte de sus estudiosos. De manera muy básica se puede definir la estructura del apocalipsis como una apertura y visión inicial (Ap.1), las cartas a las siete iglesias (Ap. 2 y 3), la visión del trono y del Cordero (Ap. 4 y 5), la apertura de los siete sellos (Ap. 6-18), la guerra escatológica (Ap.19), el milenio (Ap.20), cielo y tierra nueva (Ap.21) y advertencias finales (Ap.22).

En el patrón numérico, después de un capítulo introductorio, aparece la relación siete-cuatro, es decir, cuatro series de siete: siete cartas (2,3), siete sellos (5:1-8:1) siete trompetas (8:2-11:19) y siete copas (15:1-16:21), entrecortadas por algunos paréntesis que paralizan un poco el flujo de la narración, evidenciado en los bosquejos y así, el libro concluye con el juicio hacia Babilonia, la victoria del Cordero, la culminación del reino de Dios y la nueva Jerusalén (caps. 17-21).

El Equipo Etienne Charpentier, presenta una estructura más pastoral y eclesiológica para el libro, algo que debe ser considerado para entender el primer sentido del texto, porque sin duda Juan de Patmos tenía un corazón extremadamente pastoral y escribió para consolar a la iglesia de Jesucristo. El libro de Apocalipsis es una cátedra magistral de un acompañamiento pastoral en medio de la crisis y momentos de dificultad que un cristiano enfrenta en su caminar diario, por eso, la perspectiva pastoral del texto es fundamental para entender ese mensaje central de esperanza, es interesante cómo el autor hace un bosquejo bajo esos lentes pastorales (2001, p- 18-34):

 

INTRODUCCIÓN (1,1-3)

I. UNA IGLESIA MUY HUMANA (1-3)

1. Saludo (1-4)

2. Visión del hijo del hombre (1, 9-20)

3. Las cartas a las siete iglesias (2-3)

II. UNA IGLESIA ENFRENTADA CON LOS PROBLEMAS DE SU TIEMPO (4-20)

A. La iglesia: de Israel a las naciones (4-11)

1. LA LITURGIA EN TORNO AL TRONO (4-5)

2. LOS SIETE SELLOS (6-8,5)

3. LAS SIETE TROMPETAS (8,6-11,19)

B. La iglesia enfrentada con los poderes totalitarios (12-20)

1. LA MUJER Y EL DRAGÓN (12,1-6)

2. LAS FUERZAS ANTAGÓNICAS (12,7-14,5)

3. ANUNCIO DEL JUICIO (14,6-19,10)

a) El evangelio del juicio (14, 6-13)

b) Pasión y victoria de los fieles (14,14-15)

c) Destrucción de Roma-Babilonia (16-17)

d) Dos cánticos celebran el resultado del juicio (18-19,10)

4. LA VICTORIA FINAL (19,11-20,15)

a) La victoria del mesías (19,11-21)

b) Durante los “mil años” de la historia de la iglesia (20)

III. UNA IGLESIA BAJADA DEL CIELO (21-22).

 

IV. Estructura según la TCB

 

Prólogo (1:1- 3)

Saludos a las siete iglesias (1:4-8)

Visión del Hijo del Hombre: Jesucristo es Dios (1:9-20)

Mensaje a las siete Iglesias (2-3)

El mensaje a Éfeso (2:1-7)

El mensaje a Esmirna (2:8-11)

El mensaje a Pérgamo (2:12-17)

El mensaje a Tiatira (2:18-29)

El mensaje a Sardis (3:1-6)

El mensaje a Filadelfia (3:7-13)

El mensaje a Laodicea (3:14-22)

Adoración Celestial (4:1-11)

El Cordero y el rollo (5:1-14)

Los sellos (6:1-17)

Los ciento cuarenta cuatro mil (7:1-8)

La multitud vestida de blanco (7:9-17)

El séptimo sello y el incensario de oro (8:1-5)

Las trompetas (8:6-13)

La quinta trompeta (9:1-12)

La sexta trompeta (9:13-21)

El ángel y el librito (10:1-11)

Los dos testigos (11:1-14)

La séptima trompeta (11:15-19)

La mujer y el dragón (12:1-18)

La bestia que subía del mar (13:1-10)

La bestia que sube de la tierra (13:11-18)

El cántico de los ciento cuarenta y cuatro mil (14:1-5)

El mensaje de los tres ángeles (14:6-13)

La cosecha de la tierra (14:14-20)

Siete ángeles con siete plagas (15:1-8)

Las siete copas de la ira de Dios (16:1-21)

La prostituta y la bestia (17:1-18)

Caída de Babilonia (18:1- 24)

Alabanzas y la boda del Cordero (19:1-10)

La victoria del jinete (19:11-21)

Los mil años (20:1-6)

La derrota final de Satanás (20:7-10)

El juicio (20:11-15)

Cielo Nuevo y Tierra Nueva (21:1-8)

La nueva Jerusalén (21:9-22:5)

Cristo está viniendo (22:6-21)

 

Portada

4. Sobre la portada

Obra: Fragmentos del futuro
Materiales:  acuarela y varios materiales como bolígrafo y marcador plata.

Esta portada definitivamente fue un gran reto, a continuación, les daré un resumen visual de ciertos elementos del libro de Apocalipsis.

En la parte inferior izquierda vemos tres cruces en representación del evangelio y de esa escena del calvario resurge una figura de un hombre, el discípulo Juan teniendo una visión. En la parte de arriba del discípulo encontramos un papiro que simboliza lo que escribía en el proceso. La corona representa el cuerpo de Cristo. Las siete iglesias en composición de una corona. La llama de fuego representa en el verso que dice Oro refinado en fuego, para que seas rico y vestiduras blancas para vestirte. Ap. 3:18.

Del lado derecho vemos las personas con vestiduras blancas dando énfasis al rapto de la Iglesia y entrelazándose con el verso “Una voz que oí como de trompeta hablando conmigo, dijo sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán” Ap. 4:1. En el mismo centro encontramos el cordero en representación del único que puede desatar los sellos. Ap. 5. En la parte de arriba del cordero vemos la historia de la mujer y el dragón. Ap. 12. Cerca de la cabeza del cordero encontramos a los dos olivos, continúa los contornos para llevarnos a la figura de la mujer sentada sobre la bestia. Ap. 17.

En el siguiente elemento cerca de los Ángeles encontraremos el símbolo de las siete copas de la Ira de Dios. Ap. 16, en la parte superior izquierda aparecen los elementos de los cielos cayendo y de otro extremo la tierra en llamas Ap. 21. Parte superior de arriba encontramos nuestra esperanza la nueva Jerusalén, cielo nuevo y tierra nueva Ap.21 también aparece el símbolo de un árbol frondoso, que representa el Árbol de Vida, sus hojas son para la sanidad de las naciones. Ap. 22:2. Un arte donde nos despierta interés en saber más de nuestro Señor que pronto regresará por la Iglesia.

 


Capítulo 6

Los sellos
 
     6:1. Vi cuando el Cordero rompió el primero de los siete sellos y oí a uno de los cuatro seres vivientes que decía con voz de trueno: “¡Ven!”.
2. Miré y apareció un caballo
ἵππος (híppos) sustantivo masculino, segunda declinación, primera sección, caso nominativo singular, traduce: caballo. Sección en la que la figura del caballo será relevante. En el contexto bíblico, el caballo era un animal que confería poder y ostentación; porque para obtenerlo, debía ser importado (Ap. 18:13, 2 Cr 1:14-17). En el libro de Apocalipsis se presenta como animal usado para la guerra. En el imperio romano de la época había una atracción cultural muy popular, sobre todo para las personas que gustaban de las carreras hípicas, de ahí surge la práctica de la carrera de jinetes, actividad que llegó a ser incluida en las olimpiadas deportivas en el 624 a.C. Los hipódromos eran muy comunes para ese tiempo. No solo los caballos sino también las trompetas eran las figuras que resaltaban en los juegos deportivos de Éfeso, figuras que se destacaban por los colores. Cada figura se diferenciaba por cuatro colores, normalmente el blanco, el rojo, el azul y el verde, de igual forma, también la multitud era clasificada por colores de acuerdo a su clase social. Entonces, es posible que Juan toma esta idea y el simbolismo ya conocido, aplica su sentido a los primeros sellos, con ello pudo aludir a la competencia que se da entre el reino de Dios y el reino del mal, de tal modo, que cuando menciona a los jinetes, fácilmente los cristianos de Asia Menor entendieron lo que estaba comunicando porque afectaba la realidad que experimentaban. Una cita veterotestamentaria, menciona el sentido de los caballos con diferentes colores, Zacarías 1 y 6, ahí se describe que tiran de cuatro carros. Para algunos exégetas, el significado de los caballos en Zacarías no tiene relación con el mensaje de los caballos de Apocalipsis, en Zacarías no menciona características para los jinetes y los colores tampoco tienen carga simbólica como en Apocalipsis.   
blanco; el jinete llevaba un arco; y le fue dada una corona y salió venciendo, para vencer
Εἶδον (eidon), miré. La palabra griega da a entender que Juan veía no en forma literal, sino ver en el sentido de vivir, experimentar la historia, comprensión que le permite hacer una reflexión histórica, política y social. Con el primer jinete que ve, Juan expone los poderes políticos totalitarios que deberían cumplir su objetivo de ser buenos (color blanco representaría la bondad), promover una política que busca el bien común y evitar que haya una anarquía. El jinete tiene un arco de guerra, una corona y salió para vencer. Este misterioso jinete del caballo blanco ha sido tema de gran discusión entre los exégetas, la figura y las opiniones deben ser analizados con mucha atención para acercarnos a un adecuado significado de ese símbolo.  Entre las interpretaciones que se han hecho sobre el jinete del caballo blanco, tenemos una que se planteó, el jinete sería Jesucristo; esta idea viene de la relación que se hace del jinete de este versículo y la figura que se describe en Apocalipsis 19:11-21, en este último pasaje el autor si se refiere a Cristo. Otra opinión, dice que el jinete se refiere al evangelio de Cristo, es la victoria de la expansión del cristianismo a pesar de la persecución imperial, idea relacionada con el símbolo del color blanco y la descripción al final: “él salió para vencer”. Para los que aceptan la primera opinión o la segunda, lo certero es que el mensaje cumple su significado, hay algo universal, que sigue a los tres jinetes posteriores y han triunfado por encima de todas las adversidades. Podemos decir que el jinete es la Esperanza, ella siempre acompaña a los seres humanos, animándolos a seguir adelante enfrentando las dificultades de la vida. El caballo blanco, aunque se ha dicho que el color blanco es algo positivo porque significa bondad, existen interpretaciones que este color es malo, es negativo para tal observación se consideran los instrumentos que acompañan al jinete como el arco de guerra. Entre las opiniones, unos dicen que el jinete se trataría de un hombre de perdición, el Anticristo; otros dirán que indicaría guerra, -pero, el autor presentará más adelante este suceso con la figura del caballo rojo-; otra opinión planteará que el primer caballo, significa paz en medio de la guerra, es decir, una falsa paz porque el Imperio es una nación  militar; otros proponen que hace alusión al imperialismo romano pagano que sale a conquistar, en esta línea otros autores plantean que se refiere a los partos. Algunas otras deducciones, lo interpretan desde la perspectiva cristiana pues dirán que se refiere al Espíritu Santo, la palabra de Dios, el ángel de Yahvé, deidades astrales, entre otros.  Conscientes de la ambigüedad que este texto representa en su interpretación, sin pretender establecer una respuesta absoluta, en esta versión sugerimos que la interpretación adecuada en relación al contexto del  texto, se entiende que el primer sello y el jinete en el caballo blanco está exponiendo y denunciando a los sistemas políticos, que aparentemente deben establecer la paz y justicia (blanco), usando el poder otorgado, la corona como símbolo de poder, el compromiso de administrar correctamente los recursos para el bien del pueblo y garantizar seguridad al estado, pero la figura del arco indica que estos sistemas políticos caen en la tentación de mantener el poder y para ello, acaban promoviendo guerras, por ejemplo, el emperador Domiciano para dar seguridad al imperio declaró la guerra a los cristianos.  
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3. Cuando el Cordero rompió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía: “¡Ven!”
4. Entonces salió otro caballo, este era de color rojo
πυρρός (purrós) sustantivo masculino, segunda declinación, primera sección, en caso nominativo singular, traduce: rojo como fuego. El color que caracteriza el segundo caballo es bermejo o rojo, color de fuego, que en la literatura apocalíptica apunta a guerra, destrucción y violencia en la historia de la humanidad. La guerra, es la base sobre lo cual se levanta un determinado poder político, marcado por la violencia, iniquidad y opresión. De esta manera, Juan en su reflexión coherente coloca a este caballo rojo después del caballo blanco, en estos dos símbolos se unen los poderes políticos que reflejan una falsa paz, pero en realidad traen guerra y destrucción.  
; y a su jinete le fue dado el poder de quitar la paz de la tierra y hacer que la gente se matara entre sí, y se le dio una gran espada
Μάχαιρα (májaira), sustantivo femenino, primera declinación, primera sección, en caso nominativo, singular, que traduce: la espada. No solo es la entrega de esta arma al jinete del caballo rojo, sino el uso que debía darle.  El texto lo dice, para afectar la historia, en primer lugar, es quitar la paz de la tierra, y segundo, trastornar las relaciones de la humanidad, ponerlos unos contra otros, resultando en grandes matanzas. La denuncia que se hace en el uso de esta arma, va más allá de solo ocasionar guerras como fenómenos históricos, incluye a todos aquellos que la utilizan para afectar la paz, no solo con el arma, sino con sus actitudes que simbólicamente son una espada, encierra todo aquello que fomenta el odio, la falta de empatía, falta de amor al prójimo. El caballo destaca la realidad histórica contemporánea, los rumores de guerras o conflictos militares, las constantes guerras ideológicas, la ausencia de paz en el mundo, las personas y la sociedad están afectados porque aún en su mente y espíritu no hay y no comprenden que significa la paz. Juan, en su visión, va a decir que Dios no es el que provoca las guerras a través del caballo rojo, las catástrofes y afectaciones que realiza el jinete del caballo y de los que mencionará posteriormente, son consecuencia de un mal estructural. Comprensión de esta reflexión histórico-teológico de Juan, debe llevar al creyente, a la Iglesia a una acción, entender que no se puede ser pasivo ante las injusticias, hay que denunciar toda injusticia social, hay que trabajar por un mundo pacífico.   
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5. Cuando el Cordero rompió el tercer sello, oí al tercero de los seres vivientes que decía: “¡Ven!”. Miré y apareció un caballo negro
μέλας (mélas), adjetivo, caso nominativo, masculino singular, traduce: negro. El color negro en la literatura apocalíptica alude a la idea de oscuridad y noche (Ap. 6:12 y 8:12), en otros pasajes bíblicos transmite la misma idea (Jeremías 4:28 y 8:21; Ap. 6:12), aunque también se asocia con el tema de luto y muerte. El versículo menciona por primera vez el color negro. “El color negro era asociado en tratos comerciales, convenios y acuerdos realizados sin una ética adecuada”, la figura del jinete personifica este trato ilegal. No es casualidad que hoy día se siga designando a los acuerdos comerciales clandestinos, como “mercado negro”.  
; y su jinete tenía una balanza en la mano
El jinete con la balanza (ζυγὸν, zugon, sustantivo neutro, segunda declinación, segunda sección, en caso nominativo, singular, traduce: la balanza), figura que se describe con menos características. Menciona el autor que el jinete carga una balanza. La balanza sería la representación de la crisis económica que el pueblo estaba experimentando. Reflexión del vidente sobre la opresión, la pobreza, el hambre, el hecho de que se venda el trigo por peso es señal de que había escasez, porque lo común era que el trigo se vendiera en grandes cantidades. La literatura apocalíptica siempre aborda el tema de las sequías y el hambre, las destaca como señales escatológicas, son situaciones sociales como consecuencia de la injusticia. Ante lo dicho, este sello puede ser denominado como el sello de la injusticia social; la balanza que lleva el jinete, por lo general, es el instrumento utilizado para medir y controlar de una forma más estricta y opresiva, y en este caso es aplicado para constatar el control abusivo que tenía el Imperio sobre los bienes comerciales, principalmente la comida.  
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6. Y oí como una voz en medio de los cuatro seres vivientes que decía: “Un kilogramo de trigo o tres kilogramos de cebada por un denario
El denario equivalía al salario de un día.  
; pero no dañes el aceite ni el vino”.
7. Cuando el Cordero rompió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente que decía: ¡Ven!
8. Miré y apareció un caballo con un color como de cadáver
Con respecto al color de este caballo hay desacuerdos en la traducción de la palabra griega; se usa χλωρός (chlorós/jloros), sustantivo, segunda declinación, primera sección, en caso nominativo singular, traduce: color de cadáver; traducido también como verde o verdoso. El Nuevo Testamento, por ejemplo, en Marcos 6:39 cuando menciona el sustantivo lo aplica para indicar el color de la vegetación, algunas versiones bíblicas traducen el sustantivo como color amarillo o amarillento. La palabra griega en la literatura extra bíblica, era un término antiguo, un adjetivo común del vocabulario médico, se usaba para referirse al enfermo que estaba muriendo o al color que adquiría el cadáver en proceso de descomposición, por eso se usa la traducción “color de cadáver”.   
; su jinete se llamaba Muerte y el Hades
Cita que tiene relación con Ezequiel 5:17.  
«] ᾅδης (Hades) sustantivo masculino, primera declinación, quinta sección, caso nominativo singular, traduce: lugar de los muertos. El Hades es una creencia que nació en la mitología griega, es el nombre de un dios, el dios del Inframundo, es decir, el lugar de los muertos. Hades era uno de los hijos del dios Khronos, y era hermano mayor de Zeus, ya que Khronos tuvo seis hijos, tres dioses y tres diosas, las tres diosas eran: Hestia, Deméter y Hera, y los tres dioses eran: Poseidón, Hades y Zeus. La mitología griega enseña que hubo una guerra entre los tres hijos de Khronos contra los titanes, y los tres hijos de Khronos ganaron la guerra, y como premio se repartieron el dominio del universo. Los griegos concebían el universo en tres partes, 1. La parte superior, que era la bóveda celeste, donde estaba el Olimpo, el lugar de los dioses griegos, 2. La parte intermedia, era la tierra y los océanos, 3. La parte inferior, conocida como inframundo, era el lugar de los muertos. Cuando los tres hermanos ganaron la guerra, Zeus se proclamó el amo de la parte superior, el cielo, y era el jefe de los dioses que vivían en el Olimpo, también era el dios del trueno, del rayo, de los astros y de las lluvias, es decir, de todo aquello que se encuentra en la parte superior. Poseidón se quedó con la parte intermedia, o sea, la tierra y los mares. Y, por último, Hades se quedó con la parte inferior, como dios del inframundo. En la mitología, el inframundo, conocido como Hades, no tenía una connotación malévola o negativa, sino que era el reino de los muertos, todas las personas muertas iban a este lugar. En concepciones de la mitología griega, se dice que el Hades estaba dividido en dos partes: 1. Un lugar para los muertos que eran buenos, que habían actuado bien en vida, era un lugar de descanso, donde había jardines, conocidos como campos Elíseos, ríos, etc., era un lugar agradable. 2. Había un lugar malo, calabozos, llamado tártaros, donde se torturaban a los muertos que eran malos y que habían actuado con maldad en su vida. Es decir, el tártaros quedaba dentro del Hades (Cf. Teogonía de Hesíodo). La literatura rabínica, del periodo intertestamentario, bajo la influencia griega, incorpora en su teología, el Hades de los griegos, para referirse al lugar de los muertos.  [/expand] lo seguía de cerca. Y se les otorgó autoridad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar por medio de la espada, del hambre, de pestes y de las fieras de la tierra
Cita que tiene relación con Ezequiel 5:17.  
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9. Cuando el Cordero rompió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sufrido el martirio por causa de la palabra de Dios y por mantenerse fieles en su testimonio
Μαρτυρίαν (marturían) sustantivo primera declinación, primera sección, en caso acusativo singular, traduce: al testimonio con la propia vida. El nominativo μαρτυρία (marturía) significa testimonio, testificar con la propia vida, incluso derramar sangre si es necesario. El profeta describe una escena dramática y conmovedora, el derramamiento de sangre inocente, las víctimas afectadas por los poderes opresivos. Víctimas que están delante del altar clamando por justicia al Cordero que tiene el poder de abrir el libro.  Este sello, resalta una teología trascendental, plantea una teología del martirio, es decir, los seguidores y creyentes del Cordero, perseguidos y que murieron como consecuencia de la injusticia social y económica generada por los poderes políticos, viven la misma muerte del Cordero y ellos al igual que su maestro, son corderos sacrificados.  
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10. Que gritaban a gran voz: “¿Hasta cuándo, soberano Señor, santo y verdadero, seguirás sin juzgar a los habitantes de la tierra y sin vengar nuestra sangre?”
11. Entonces cada uno de ellos recibió ropas blancas y se les dijo que esperaran un poco más, hasta que se completara el número de sus compañeros y hermanos que iban a sufrir el martirio como ellos.
12. Vi que el Cordero rompió el sexto sello, y entonces se produjo un gran terremoto
σεισμὸς (seismós) sustantivo masculino de la segunda declinación, primera sección, en caso nominativo singular, traduce: terremoto. Este evento natural, el terremoto quizás sea uno de los temas centrales en este sexto sello. El fenómeno cósmico siempre tuvo gran relevancia en las Escrituras Sagradas, las revelaciones divinas siempre van acompañadas por este evento como lo expresan las siguientes citas: Éxodo 19:18; Isaías 6:4, I Reyes 19:11 entre otras. Los terremotos son mencionados como símbolo de la presencia de Dios (Salmos 68:8), y para reflejar el poderío de la creación divina (Job 9:6), así que, en las descripciones bíblicas, es frecuente la mención de que la tierra tiembla frente a la victoria de Dios y su juicio.  
; el sol se oscureció como si se hubiera vestido de luto, la luna entera se tornó roja como la sangre
El versículo 12 presenta un abundante lenguaje simbólico, característica del género apocalíptico, los aspectos de la cosmología, fenómenos naturales y catástrofes cósmicas. Juan no plantea algo novedoso, más bien retoma el lenguaje simbólico conocido por los lectores del género, ellos entienden claramente el mensaje. La literatura apocalíptica era popular entre los primeros cristianos, el autor retoma este recurso literario y le imprime su particularidad y novedad, Cristocéntrico. El simbolismo cosmológico es utilizado para describir fenómenos en la tierra y en el cielo, la Biblia lo utiliza frecuentemente. Es un lenguaje conocido y familiar en la teología judía, está presente en la literatura apocalíptica y en la literatura profética y poética, por ejemplo, en Joel 2:10; Salmos 46:2-3; Salmos 60:1-2; Salmos 97:1-6. Juan aplica la hipérbole para describir la catástrofe con el objetivo de dejar claro que no importa la situación caótica, aunque el cielo se desmorone o el mundo se haga pedazos, Dios tiene control, sigue siendo fiel y justo, y el tema de la esperanza toma un rol importante; los creyentes deben confiar y esperar en Dios sin importar nada. También resalta la grandeza y soberanía de Dios a través de la creación, (Job 9:5-10). Repetidamente es utilizado este lenguaje simbólico en las Escrituras, relata acontecimientos históricos que han sucedido, pero no hay que entenderlo de manera literal, más bien, el relato revela la súplica que se hace en una teofanía.  
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13.  y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como caen los higos verdes de la higuera sacudida por el vendaval;
14. el cielo desapareció como un pergamino que se enrolla y todas las montañas e islas se movieron de su lugar.
15. Los reyes de la tierra, los magnates, los jefes, los ricos, los poderosos y todos los demás, esclavos y libres, se escondieron en las cuevas y entre las rocas de las montañas;
16. todos gritaban a las montañas y a las rocas clamando: “¡Caigan sobre nosotros y escóndannos del rostro del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero!”
17. ¡Pues ha llegado el gran día de la ira del Señor y del Cordero!
El relato del sexto sello hace referencia al gran día del Señor. Frase que tenía una connotación de juicio, y según el Antiguo Testamento, en especial en la literatura profética, “el día”, está anunciando el juicio de Dios. “El gran día de la ira del Señor” se menciona en Amós 8:9; Joel 2:10; Sofonías 1:15; Isaías 13:10; 34:1-4. El Día del Señor no es un acontecimiento único, sino que el Antiguo Testamento indicaría que sucedió algunas veces. El verbo usado ἦλθεν (elthen) en tiempo aoristo, significa que el día del juicio divino ha llegado, una acción que se dio, pero en la paradoja escatológica aún se sigue dando. Con este mismo significado se encuentra el discurso escatológico contenido en los evangelios, el día del Señor, no es una narrativa que hable del fin del mundo, sino es el principio de un mundo nuevo. Para Juan, el fin no se trata de un hecho final, más bien, es un proceso de sucesivos juicios de Dios, es la dialéctica escatológica que se ha denominado en el ámbito teológico el “ya” pero “todavía no”. Reflexión teológica en relación con el reino de Dios, ya ha venido, según Lucas 11:20, pero aún está por venir Lucas 23:42. De esta forma, Juan culmina la visión de los sellos, afirmando una verdad, Dios escuchó el clamor de los mártires, respondiendo con el evento del Día del Señor, en donde la creación proclama la gloria de Dios y nadie puede esconderse de su gran poder.   
¿Quién podrá mantenerse en pie?  
  


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