Romanos Capítulo 9

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Dios y el pueblo de Israel
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INTRODUCCIÓN GENERAL

Luego de haber documentado en la Carta a los Gálatas, de manera inicial, su pensamiento acerca de esa nueva forma de vida que era posible porque Jesús el Cristo había inaugurado el tiempo mesiánico, el apóstol Pablo argumenta con mayor contundencia lo que primariamente expuso, ahora, en la magnífica Carta a los Romanos.

Antes de introducirnos en la lectura de este texto, es oportuno recordar tres aspectos acerca de este libro bíblico:

Uno, se trata de una carta dirigida a una comunidad que sabía quién era Pablo, pero que no había tenido la oportunidad de comulgar personalmente con él (Ro. 1:11-13). Por esta razón, es necesario reconocer de manera elemental que este escrito no fue concebido como un ensayo teológico, y tampoco como un complejo tratado dogmático, sino como una carta. Entonces, no perdamos la atención en algunos elementos propios de una carta, como el afecto transmitido y el lenguaje familiar que el apóstol trata de usar, por ejemplo, cuando Pablo comparte una especie de itinerario de viajes en la sección de Ro. 15:22-29.

Además, como la carta fue dirigida a personas que formaban parte del proyecto de la ekklesía o iglesia, a quienes Pablo no conocía plenamente; entonces el apóstol escribió esta misiva con cierta circunspección, pero con claridad. Contrariamente, en Gálatas fue más vehemente. En la Carta a los Romanos, el apóstol se dirigió a sus lectores expresando sus nociones sobre el poder transformador (Ro. 1:2,16; 15:19) y liberador del evangelio de manera bastante pedagógica, procurando así que la gente de la ekklesía romana tome atención en el gran hallazgo que había hecho sobre la mesianidad de Jesús y alternativa de vida que hay para el ser humano, para la sociedad y para el mundo en esta mesianidad.

Dos, se trata de un escrito hecho en un tiempo en que el proyecto de la ekklesía ya se estaba consolidando. Los primeros seguidores de Jesús, alrededor de los años 40, comenzaron a construir comunidades sobre la base de la aceptación de la mesianidad de Jesús de Nazaret. Creían que el reino de Dios anunciado por el nazareno se estaba concretando históricamente en las acciones de justicia que las comunidades ejercían. Pablo, quien era plenamente judío (Fil. 3:5), se afilió a estas comunidades con la certeza de que el tiempo mesiánico ya había comenzado.

Es decir que, la posibilidad de una vida liberada y transformada, por el poder de la muerte y resurrección de Jesús, era factible. Entusiasmado, el apóstol empezó a expandir esta noticia en el mundo helénico o gentil, porque para él ese era el alcance que la obra mesiánica debía tener (Ro. 2:9,10; 11:11,25). Esta acción le permitió ser testigo de la adhesión de muchas personas a esas comunidades o ekklesías, incluso personas no judías. Lo que indica que, cuando Pablo escribió la Carta a los Romanos, las comunidades a las que llaman ekklesías o iglesias ya constituían una alternativa social frente a la corrupción de las sociedades judía y grecorromana. Aunque, eran comunidades que no se habían separado plenamente del judaísmo del que provenían, guardaban con mucho arraigo la fe en el mesías Jesús, y tenían plena seguridad de que, al fin, una nueva forma de vida justa y libre se había instalado en el mundo (Ro. 5:15). 

Frente a esto, debemos leer este libro como uno que está dirigido a gente que ya conoce los fundamentos y las lógicas de la vida en la ekklesía. Por eso, Pablo en esta carta, no presentará nociones básicas, ni explicaciones rudimentarias; y tampoco explicará de manera elemental lo que es la iglesia; sino que, bajo la familiaridad que una carta expresa, fundamentará los principios de esta nueva forma de vida: justicia, fe, amor, gracia, relaciones fraternas, respeto.

Tres, las interpretaciones que se han hecho de esta carta, la han posicionado como uno de los libros más emblemáticos de la fe cristiana. Desde Agustín de Hipona en Cuestiones diversas a Simpliciano hasta Karl Barth en su Carta a los Romanos, pasando por los reformadores como Juan Calvino y Martín Lutero, han interpretado este texto con erudición y lo han presentado como el libro bíblico que expone y arguye con profundidad la teología de la salvación.

Estas interpretaciones teológicas de Romanos han servido para sostener nuestros credos sobre la salvación. Aunque también, estos comentarios se han decantado por una abstracción del sentido original del texto, a través de reflexiones más bien ontológicas; de tal modo que muchos han comenzado a calificar a la Carta a los Romanos como un gran manual dogmático, generando, consecuentemente, actitudes negativas en su lectura. Algunos prefieren leerla raudamente porque creen que no la van a entender; otros solo eligen seguir lo determinado por los intérpretes, optando por lecturas muy obedientes de esta carta; incluso hay muchos que no quieren leerla porque piensan que es tan erudita, que es ininteligible.

Entonces, debemos leer Romanos sin el prejuicio de considerarla una carta con un contenido muy complejo. Tampoco debemos tener una actitud muy sumisa a los grandes lectores de Romanos, de tal modo que solo repitamos los textos que estos intérpretes han destacado de ella, y que afirmemos lo que se suele decir: “es la carta de la justificación por la fe”. Hay mucho más en Romanos, y muchas cuestiones no abstractas ni complejas que más bien sirven para la vida.

Para leer la Carta a los Romanos, se recomienda lo siguiente:

Primero, reconocer que uno de los grandes desafíos que Pablo está enfrentando es que sea aceptada la inclusión de los no judíos en la ekklesía (Ro. 3:29). Pero, ¿quiénes se oponían esta posibilidad?, los judíos de pensamiento más ortodoxo. Y, no era que ellos no querían aceptar a los no judíos; porque el proselitismo era frecuente en esta etnoreligión. Sino que eran recalcitrantes al determinar que toda adscripción al judaísmo debía pasar por el trauma de la circuncisión. De acuerdo a la lógica judía, la circuncisión era la forma de liberar al cuerpo del no judío de su calidad de impuro o pecador (Ro. 2:28-29).

Segundo, distinguir que, para Pablo, si la inclusión de los no judíos no debía pasar por la dolorosa y riesgosa circuncisión, entonces, ¿cómo podían los no judíos ser parte de la ekklesía? El apóstol reconoce que el empecinamiento judío por la práctica de la circuncisión, se da porque hay gente que cree que obedecer la Ley solo implica circuncidarse. Entonces, Pablo encuentra que la Ley es mucho más que circuncidarse (Ro. 2:25-29). Así, descubre que hay una vía para obedecer la Ley sin circuncidarse: la fe (Ro. 4:11-12).

Tercero, tomar cuenta de que Pablo expone que la fe opera por la gracia o gratuidad de la acción divina (Ro. 3:24; 11:6). Es decir que los no judíos pueden pertenecer a la ekklesía o a la forma de vida nueva anunciada por Jesús, porque por la gracia y misericordia de Dios, ellos pueden participar de ese nuevo tiempo mesiánico transformador y liberador que se vive en la ekklesía.

Cuarto, considerar que la misericordia es la forma de justicia que Jesús predicó, basado en la justicia de la que los profetas hablaban (Ro. 11:30-32). Entonces, no hay justicia cuando se cobra (Ro. 6:23). No hay justicia en la retribución. Hay justicia cuando se da al que no se merece. Cuando se perdona al que debe. Pablo cree que la justicia de Dios, efectuada por la misericordia, permite que los no judíos puedan ser parte de la ekklesía, sin circuncidarse.

Quinto, contemplar que, para Pablo, la dualidad judío–no judío, que había sido asumida por el pensamiento judío como puro–impuro, no tiene mayor sustento. Por eso tratará de deconstruir esta lógica estableciendo que no importa ser judío o no judío para ser pecador (Ro. 3:9), así también, no importa ser judío o no judío para alcanzar la gracia.

Sexto, Pablo entiende, entonces que, si el no judío no tiene que circuncidarse, sino aceptar con fe la gracia de Jesús, hay una condición de la que sí tiene que liberarse, pero no solo el no judío, sino también el judío. Y esa condición es el pecado. Pero, no será necesaria la circuncisión para liberarse del pecado, porque incluso los circuncidados son pecadores. Sino que hay algo mayor a donde lleva el acto de fe: el pecador puede ser liberado cuando su cuerpo, que significa su vida misma, es sumergido en la muerte de Jesús, para que luego ese cuerpo sea resignificado, revalorado, revitalizado en la participación de la resurrección corporal de Cristo (Ro. 6:1-5).

Y séptimo, los cuerpos renovados por la resurrección de Cristo, ya no son cuerpos de judío y no judío, sino que son un solo cuerpo: el cuerpo de Cristo (Ro. 10:12). En esa nueva hermandad, las prácticas diarias de vida deben evidenciar la superación de toda forma de maldad humana, a través de la práctica constante de la justicia. Eso implica amar y perdonar (Ro. 12:9-17). Es decir, implica estar en una forma de vida distinta a la de este mundo, y de este siglo (Ro. 12:1-2). Al fin, vivir así, es vivir en tiempo inaugurado por el mesías Jesús: el tiempo mesiánico.

Autor y Fecha

El consenso de los exégetas expresa que la Carta a los Romanos fue escrita por el apóstol Pablo. La fecha de su composición puede haber sido entre el 55 al 57 DC.

Uno de los mayores debates respecto a la autoría de la carta es el que trata acerca del capítulo 16. Uno de los más ilustrativos sobre la vida en la ekklesía. A pesar de que también se debate sobre la inclusión del capítulo 15 en el corpus original, la mayoría de exégetas consideran que sí hay evidencias internas que garantizan que este capítulo es parte de la carta.

El famoso capítulo 16 es un listado de personas a quienes Pablo saluda con singular emoción. Por el uso de un lenguaje bastante sociable que se distingue de la prudencia con la que se ha expresado en el resto de la carta, además de mencionar con bastante confianza a personas de una ekklesía que él no conocía, se sostiene que ese capítulo 16 no corresponde a la Carta a los Romanos.

Sin embargo, este capítulo 16 demuestra que entre muchas renovaciones sociales y espirituales que se vivían en las ekklesías, el trato justo a las mujeres como Febe, Priscila, María, Junias y muchas más, es una prueba de la nueva vida en la ekklesía. Ellas son personajes cardinales en la construcción y configuración de la ekklesía. Este reporte que hace Pablo en el capítulo 16 puede ser una demostración de que en la ekklesía ya se vivía el tiempo mesiánico, que es un tiempo para la libertad y transformación.

Estructura

3. Estructura de la Carta

La siguiente estructura está basada en la Traducción Contemporánea siguiendo la intención, inspiración, organización del escritor.  El Apóstol Pablo.

Saludos (1:1-7)

Oración de acción gracias y deseo de visitarlos (1:8-15)

El poder sobrenatural y transformador del Evangelio (1:16-17)

El pecado de los que no son judíos (1:18-32)

El pecado de los judíos (2:1-16)

Los judíos y la Ley (2:17-29)

El pecado de todo el mundo. (3:1-20)

El único medio para la justificación: La fe por identidad en Jesucristo. (3:21-31)

El ejemplo de justificación de Abraham (4:1-12)

La promesa cumplida a través de la fe por identidad (4:13-25)

Resultados de la justificación (5:1-11)

De Adán, la muerte; de Cristo, la vida (5:12-21)

Muertos al pecado, vivos para Cristo (6:1-14)

Comprometidos con la justicia de Dios (6: 15-23)

Somos libres mediante la unión con Cristo (7:1-6)

La santificación se da en un conflicto constante con el pecado (7:7-25)

La santificación por medio del Espíritu Santo (8:1-17)

Un futuro de esperanza (8:18-27)

Más que vencedores en el amor sacrificial (8:28-39)

Dios y el pueblo de Israel (9:1-33)

Salvación universal (10:1-21)

El verdadero pueblo de Israel: Los que obedecen a Dios (11:1-10)

La alegoría del injerto como símbolo de esperanza a los no judíos (11:11-24)

La esperanza para los judíos (11:25-32)

Doxología: Alabanza a Dios (11:33-36)

La vida cristiana (12:1-21)

La vida cívica del creyente (13:1-7)

La vida social del creyente: fundamentada en el amor (13:8-14)

Las relaciones interpersonales en la vida cristiana (14:1-15:6)

El evangelio que transforma toda la existencia humana es para todos (15:7-13)

Pasión y devoción de Pablo por Cristo (15:14-21)

Pablo planea visitar Roma (15:22-33)

Saludos personales (16:1-16)

Saludos finales (16:17-24)

Doxología final (16: 25-27)

 

Portada

4. Sobre la portada

Reseña de la obra:

Sobre la portada

Medidas: 8” x 11”

Medio: Mixto 2023

Reseña de la obra:

Arte inspirado en Romanos 8:4 “Para que la justicia demandada por la Ley se cumpliera en nosotros, que no vivimos según la carne, sino según el Espíritu”. Santificados por Él Espíritu y justificados por Él Hijo de Dios, representa la columna la fortaleza del mensaje a los Romano, los ladrillos representan el evangelio y su fuerza, la Paloma en colores verdes y rojos cálidos representa la esperanza y el fuego de la santificación al hombre que abre su mano en forma de necesidad por Dios y así poder dejar de vivir terrenalmente y pasar a la luz.

 


Capítulo 9

Dios y el pueblo de Israel

   9:1. Digo la verdad en Cristo; no miento, el Espíritu Santo que guía mi conciencia, da testimonio
2. que tengo una gran tristeza y llevo siempre un intenso dolor en mi corazón;
3. sufro por los judíos, que son mi pueblo, y quisiera ayudarlos; yo estaría dispuesto a caer bajo la maldición de Dios, y a quedar separado de Cristo, si ayudara
4. a mis compatriotas israelitas, son los hijos que Dios adoptó; les mostró su gloria cuando recibieron los pactos que hizo con su pueblo; Dios les dio la ley, les dio una liturgia, es decir, una manera de adorar, y les hizo promesas;
5. sus antepasados son los patriarcas; y de ellos desciende físicamente el Mesías, el Cristo, quien es Dios sobre todos, ¡Bendito sea para siempre! Amén.
6. No quiero decir que la palabra de Dios haya fallado; el problema es más complicado, lo que sucede es que no todos los que descienden de Israel, físicamente, son el verdadero Israel, espiritualmente;
7. ni todos los que son físicamente del linaje de Abraham son verdaderos hijos suyos, solo los de la promesa; pues como Dios dijo: “Tu descendencia será trazada sólo a través de Isaac”.
8. Esto significa que no todos los descendientes físicos de Abraham son hijos de Dios, la identidad del verdadero Israel nunca fue determinada físicamente, por una transmisión genética; son verdaderos hijos de Dios los que son hijos de Dios de acuerdo con la promesa que Dios le hizo a Abraham,
9. y la promesa es esta: “En el tiempo preciso volveré y para entonces Sara tendrá un hijo”.
10. No solo eso; también sucedió que los dos hijos de Rebeca tuvieron un mismo padre, que fue nuestro antepasado Isaac,
11. sin embargo, antes de que los mellizos nacieran o hicieran algo bueno o malo, y para confirmar el propósito del plan de Dios,
12. no con base en las obras, sino al llamado de Dios, se le dijo a Rebeca: “El mayor servirá al menor”.
13. Tal como está escrito: “Amé a Jacob, pero aborrecí a Esaú”.
14. Entonces, ¿qué podemos decir en cuanto a esto? ¿Acaso Dios es injusto? ¡Claro que no!
15. Porque Dios le dijo a Moisés: “Tendré misericordia de quien quiera tenerla y seré compasivo con quien quiera serlo”.
16. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, es decir, no depende del deseo ni del esfuerzo humano, sino de Dios, quien es el dueño de la misericordia, y se la brinda a quien Él quiere.
17. Porque según la Escritura, Dios dijo al faraón: “Te he levantado precisamente para mostrar en ti mi poder y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra”.
18. Entonces Dios tiene misericordia de quien Él quiere tenerla y endurece a quien Él quiere endurecer.
19. Así que si alguno me preguntara: Si nadie puede resistirse a lo que Dios quiere, ¿por qué, entonces, Dios nos echa la culpa?
20. Yo le contestaría: ¡Oh hombre, no te atrevas! Sólo eres un ser humano y no tienes derecho a pedirle cuentas a Dios, de la misma manera que “el vaso de barro no le puede decir al que lo hizo: ¿Por qué me hiciste así?”:
21. ¿Acaso el alfarero no tiene derecho a decidir qué quiere hacer con el barro y puede hacer del mismo barro una fina vasija y/o una vasija ordinaria?
22. Algo parecido ha hecho Dios, ha querido dar un ejemplo de castigo, para que todo el mundo conozca su poder; por eso tuvo mucha paciencia con los que merecían ser castigados y destruidos,
23. y a la vez, demostró su gran amor y la riqueza de su gloria, pues desde un principio nos tuvo misericordia, y nos preparó para vivir su gloria,
24. y nos llamó, sin importar que fuéramos judíos o no lo fuéramos.
25. Así lo dice Dios en el libro del profeta Oseas: “Llamaré “mi pueblo” a los que no son mi pueblo; y llamaré “mi amada” a la que no es mi amada”
26. “Y sucederá que en el mismo lugar donde se les dijo: Ustedes no son mi pueblo; serán llamados hijos del Dios viviente”.
27. Isaías, por su parte, proclama respecto a Israel: “Aunque los israelitas sean tan numerosos como la arena de la playa, no todos serán salvos, sino los que obedecen a Dios;
28 porque plenamente y sin demora el Señor cumplirá su justicia en la tierra”.
29. Así como también dijo Isaías de antemano: “El Señor de los ejércitos ha dejado que unos pocos de nuestros descendientes sigan con vida. Si no fuera así, ya nos habría destruido como a Sodoma y Gomorra”.
30. ¿Y qué concluiremos de todo esto? Significa que los que no eran judíos, y ni siquiera estaban buscando la justificación de Dios, la consiguieron; pero fue por la fe que llegaron a ser justificados por Dios.
31. En cambio Israel, que iba en busca de la justificación a través de la Ley, no la alcanzó.
32. ¿Por qué no? Porque no la buscaron mediante la fe, sino que quisieron ser justificados por las obras, como si fuera posible alcanzarla así; por eso Cristo fue para ellos como una piedra en la que tropezaron,
33. como está escrito: “Miren, yo pongo en Sión una piedra de tropiezo y una roca que hace caer; pero el que confíe en ella no será defraudado”.   
  


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