Revisión:
Angélica Vázquez y Nelson Figueroa

No tires la toalla

Texto: “Dios los llamó a ustedes y a través de la gracia, les brindó la vida de Dios en Cristo, por eso, me parece absurdo que ustedes, tan rápido, le estén dando la espalda a Dios, y ahora están aceptando un evangelio diferente al mensaje que transforma toda la existencia humana” Gálatas 1:6 (TCB). En nuestras actividades cotidianas, solo quienes perseveran logran resultados, y la vida cristiana no es una excepción. Toda meta, ya sea personal o espiritual, requiere un esfuerzo constante y una dedicación permanente. La perseverancia es una virtud fundamental que nos ayuda a superar los obstáculos y a mantenernos firmes en nuestro camino, confiando en que, con la ayuda de Dios, alcanzaremos nuestras metas y cumpliremos con Su propósito para nuestras vidas. Comenzaré con esta frase célebre: “Las grandes obras no son llevadas a cabo por la fuerza, sino por la perseverancia” (Samuel Johnson). En Gálatas 1:6-10 (TCB), el apóstol Pablo reprocha el comportamiento de los gálatas. Y esto lleva a la interrogante: “¿Será auténtica su ‘sorpresa’ o es solo una expresión retórica?” (Ramírez, 2006). El apóstol sostiene que solo existe un único Evangelio, al cual los gálatas han decidido dar la espalda; sin duda, se vieron tentados, amenazados o presionados por personas que tratan de cambiar la gracia de Dios por las obras de la ley. Esto motivó a Pablo a amonestarlos y a calificar la inestabilidad de los gálatas como irracional. Es notorio que estos cinco versículos generan varios temas o mensajes. Los destinatarios de esta carta, mediante el acto de aceptar las obras de la ley, le dan la espalda a la gracia de Dios, expresada a través del sacrificio de Cristo (v. 6, TCB). Con su actuar, no rechazan a Pablo, sino al mensaje que transforma toda la existencia humana. Es evidente que lo hacían por escuchar el mensaje que entregaban otras personas, tal como lo indica el siguiente verso: V. 7: “No es que haya otro evangelio diferente, sino que hay algunas personas malintencionadas que quieren cambiar y dañar el verdadero evangelio de Cristo, que transforma toda la existencia humana” (TCB). Los gálatas sabían de la gracia de Dios, pero al escuchar el mensaje tergiversado acerca del evangelio, titubearon en su fe y esto los llevó a dar la espalda a Dios. Fueron flexibles, fáciles de convencer, influenciados por lo exterior, dominados por su contexto. Es así como llegan a perder el sentido de su fe, lo que motivó al apóstol Pablo a calificar dicho comportamiento como absurdo. Con el fin de hacerles un llamado a la perseverancia en su fe cristiana, es que la reflexión de hoy, “no tires la toalla”, alude a la firmeza, estabilidad, convicción y congruencia que deben tener los hijos de Dios. Es fundamental recordar que la vida cristiana, al igual que nuestras metas personales, no son simplemente toallas que se pueden tirar o colgar cuando enfrentamos dificultades. La perseverancia es un componente esencial para alcanzar los propósitos que Dios tiene para cada uno de nosotros, y en la vida cristiana, esto implica la práctica constante de las disciplinas espirituales. Diariamente, nos encontramos con contratiempos, obstáculos, amenazas y diversos tipos de cansancio. Sin embargo, es precisamente en estas circunstancias difíciles donde la perseverancia cobra un significado más profundo. Perseverar requiere esfuerzo, dedicación, pasión, convicción y, en el ámbito espiritual, una fe inquebrantable en Jesucristo. ¿Alguna vez has pensado en abandonar tu fe cristiana, tu llamado o algún proyecto personal? Antes de tomar una decisión, reflexiona sobre los motivos que te llevan a ello y considera si estás actuando por convicción propia o influenciado por factores externos. Recuerda que solo aquellos que perseveran hasta el final son los que ven el cumplimiento de las promesas de Dios. Mantente firme en tu fe y en tus metas, confiando en que Él te dará la fuerza necesaria para seguir adelante. Que este devocional te inspire a renovar tu compromiso y a continuar luchando por aquello que verdaderamente importa, confiando siempre en el Señor. Créditos:  María Fidelina Camajá    Guatemala 

En la desesperanza Dios está presente 

Texto: “Nosotros teníamos la esperanza que Él fuera el libertador de Israel, pero hoy ya hace tres días que sucedió todo eso” (Lucas 24:21 TCB) Frecuentemente, nuestra fe es sacudida por eventos negativos que llegan sin avisar. ¿Qué esperar de Dios en esos momentos? ¿Y qué espera Dios de nosotros? El evangelista Lucas nos lo muestra en el interesante relato de los que iban camino a Emaús. Este relato refleja la decepción de los seguidores de Jesús ante un evento que no esperaban: la muerte de su maestro. Estos primeros seguidores de Jesús habían puesto todas sus esperanzas en Él, al punto de estar dispuestos a dejarlo todo por seguirle. Lucas 18:28: “Pedro dijo: Escucha, nosotros hemos dejado todo lo que teníamos para Título: seguirte”. Sin embargo, contrario a lo que esperaban, aquel en quien habían depositado todas sus esperanzas terminó muriendo clavado en una cruz, llevándose con Él sus esperanzas. El relato nos muestra que estos discípulos pensaron que se habían equivocado al señalar a Jesús como aquel en quien debían depositar toda su confianza. Sumergidos en la tristeza y desesperanza, envueltos por la incomprensión de lo inesperado, estos discípulos estaban regresando al lugar de donde habían salido para seguir a Jesús. Pero, nos dice Lucas que en medio de la incomprensión y desesperanza, Jesús se hizo presente y caminó con ellos. Lucas 24:15: “Mientras conversaban, Jesús en persona se acercó y empezó a caminar con ellos”. Qué reconfortante es saber que, en medio de la desilusión, desesperanza y confusión, Jesús se hace presente y llega con la finalidad de revivir las esperanzas y aclarar toda confusión. Pero el evangelista nos proporciona otro detalle importante en este verso 15: Jesús no solo se hizo presente en el camino de la desesperanza, sino que lo caminó con ellos, dándoles las fuerzas y el apoyo necesarios para ir transformando aquel ambiente de decepción en uno de restauración. Con esta hermosa intervención de Dios, los discípulos tuvieron que reconocer que no se habían equivocado al identificar a Jesús como la fuente de su esperanza, sino que sencillamente era un proceso a través del cual su experiencia con Dios se fortalecería. Ahora, Lucas resalta el importante rol de las Escrituras para lograr tener claridad en el momento de la confusión. Lucas 24:27: “Empezando por Moisés y continuando con todos los profetas, Jesús siempre les explicó, en todas las Escrituras, lo que se refería a Él”. Jesús repasó las Escrituras con estos discípulos, y eso bastó para que su entendimiento fuese abierto. Este repaso de las Escrituras tuvo un impacto impresionante en la vida de estos discípulos. Lucas 24:32: “Se decían el uno al otro: - ¡Con razón sentíamos que el corazón nos ardía de emoción cuando nos venía hablando en el camino y explicando las Escrituras, así como nos pasaba cuando Él estaba con nosotros!” Este repaso de las Escrituras provocó un reenfoque. Continúa diciendo Lucas en el verso 33: “Los dos discípulos se levantaron en la misma hora, y regresaron a Jerusalén…”. En conclusión, nosotros nos parecemos mucho a estos discípulos que iban camino a Emaús. Cuando suceden situaciones que no esperamos o no hemos planificado, nos pasa exactamente lo mismo que les pasó a ellos. La desesperanza y confusión inundan nuestra vida, comenzamos a cuestionar el proceder de Dios y, en muchas ocasiones, nos alejamos de Él. Pero claramente vemos que Dios tiene un propósito con todo y, aunque no entendamos, Él está presente y llamando nuestra atención, esperando que nos aferremos a lo que está escrito en su Palabra, para recibir claridad y fuerzas nuevas en medio de la desesperanza. Créditos:   Carolyn Moreno  /  Puerto Rico

“El Dueño Del Pan Pide De Comer”

Texto: “Jesús dijo:  Muchachos, ¿Ustedes no tienen algo de comer para que me den? Le respondieron:  No”.   Juan 21:5 (TCB) Después de pasar tanto tiempo con Jesús, de recibir las más valiosas palabras y enseñanzas, y de recibir el soplo del Espíritu Santo, los discípulos volvieron a pescar y regresaron a su vida antigua. Por tal razón, no pudieron distinguir la voz de su Señor, a pesar de que era la tercera vez que Él venía a ellos después de su muerte. Lo único que pudieron decirle fue: no. Sin embargo, Jesús, en su omnisciencia, sabiend que ellos no le conocerían y que se negarían al pedirles de comer, hizo esto para probar su fe. De esta manera, les llamaba la atención y les indicaba que debían echar la red al lado derecho de la barca, como lo hizo en otra ocasión, porque estaban echando la red en el lado incorrecto. Los discípulos se pasaron toda la noche esperando pescar algo, por lo que obedecieron la sugerencia de esta persona que, para ellos, en ese momento, posiblemente era otro pescador o alguien que pasaba por allí. Fue así como, encontrando lo que buscaban, ocurrió un milagro en la pesca y, al no poder sacar la red por la gran cantidad de peces, reconocieron quién era el que les hablaba y el que les indicaba dónde echar la red. Ellos reconocieron que el que pedía de comer era el dueño del pan; el Pan de Vida que les dio de comer antes de su muerte y ahora quería volver a darles de comer después de su muerte. No importó que los discípulos hubieran caminado con el Señor. ¡Ellos recibieron y presenciaron tantos milagros! No pudieron ni darle de comer a la multitud y mucho menos a su Señor, porque, aunque estuvieron con Él, para poder dar, ellos debían ser investidos del poder divino, ser capacitados y entrenados para alimentar a otros. Solamente de esta forma, cuando Él ya no estuviera con ellos, los discípulos hablarían con denuedo la Palabra viva y eficaz, tanto así que Pedro en su primer mensaje dio de comer del pan espiritual a unas tres mil personas. Ahora bien, nosotros debemos tener siempre presente que el Señor, el Pan de Vida, es el mismo ayer, hoy y siempre. También debemos saber que si el Señor hizo milagros ayer, también hoy los hará. Él nos dice: "Dame, hijo mío, tu corazón"; recordándonos que debemos poner nuestra confianza y esperar en Él. El dueño del pan, o mejor dicho, el Pan mismo, nos ofrece ese alimento que trae aliento y refresca nuestra alma. Él nos invita a saciarnos y permitir que su Palabra nos carcoma los huesos, cambiándonos a un hombre nuevo. No hagamos como Pedro, que prefirió volver a pescar; o como Tomás, que debía tener pruebas para creer porque dudaba de todo. Nosotros debemos seguir hacia adelante y, aunque no pesquemos nada en el momento o no veamos que la palabra que sale de nosotros parece no estar siendo recibida, tengamos fe, porque la Palabra fue sembrada y Dios, a su tiempo, la hará germinar y dar frutos. Escuchemos la voz del Señor que nos dice que echemos la red al lado derecho, porque donde estamos no pescaremos las almas que necesitan ser rescatadas. Muchas veces la gente nos pide de comer. Ellos nos piden que les demos una palabra de aliento y, al igual que los discípulos, les decimos no, ya sea porque estamos cansados, no tenemos tiempo o simplemente ignoramos el llamado de Dios en nuestras vidas. Pidámosle al Señor que nos ayude a decir sí y las redes nunca se romperán. Nuestra iglesia será un lugar donde todos seremos alimentados a través de su Palabra si seguimos la dirección del Espíritu Santo y la voz del Pan de Vida. Créditos:  Yndira Esmirna Cruz  Dominicana/Estados Unidos

EL LEGADO DE FE

Texto: “Doy gracias a Dios, a quien rindo culto, así como mis antepasados, con limpia conciencia, que siempre te tengo presente en mis oraciones, noche y día; anhelo verte lo más pronto posible, siempre recuerdo las lágrimas que derramaste por el evangelio, y esto me llena de alegría; el acordarme de que tú siempre has tenido una auténtica fe por identidad, esta fe que fue heredada primeramente de tu abuela Loida y luego de tu madre Eunice, y que ahora está en ti” (2 Timoteo 1:3-5, TCB). Las mujeres con valores son las que ejercen influencia y, por lo tanto, dejan un legado. Dios se ha dado a conocer a través de personas: “Yo soy el Dios de Abraham, Isaac y Jacob...” De esta manera, el legado de la fe fue pasando de una generación a otra hasta llegar a nosotros. 1. Loida y Eunice   Timoteo creció posiblemente con un padre ausente, pero su madre y su abuela ejercieron una influencia poderosa en la vida de este líder. Timoteo llegó a ser un hombre con valores y un líder ejemplar. Pablo, al referirse a estas mujeres, dice: “...esta fe que fue heredada primeramente de tu abuela Loida y luego de tu madre Eunice y que ahora está en ti” (2 Timoteo 1:5, TCB). 2. Jocabed y Moisés   Jocabed tuvo muy poco tiempo para criar a Moisés como madre; sin embargo, impregnó de valores a uno de los más grandes líderes de la historia. En ese poco tiempo, ejerció una poderosa y saludable influencia en la vida de ese niño. 3. Susana Wesley, madre de Juan y Carlos   Susana fue madre de 19 hijos. Dedicaba una hora a cada hijo, un hijo/a por día. En esa hora, les enseñaba los principios de fe. A la vez, todas las mañanas tenían un tiempo devocional familiar. Por la poderosa influencia de Susana, la historia tuvo a hombres como Juan Wesley, fundador del Movimiento Metodista, teólogo y predicador, y a Carlos Wesley, gran compositor de himnos y predicador. Es notable que Pablo destaque “una auténtica fe...” como el legado que recibió Timoteo de parte de su abuela y su madre. Una fe auténtica es lo que contagia y nos conecta con las personas. Una fe auténtica, genuina, real, como la de los niños, nos acerca a las personas. De lo auténtico brota el amor y las relaciones con las personas fluyen sin obstáculos. Necesitamos vivir como Loida, Eunice y Timoteo, con una fe no artificial, no armada, ni despegada de la realidad, sino con una fe auténtica, la cual sustentará nuestra identidad en Cristo y dejará huellas. Es como dijo en una ocasión un conocido actor norteamericano: “Algunas personas llegan a nuestras vidas, dejan huellas en nuestros corazones y mentes, y nunca volvemos a ser los mismos”.  Créditos: Sonnia Elizabeth Vega Centurión de MarullaParaguay (Radicada en Argentina)

Él me sanó

Texto: Mateo 4:23(TCB), leemos: "Jesús recorrió toda Galilea, enseñando en las sinagogas de los judíos, predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y todo tipo de mal en las personas". En tiempos de aflicción y enfermedad, encontramos consuelo y esperanza en la promesa de Dios de sanar a su pueblo. La sanidad divina no solo se refiere a la curación física, sino también a la restauración del alma y el espíritu. La sanidad divina, como se ve en las películas, nos recuerda que la curación va más allá de lo físico y puede transformar nuestras vidas de maneras sorprendentes. Las historias de sanidad en las películas pueden reflejar verdades espirituales sobre el poder sanador de Dios y cómo podemos experimentar su sanidad en nuestras vidas. Desde tiempos antiguos, Dios ha revelado su naturaleza como sanador. En el versículo 23 leemos: "Jesús recorrió, sanando toda enfermedad y todo tipo de mal en las personas". Esta declaración nos muestra el poder de Jesús para sanar tanto física como espiritualmente. En la película "Milagros Inesperados", vemos a personajes que experimentan curaciones milagrosas que van más allá de lo médicamente posible. De manera similar, en los evangelios vemos a Jesús realizando numerosas sanidades, demostrando su poder sobre la enfermedad y su compasión por los afligidos. La aplicación de esta verdad en nuestras vidas requiere fe y confianza en el poder sanador de Dios. Santiago 5:14-15 nos instruye a orar por los enfermos y creer que serán sanados: "14. ¿Está enfermo alguno de ustedes? Entonces, llamen a los líderes de la Iglesia, para que oren y le unjan con aceite en el nombre del Señor. 15. Y la oración que vaya acompañada con una profunda fe sanará integralmente al enfermo, y el Señor lo levantará; y si el enfermo cometió pecados, el Señor lo perdonará". Esta promesa nos anima a confiar en la oración como medio de recibir la sanidad divina. En películas como "Un Milagro para Helen", vemos cómo la fe y la oración son elementos clave en el proceso de sanidad. Esto se refleja en Santiago 5:14-15, donde se nos anima a orar por los enfermos y creer en la sanidad divina. Para experimentar la sanidad de Dios en nuestras vidas, es importante acercarnos a Él en oración y buscar su dirección. Filipenses 4:6-7 nos anima a no preocuparnos por nada, sino a orar y agradecer a Dios en todo momento, confiando en su promesa de paz que sobrepasa todo entendimiento: "6. No estén ansiosos por nada, sino más bien den a conocer en cada momento sus peticiones y necesidades a Dios, en constante oración y con gratitud. 7. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y pensamientos en Cristo Jesús". En películas como "La Cabaña", vemos cómo el protagonista encuentra sanidad no solo física, sino también emocional y espiritual, al encontrar consuelo en la presencia de Dios. En momentos de enfermedad y aflicción, recordemos que Dios es nuestro sanador. Confiamos en su promesa de sanidad y nos acercamos a Él con fe y gratitud. Que podamos experimentar su poder sanador en nuestras vidas, restaurando no solo nuestro cuerpo, sino también nuestro espíritu y alma. Finalmente, recordemos que la sanidad divina no siempre significa la ausencia de enfermedad, sino la presencia de la gracia de Dios que nos sostiene en medio de las pruebas. Como dice 2 Corintios 12:9: "Mi gracia es suficiente para ti, porque mi poder se perfecciona en la debilidad". En nuestras debilidades físicas, encontramos la fortaleza de Dios que nos sostiene y nos lleva a través de cualquier situación. En películas como "Un Sueño Posible", vemos cómo la fe y la perseverancia pueden llevar a la sanidad y a la restauración. Incluso en las circunstancias más difíciles, podemos encontrar inspiración en las películas que retratan historias de sanidad, recordándonos que la sanidad divina puede manifestarse de maneras sorprendentes y transformadoras. Que este devocional nos inspire a confiar en Dios en todas las circunstancias y a encontrar consuelo en su presencia. Que podamos proclamar con gratitud: "¡Él me sanó!" Créditos: Jonnathan Tapia  Ecuador

Creo, luego existo. 

Texto: 2 Corintios 5:7, “Pues andamos por fe y no por vista” (TCB). En cierta ocasión leí una frase del teólogo John Piper que dice: “la fe no se trata de tener pruebas, se trata de confiar en un Dios fiel”. Su reflexión me trajo a la memoria la vez que con un equipo de misioneros fuimos de cruzada al Perú. En nuestro trabajo de evangelismo, en una oportunidad visitamos el hospital de la ciudad de Cusco y allí conocimos a una mujer que había tenido un accidente de tránsito. En su historia, ella nos relataba que el accidente le provocó daños en el lóbulo temporal, por lo que había perdido gran parte de su memoria.  Con gran pesar, nos compartió que tenía una familia que, según lo que había escuchado, profesaba la fe cristiana, pero lamentablemente no recordaba nada de su pasado. Sin embargo, desde el accidente, su esposo se empeñó en acompañarla y visitarla diariamente en el hospital, relatándole detalles sobre su vida. Confiando en las narrativas de su esposo, ella creyó en cada palabra, pues él estaba empeñado en ayudarla a recuperar la memoria. Su determinación y carácter convincente la mantuvieron fiel a sus creencias. Al igual que este esposo, Pablo también ejerció esta labor con la iglesia de los corintios. Él se esforzaba por recordarles su origen y el contexto que los rodeaba. En 2 Corintios 5:7, Pablo escribe: “Porque vivimos por fe, no por vista” (TCB). Ahora, la iglesia debía actuar coherentemente de acuerdo con su identidad. Vivir por fe era parte de su nueva naturaleza, confiando en un Dios que siempre permanece fiel. La fe que Pablo menciona nos proporciona una identidad sólida, similar a la experiencia de esta mujer que, debido al accidente, había perdido su historia personal. Indudablemente es desgarrador sufrir la pérdida de la memoria de la noche a la mañana, encontrarse sin conocimiento de quién eres ni cuál es tu lugar en el mundo, es como no saber cuál es tu propósito en tu existencia. A pesar de ello, ella optó por creer y depositar toda su confianza en lo que le contaban, lo que le permitió descubrir nuevos aspectos de sí misma y reencontrarse con Dios. Esta historia nos invita a reflexionar sobre la capacidad que tiene la fe para otorgar esperanza y reconstruir nuestra identidad en medio de la incertidumbre y la pérdida. Al igual que Pablo y este esposo ejemplar, Dios nunca nos abandona; su fidelidad es inquebrantable y su constancia es un claro reflejo de su amor infinito hacia nosotros. Incluso cuando nuestra memoria falla y olvidamos todos sus beneficios, cuidados, provisión y protección, Él está ahí para recordarnos que un futuro lleno de esperanza nos aguarda cuando depositamos toda nuestra confianza en Dios. La invitación hoy es a descansar en Él, recordando que es por medio de la fe que alcanzaremos la promesa de verlo un día. Que esta reflexión nos inspire a abrazar una vida arraigada en la fe, confiando en que Dios está siempre presente, guiándonos hacia un mañana lleno de bendiciones y plenitud. Créditos: Débora Dote Chile

El Camino del Perdón 

Texto: Lucas 17:3-4 Les aconsejo esto: Estén atentos; si tu hermano peca contra ti, corrígelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día, se arrepiente, vuelve a ti y te pide perdón, perdónale. El perdón es un fundamento de la fe cristiana presente en los Evangelios y muy predicado en los altares de nuestras iglesias. En el Antiguo Testamento se medía el perdón por cumplimiento de la ley como justicia. pero Cristo, en el Nuevo Testamento, dio esperanza de vida eterna para que pudiéramos entender lo posible de la reconciliación con Dios por medio del perdón. Los cristianos debemos notar e internalizar el ejemplo que dio Dios por medio de Jesucristo, para que reine el perdón en nuestras vidas para la salvación.  Quienes ofenden nos hieren nuestro yo, pero si nos ponemos en el lugar del ofensor, hacemos el ejercicio necesario de tratar de entender qué provocó en la miseria del otro su ofensa hacia mí. Así podemos recordar y caminar hacia el perdón sin rencor y con esperanza. El problema es que hacemos el ejercicio a nuestro estilo y no al estilo de Dios. Tenemos que morir al yo, despojándonos de nosotros mismos. El perdón depende de la fuerza de voluntad por el ejemplo de Jesucristo en mi vida de fe. Las fuerzas operantes contrarias en el ser viviente son las dificultades que se nos presentan para perdonar al defender el orgullo propio. Tenemos que reconocer que también ofendemos a otros en nuestra miseria humana. Todos somos pecadores. Las causas de Dios son las intenciones por amor de darse a sí mismo a la humanidad. Pero las causas de nosotros como cristianos es que debemos perdonar para ser felices. Las consecuencias de no perdonar son no poder compadecernos y empatizar con el otro ser humano, de manera que no logramos alcanzar a tomarle en cuenta la falta que nos hizo, a cambio de nada. Pues somos miseria y todos somos débiles. El aporte es que Jesucristo en la Cruz es el perdón para toda la humanidad separada de Dios por causa del pecado. Es el acto de amor de Dios mismo que debemos valorar. Dios tuvo la iniciativa de perdonarnos siendo el ofendido. Se puede restaurar una relación de perdón cuando llegamos a la verdadera paz y no caemos en la falsedad de la diplomacia. Demos los pasos necesarios para que el perdón sea parte de nuestra vida cristiana y de nuestro camino diario.  Créditos:  Sarahí Rivera  Puerto Rico 

El Siervo Sufriente, un ejemplo que debemos practicar

Texto: Lucas 9:23-24 23. Luego, Jesús dijo a todos: - Si alguien desea ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, cada día, tome su cruz y sígame. 24. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, en cambio, todo el que pierda su vida por mi causa, la salvará Al hablar del siervo sufriente, los cristianos usualmente enfocamos nuestras lecturas en Isaías 53, el cual nos habla detalladamente de la obra, sufrimiento y victoria de este personaje escatológico. Pero hay que tener en cuenta que existen otros escritos en Isaías que hacen alusión a este personaje escatológico, como Isaías 42:1-4; 49:1-6; 50:4-10; 52:13-53:12. Me llama la atención que la mayoría de nosotros nos enfocamos en lo que Él hizo por nosotros, que Él cargó nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, que Él fue herido por nuestras rebeliones y que por sus heridas fuimos sanados. Al hacer un análisis de su obra completa, nos daremos cuenta de que hay algo más que permea desde el capítulo 42, y son los temas de la justicia y el sufrimiento. Diría que como cristianos hemos heredado el concepto de siempre "estar en victoria", que como cristianos debemos siempre vencer, ganar y que el sufrimiento no es, o no debería ser, parte de nuestro diario vivir, pues Cristo lo llevó en la cruz. Pero es necesario reflexionar sobre la obra completa del Siervo Sufriente; los primeros cristianos entendieron esto y podemos decir que por esta razón se unieron a la práctica de ser siervos sufridos, padeciendo por Jesucristo, el dolor y las injusticias de su tiempo. En su mayoría, sufrieron el dolor, las traiciones y hasta la muerte, pues ellos habían comprendido que debían ser parte (participar) de los sufrimientos de aquel que con su muerte les había salvado, sanado y liberado. Hoy más que nunca necesitamos entender y poner en práctica las mismas formas del siervo sufriente. Es nuestro deber, como representantes de Jesucristo, proclamar las injusticias de nuestros tiempos y, cuando sea necesario, por medio de una fe que no sea solo de palabras, sino por identidad (acciones), el sufrir por los demás, el sanar a los demás, dar libertad a los que están presos del dolor, la amargura, la culpa, el pecado, a los que han sido y son marginados y a los que son ignorados, pues ellos también necesitan escuchar. Dios, que se hizo carne en Jesucristo, también les ha dado el lugar que les corresponde, pues haciendo estas cosas verdaderamente seremos hombres y mujeres que demuestran una coherencia de vida, proclamando ser cristianos. Créditos: Miguel Martínez  República Dominicana

¡Póngale sabor!

Texto: Mateo 5:13 (TCB) “Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿Cómo daremos sabor a la comida? Entonces, para nada sirve la sal, y será mejor botarla para que sea pisoteada por los hombres.  ¿Alguna vez te has detenido a pensar en la singularidad de la sal? Su capacidad para transformar y realzar el sabor de los alimentos, incluso en pequeñas cantidades, es extraordinaria. Y no solo eso, también su potencial para preservar, hasta el día de hoy, nos asombra. En tiempos antiguos, antes de la invención de los sistemas modernos de refrigeración, la sal desempeñaba un papel crucial. En el Antiguo Egipto, se han encontrado registros que indican que utilizaban la sal para conservar la carne y los pescados. Lo interesante es que no solo ayudaba a conservar los alimentos, sino que también se utilizaba en combinación con otros métodos, como el ahumado o el secado al sol, para prolongar la vida útil de las despensas. Sabemos que la función más reconocida de la sal es realzar el sabor en el arte culinario. Un alimento bien sazonado es muy apreciado. Asimismo, nosotros, como creyentes, debemos condimentar el mundo que nos rodea con el amor de Cristo. Exploremos cómo podemos ser sal en nuestras comunidades, lugares de trabajo, hogares y en todas las esferas de nuestra vida diaria. Descubramos cómo nuestras acciones, palabras y actitudes pueden marcar la diferencia, llevando el amor a un mundo sediento de esperanza y de la luz de Cristo. Otra característica de la sal es que transforma lo que toca, enseñándonos que nuestro trabajo, como seguidores de Jesús, es transformar vidas. Estamos llamados a ser agentes de cambio en un mundo necesitado de esperanza y redención. Que nuestras vidas sean testimonios vivos del poder transformador del Evangelio. Sin embargo, una de las acciones poderosas de la sal es que también tiene la capacidad de preservar. En este punto, me gustaría invitarte a reflexionar sobre la capacidad que Dios nos ha dado para preservar la verdad del Evangelio. En un mundo lleno de relativismo y confusión moral, nosotros debemos ser guardianes de la verdad de Dios. Mantengamos firmes nuestros valores y principios, preservando la pureza del mensaje del Evangelio en medio de la oscuridad. Químicamente, la sal no pierde sus cualidades y características, salvo que se mezcle o contamine con otro producto. Si esto sucede... ¿Cómo daremos sabor a la comida? ¿Si dejamos de ser la sal del mundo? ¿Si la persona pierde el comportamiento que demanda Jesucristo en el camino y se contamina con el mundo en el que vivimos, pero al cual no pertenecemos? Entonces, para nada sirve la sal, y es pisoteada por los hombres. El llamado de Jesús a ser "la sal de la tierra" es una invitación a impactar el mundo que nos rodea con el sabor del amor, de la gracia y la verdad de Dios. Al igual que la sal en la comida, nuestra presencia y testimonio deberían realzar, transformar y preservar el entorno en el que vivimos. Por eso, la invitación de hoy es a ponerle sabor a tu entorno, a tu familia, a tus amigos, a tu matrimonio, al lugar donde te encuentres. ¡Ponle sabor! Créditos:  Fernando Arcos  Ecuador 

Servir a pesar de la dificultad

Texto: 2 Corintios 11:23. “¿Son ministros de Cristo? ¡Qué locura! Yo lo soy más que ellos; he trabajado más duro, he sido encarcelado más veces, he recibido los azotes más severos, he estado en peligro de muerte repetidas veces;” (TCB). En la vida cristiana, nos enfrentamos a dificultades que pueden socavar nuestra fe y desafiar nuestras creencias. A menudo, nos enfrentamos a la falsa noción de que seguir a Cristo nos eximirá de problemas. Sin embargo, a través del ejemplo del apóstol Pablo, aprendemos que la convicción en nuestro llamado puede superar cualquier obstáculo. En 2 Corintios 11:23-33, Pablo nos muestra que el ministerio de Cristo conlleva dificultades. En lugar de glorificar sus logros o éxitos, Pablo destaca su disposición y entrega, enumerando los sufrimientos que ha enfrentado. Comparte que fue encarcelado muchas veces, recibió duros azotes, estuvo en peligro de muerte en repetidas ocasiones, viajó aun sabiendo los peligros que iba a encontrar, soportó trabajos duros y extenuantes. En fin, el texto nos ofrece una rica fuente de enseñanzas, pero hoy nos enfocaremos en el tema de persistir en el servicio a pesar de las dificultades. Para Pablo, estas dificultades no significaban que Dios lo había abandonado ni que su llamado estaba en duda. Más bien, las veía como desafíos que fortalecían su compromiso de servir a pesar de los obstáculos. El ejemplo de Pablo nos recuerda que el servicio a Dios no garantiza una vida sin problemas. Las dificultades son parte integral de nuestra experiencia terrenal. Sin embargo, como creyentes, tenemos el consuelo de las promesas bíblicas que nos aseguran que no estamos solos. Al aferrarnos a estas promesas, las adversidades pueden ser vistas como oportunidades para crecer en nuestra fe y en nuestro servicio a Dios. Te invito a reflexionar: ¿Qué oposiciones has encontrado en tu caminar cristiano? ¿Has sentido la presencia de Dios en medio de las dificultades? ¿Estás sirviendo a Dios por quién es Él o por lo que puede hacer por ti? Que este devocional sea un recordatorio de que, a pesar de las dificultades, podemos persistir en nuestro servicio a Dios con confianza y convicción, sabiendo que Él está siempre con nosotros. Créditos: María Fidelina Camajá Az   Guatemala 

¡COMIENZA POR TI!

Texto: Mateo 7:12 “Así como ustedes quieren recibir cosas buenas de los hombres, entonces, ustedes mismos deben hacer cosas buenas a los hombres, ¡no hagan a los demás, lo que no quieran que les hagan a ustedes! Porque en esto consiste el significado de la ley y del mensaje de los profetas” (TCB). Hoy quiero compartir con ustedes un consejo muy sabio que me dieron hace muchos años y que intento poner en práctica. El consejo es: comienza por ti. Así me aconsejaron, mientras me quejaba, muy ofendida, del mal comportamiento de alguna persona a mi alrededor. Se sabe que siempre es más fácil ver lo que otros hacen mal o lo que tienen que mejorar, y lo difícil es examinarse a uno mismo y pensar en las propias fallas y mejoras. Me encanta lo que nos enseña Jesús en el libro de Mateo, capítulo 7, versículos 3 y 4 TCB: “¿Por qué miras la basurita que está en el ojo de tu hermano, y no consideras el tronco que está en tu ojo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano, deja que te saque la basurita de tu ojo, si en el tuyo hay un tronco?” Muchas veces hablamos y nos quejamos del otro, sin darnos cuenta de que tenemos un bosque completo reproduciéndose en nuestra vida, y aún más con falta de autocrítica. Es fácil ver la basurita en el otro. ¡Cuánta sabiduría hay en Jesús al hablarnos de esta forma!, porque Él conoce el corazón humano y sabe que todos tenemos tejado de vidrio, que todos tenemos un corazón propenso al pecado y la maldad. Cuando me dijeron "comienza por ti", fue un remezón en mi vida, porque quien me escuchaba no se centró en criticar al otro (que era lo que yo esperaba), sino que me apuntó a mí y puso una responsabilidad sobre mí. Cambia tú para mejorar el mundo y a quienes te rodean, y ese cambio debe venir de la mano del Espíritu Santo, porque finalmente es Él quien hace la obra, nos convence de pecado, justicia y juicio, y nos ayuda a moldear nuestra mente a la mente de Cristo. A veces creemos que puede ser difícil, pero es necesario comenzar con cambios pequeños, incluso detalles, que provocan un gran impacto. Por ejemplo, comienza saludando, comienza sonriendo, comienza agradeciendo, comienza pidiendo perdón, da el primer paso para mejorar tú y, como consecuencia, transformarás el ambiente en el que estás. El esfuerzo verdaderamente vale la pena. Jesús nos dice enfáticamente en Lucas, capítulo 6, versículos del 27 al 31: “Pero a ustedes los que escuchan estas palabras, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen; Oren por los que los maltratan; Si alguien te da una cachetada en la mejilla, preséntale también la otra; El que te quite la camisa, dale también el abrigo. A toda persona que te pida algo, sé generoso, y al que te quite lo que es tuyo, no lo reclames. Esta es la regla de oro: Traten a los demás como les gustaría que los trataran a ustedes.” Jesús es especialista en este concepto: comienza por ti. Él nos amó con todo y no se aferró a nada, Él nos dio salvación y no se quejó (y sí que podía quejarse), así que debemos imitarlo a Él. ¿Cuánta queja hay en tu vida? ¿Cuántos troncos hay en tu ojo? Recuerda que la invitación del día de hoy es: ¡comienza por ti! ¿Lo harás? Créditos:  Carolina Riquelme   Chile.

Cuando nuestro amor no es suficiente

Texto: Marcos 14: 10-11.  Judas Iscariote, uno de los doce discípulos, se fue donde los principales sacerdotes para entregar a Jesús. Ellos, al oír la propuesta de Judas, se alegraron muchísimo, y prometieron darle dinero. Judas buscaba la oportunidad para traicionarlo, entregándolo. A lo largo de mi vida cristiana, siempre he escuchado acerca de la traición de Judas porque indiscutiblemente es una parte importante en el ministerio de Jesús y nos deja mucho para pensar, meditar y aprender. Estoy convencida de que uno de los sueños más importantes de todo creyente es mirar a Jesús cara a cara, poder tocar su rostro, abrazarlo, besarlo, conversar con él directamente, caminar a su lado y hacerle preguntas; todo esto, sin duda alguna, Judas lo pudo hacer en su momento. ¿Quién, que conoce a Jesús de esa manera, no llega a amarlo? Estoy convencida de que su sola presencia transmite al ser humano algo sobrenatural, que toca lo profundo de nuestro corazón; la palabra menciona que toda rodilla se doblará ante Él. Entonces, ¿qué sucedió con Judas? Creo que es lo que muchas veces puede suceder con nosotros, que estamos convencidos de que le hemos entregado nuestra vida, que lo amamos como nunca lo hemos hecho con nadie, que estamos dispuestos a hacer todo lo que Él nos pida en una convicción aparentemente real hasta que se presenta una oportunidad que nos confronta con nuestra debilidad, con aquello que en ocasiones guardamos tan celosamente incluso de Jesús, ya sea por vergüenza, por comodidad, por temor, por simpleza, etc., y que torpemente creemos poder manejar sin la ayuda del Señor. Al contrario de lo que Jesús hizo y hace cada día, entregándose sin reserva, dando de lo que tiene y de lo que Él es, mostrándonos con ejemplo lo que es el amor sacrificial. Cada uno de nosotros es desafiado a amar de la misma manera como lo hizo Jesús, pero muchas veces encerramos este amor hasta el último momento, cuando todo fue consumado a través de su sacrificio en la cruz, y perdemos de vista todo lo demás, creyendo que vivir un amor sacrificial se limita al sufrimiento, al dolor y nos olvidamos realmente de lo que también es el amor: genuino, comprometido, generoso, leal, sincero, inmerecido, gratuito, honesto e íntegro. Es fácil juzgar a otros por sus acciones, mientras que, si somos nosotros, lo hacemos por nuestras motivaciones. Creo que lo primero que debemos hacer es transparentar nuestra vida en ese cara a cara con el Señor, permitir que Él realmente llegue a esos lugares que guardamos con o sin intención, permitir que su verdad nos confronte y nos dé verdadera convicción, no conformarnos con amarlo a nuestra manera porque jamás será suficiente y siempre seremos vulnerables a caer, dejemos de pensar que en algún momento no podríamos actuar como lo hizo Judas, porque eso nos pone en alto riesgo de creer que lo hemos logrado todo. Entendamos que somos falibles, que necesitamos de la gracia y el favor del Señor para vencer día a día y que nuestro compromiso con Él debe renovarse diariamente, no bajemos la guardia. Si decidimos rendir nuestra vida delante del Señor, debemos hacerlo convencidos de que necesitamos aprender a vivir, a caminar, a servir como Él lo hizo, pero sobre todo a amar a su manera, no a la nuestra. Cerremos toda puerta que pueda ponernos en una posición insegura, entreguemos nuestros secretos, temores y permitamos que el Señor nos confronte con su verdad, amor y gracia, seamos verdaderos embajadores, transmitamos la verdad del Evangelio con integridad, vivamos lo que predicamos. Créditos: Lorena Acosta Ecuador

MENSAJES INDIRECTOS.

Texto: Juan 13: 21 – 27 (TCB) Jesús, habiendo dicho estas cosas, se entristeció en su espíritu y declaró: - En verdad, en verdad les digo, que uno de ustedes me entregará.  Los discípulos se miraban mutuamente y estaban inquietos acerca de quién hablaba.   Uno de los discípulos estaba reclinado en el hombro de Jesús, era un discípulo muy amado por el maestro. Simón Pedro, le hizo señas al discípulo amado, para que este preguntase a Jesús a quién se refería.   El discípulo amado, que estaba recostado en el hombro de Jesús, le preguntó: - Señor, ¿quién es?  Respondió Jesús:  - A quién yo le dé el pan mojado, ese es. Mojando el pan, se lo dio pues a Judas Iscariote, hijo de Simón.  Después de haber comido el pan mojado, entró satanás en el corazón de Judas.  Y Jesús le dijo: - Lo que vas a hacer, hazlo de una vez. Hay formas de comunicarse con los demás a través del lenguaje verbal y no verbal, de manera directa e indirecta. Dentro de esas formas de comunicación, interpretamos los gestos, como un fruncir de cejas, un guiño, un parpadeo, etc., que transmiten un mensaje. Es interesante observar que durante la última cena del Señor Jesús con sus discípulos también encontramos estos tipos de comunicación. Leamos juntos el pasaje del evangelio de Juan 13:21-27 (TCB), donde Jesús declara que alguien lo traicionará. Las miradas se cruzan, todos se inquietan, tratando de identificar quién podría ser esa persona; sin embargo, hay miradas cruzadas entre dos participantes de la cena, mensajes indirectos entre Jesús y Judas. Antes de la cena, Judas había planeado entregar a Jesús a las autoridades judías. Podemos deducir que tenía todo meticulosamente planeado; el plan parecía perfecto y nadie sospechaba lo que estaba tramando. Sin embargo, olvidó un detalle: Él (Jesús) conocía profundamente lo que había en cada corazón (Juan 2:25, TCB). Desde el primer día que Jesús lo eligió, sabía lo que sucedería con Judas: su papel en el ministerio, cómo se desenvolvería y la posibilidad de su traición; conocía sus debilidades y las tentaciones que enfrentaría. A pesar de saber lo que ocurriría, oró por él, lo enseñó, lo incorporó a su grupo, lo hizo partícipe de una hermosa cena entre amigos, lavó sus pies y estaba dispuesto a morir por él, no solo para cumplir el plan de Dios, sino porque lo amaba al igual que a los demás. ¿Por qué? Porque la esencia del ministerio de Jesús se mueve por un amor sacrificial, un amor puro que no conoce condiciones. Si fuese condicionante, hace tiempo lo hubiera apartado, lo hubiera expulsado. Jesús amó a Judas, no porque Judas lo amara, sino porque él quería amarlo, a pesar de saber que lo traicionaría. En los versículos 26-27, notamos que Jesús conocía los planes de Judas. Podría haberlo detenido, llamarlo aparte y tratar de hacerlo cambiar de parecer. Era el maestro; podría haber dicho: "Judas, renuncia a tu plan..." Pero respetó su decisión. Jesús entendía que Judas había sido seducido por los pensamientos de Satanás y que había elegido ese camino por su propia voluntad. No actuó bajo una orden celestial, sino por su propia incredulidad y falta de fe en Cristo, porque no veía en Jesús el tipo de salvación que deseaba. A pesar de eso, Jesús no puso obstáculos para que Judas llevara a cabo su plan; al contrario, lo alentó a ejecutarlo lo antes posible. En el versículo 27, Jesús dice: "Lo que vas a hacer, hazlo pronto..." A veces interpretamos esta frase como una autorización o permiso de Jesús. Sin embargo, no es así; tampoco es un desafío para que Judas abandone su plan ni una frase de derrota ante él. Es más bien una afirmación de estar preparado para cumplir su misión, una declaración de disposición: "¿Es esto lo que deseas? Hazlo; estoy listo para enfrentarlo." En otras palabras, Jesús le está diciendo a Judas: "... hazlo, estoy preparado para lo que se me encomendó. Estoy preparado para la cárcel, el juicio, los insultos, los golpes. Aunque me abandones y no creas en mí, aun así, estoy dispuesto a morir por todos, incluso por ti." La desilusión es enorme cuando alguien a quien amas te traiciona, porque el traicionado enfrenta acusaciones, un dolor profundo y un quiebre interior. Día tras día, en pequeñas o grandes acciones, nos vemos tentados a traicionar a Dios. Es en esos momentos donde Jesús cruza su mirada con la nuestra y nos pregunta: "¿Es esto lo que realmente deseas? ¿Estás seguro de querer hacerlo?" Aunque cometamos acciones incorrectas, Él sigue amándonos; nos invitaría a su última cena, lavaría nuestros pies y estaría dispuesto a morir por nosotros. Créditos:  Abner Ariza   Perú

La Resurrección, signo de esperanza y vida.

Texto: Lucas 24:6  No está aquí, ¡Ha resucitado! Era el tercer día. Las mujeres creían no haberse equivocado al escuchar de los labios de Jesús que resucitaría al tercer día. Antes del amanecer, ya estaban empacando los ungüentos, las especias y todos los elementos necesarios para dirigirse hacia la tumba. Como auténticas discípulas, necesitaban estar lo más cerca posible del cuerpo de su maestro, y aún más cuando seguramente albergaban la esperanza de que las palabras pronunciadas por él se cumplieran y acabaran con la tristeza de su muerte. Ellas fueron las primeras en ser testigos del cumplimiento de este magno acontecimiento. Revisemos hoy algunas implicaciones. En la muerte de Jesús encontramos el inicio de nuestra esperanza, el alivio de saber que el problema del pecado se resuelve mediante su perdón y el derramamiento de su sangre. Sin embargo, este regalo inmerecido y maravilloso nos conduce hacia una esperanza más elevada cuando, desde la cruz, contemplamos la resurrección de Jesús (Lucas 24:6). En la resurrección, Jesús derrota la muerte y expresa contundentemente que es el Hijo de Dios (Romanos 6:9). El Hijo de Dios hace efectiva cada promesa y palabra de los beneficios que se desprenden de su muerte sacrificial. La resurrección permite que sus discípulos gocemos de una esperanza permanente en la vida venidera. Cuando nos enfrentamos a las aflicciones del mundo presente, podemos regocijarnos en la bendición de la vida eterna junto al reino de nuestro amado Padre, donde ya no habrá dolor, enfermedad ni aflicción. La resurrección de Jesús nos posiciona, por la fe, en "lugares celestiales", instalándonos ya en la expectativa del gozo presente de saber que estaremos junto a Cristo (Efesios 2:6). Cuando nos sentimos desdichados, frustrados o alienados por las tensiones de la vida, podemos mirar hacia Cristo y eliminar esas perspectivas negativas. En tus días grises, recuerda: hay lugares celestiales donde hay asientos reservados para ti. La resurrección de Jesús nos desafía a ser victoriosos sobre nuestras debilidades, a vivir una vida nueva en Él, donde el pecado ha sido derrotado y vencido, por lo que ya podemos comenzar a disfrutar de la verdadera libertad proporcionada por Él y caminar en victoria (Romanos 6). La resurrección de Jesús afirma la permanencia constante de Jesús en nuestra cotidianidad (Mateo 28:20). Antes de ascender al cielo, Jesús nos comisionó, pero también nos dejó la promesa de su compañía; la realidad del "Dios con nosotros" se hace visible en el poder de la resurrección. En conclusión, la resurrección de Jesús tiene una trascendencia maravillosa para nuestras vidas; es una puerta abierta al gozo y a la vida plena. ¡Es una realidad gloriosa que se celebra día a día y un motivo para adorar cada mañana! ¡La resurrección de Jesús es esperanza y vida! Créditos:  Claudia Yáñez   Chile. 

Testigos del poder de la Resurrección

Texto: 1 Corintios 15:3-8  3. Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, 4. que fue sepultado, y que ha sido resucitado al tercer día, según las Escrituras, 5. y que fue visto por Pedro y luego por los doce, 6. después fue visto por más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven todavía, aunque algunos han muerto, 7. después fue visto por Santiago y luego por todos los apóstoles, 8. por último, fue visto también por mí; conmigo fue diferente, fui como un bebé nacido fuera de tiempo. La Resurrección es un poder transformador que nos traslada de la muerte a la vida, del dolor al gozo, de la desesperanza a la esperanza. Hace años atravesé uno de los momentos más dolorosos cuando mi hijo de 19 años murió. Fue algo inesperado, la noche anterior estábamos cenando juntos, y al otro día él ya no estaba ahí. No existen palabras para describir el dolor y la angustia de aquel momento, estaba destrozada. Es algo que se experimenta en el interior, una tristeza que te atraviesa y te quita las fuerzas. Pero estando así, experimenté algo que me sostenía y mantenía de pie, era un poder que no provenía de mí, no conocía lo que era, pero estaba allí, lo estaba experimentando solo por la gracia, el amor y la misericordia de Dios. Creo que tal vez los discípulos de Jesús experimentaron un dolor así cuando lo vieron en aquella cruz. Su esperanza salvadora estaba allí ante ellos; humillado, desfigurado, crucificado, luego muerto, y sepultado. Debieron estar destrozados, afligidos, el dolor debió haber atravesado sus corazones, su alma y su espíritu. Y qué decir de María, la madre de Jesús, parada ante aquella escena al pie de la cruz donde su hijo estaba crucificado. ¿Lo puedes imaginar? Enfrentar la muerte de quienes amamos es realmente doloroso, una copa amarga que no quisiéramos tomar. Pero pronto comprenderían el significado de las palabras de Jesús cuando dijo “si el grano de trigo no cae a tierra y muere, queda solo; pero si muere, dará mucho fruto”.  Al tercer día Jesús resucitó. El apóstol Pablo en 1 Corintios 15 nos dice: “Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí; que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día… que fue visto por Pedro y luego por los doce, después fue visto por más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven todavía, aunque algunos han muerto, después fue visto por Santiago, luego por todos los apóstoles, y por último fue visto también por mí...”. ¡Jesús resucitó! Él se presentó ante ellos, caminó con ellos, se sentó a la mesa y partió el pan con ellos. Si el dolor que experimentaron por Su muerte fue profundo, la realidad de la Resurrección de Cristo despertó en ellos una acción liberadora y transformadora causada por el mismo poder que resucitó a Jesús de entre los muertos; “el poder del Espíritu de Dios que vivifica nuestros cuerpos mortales y nos llena de un gozo y fortaleza interna que da vida, transforma e imparte paz”. Esa es la Pascua que nosotros celebramos; el paso de la desesperanza de la muerte al gozo de la vida por medio del poder de la Resurrección de Cristo. Una realidad presente, de la que todos podemos disfrutar hoy. La Resurrección es ese poder que se experimenta en el interior del ser humano y que comienza a transformar progresivamente nuestro carácter, nuestra forma de pensar, de actuar, de vivir. La Resurrección es el poder del evangelio que libera, consuela, fortalece, dignifica, ama, tiene misericordia y perdona. La Resurrección de Cristo es poder de Dios; es más que la esperanza, es la certeza de que hay vida más allá de la muerte física. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Ser cristiano implica experimentar, conocer, manifestar y transmitir el poder de la Resurrección. Un poder y un gozo que, si bien no nos libra de situaciones adversas, nos fortalece, nos acompaña y consuela en medio de ellas. Nuestra vida es el mayor testimonio de la Resurrección de Cristo. Un Cristo Vivo, que nos sacó de las tinieblas de la muerte y del dolor, a la luz del poder de una vida que testifica Su presencia en nosotros, para salvar y liberar. La Iglesia es el cuerpo resucitado de Cristo, somos los “muchos frutos” donde vive el postrer Adán, Cristo, el Espíritu Vivificante que nos acompaña día a día y nos convierte en los testigos del poder de la Resurrección, para transmitir a través de nuestros hechos un mensaje que imparte vida, justicia, paz y gozo en el Espíritu. Ileana Cruz Puerto Rico

Testigos de la Transformación

Apocalipsis 1:18 Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades La vida de Jesús en la tierra se inicia y culmina con dos fenómenos sumamente humanos, que muchas veces son pasados por alto. Al comienzo pasó por el proceso natural de meses "dentro" del vientre de su madre; y al final estuvo días "dentro" de la madre tierra, como un cadáver. Según una perspectiva humana, el "sábado de gloria" realmente es poco glorioso, ya que Dios (Jesús) estaba muerto. Parecía que Jesús era apenas un muerto más entre los cadáveres de Jerusalén. Los tiempos verbales en este texto de Apocalipsis son espectaculares e intrigantes; y a simple vista o por lógica parecen estar equivocados. Lo más racional sería algo así como: "estuve vivo, pero ahora estoy muerto por los siglos de los siglos". Pero como decía nuestro estimado Juan Stam, la resurrección de Cristo invirtió los tiempos verbales y Jesucristo puede decir "estuve muerto" (tiempo pasado, una realidad superada) y "ahora vivo" (tiempo presente) "por los siglos de los siglos" (futuro sin fin). ¡Cristo es el muerto que por su muerte mató a la muerte para siempre! La resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra esperanza y la posibilidad de nuestras transformaciones existenciales; tenemos una esperanza bien establecida en base a un hecho ya comprobado: Jesús ha resucitado. La esperanza es innegociable para nuestra fe y para que seamos transformados por Dios a ser cada vez más como Jesucristo, de gloria en gloria. Esta reflexión apocalíptica también es una invitación a que seamos más humanos, saber que Cristo estuvo muerto nos lleva a recordar que él fue profundamente humano, y que, a pesar de su humanidad, fue resucitado y glorificado y está a la derecha del Padre; la resurrección es una afirmación de lo humano dando esperanza de transformación de nuestra realidad física. Como expresa Pablo en 1 Timoteo 2, “hay un solo mediador entre Dios y los hombres y las mujeres, Jesucristo hombre”. A la diestra de Dios hay un ser humano, en cuerpo glorificado, que intercede por nosotros. La resurrección de Cristo transformó totalmente y eternamente el sentido de la muerte y por eso hoy somos testigos de esta transformación. Por medio de la pascua cristiana podemos pasar de la muerte a la vida en Jesucristo, y reflexionar que el acontecimiento más genial y significativo de todos los tiempos no fue una batalla increíble, ni un discurso filosófico extenso, ni algo humanamente espectacular, más bien fue una muerte... y muerte de cruz. Una muerte que nos llama a matar nuestro “yo” de pecado, y ser testigos de la transformación a través del amor de Dios, y que estas transformaciones nos permitan decir, “ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”. Créditos:  Vonei Ribeiro do Santos  Brasil 

Testigos de la Redención

Lucas 22: 19-20 TCB  Tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: - Este es mi cuerpo que es entregado por ustedes, hagan esto en memoria de mí. Igualmente, después de haber cenado, tomó la última copa de la ceremonia pascual y dijo: - Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes.  Uno de los eventos más significativos en la vida de nuestro Señor Jesucristo fue la Última Cena. Este acto no fue simplemente una comida pasajera, sino un momento cargado de simbolismo y profundidad teológica que revela el amor redentor de nuestro Salvador. La Última Cena, que se transformó en el sacramento de la Santa Cena, es un Memorial de Salvación, directamente conectado a la Pascua judía.  La Pascua era una tradición ancestral arraigada en la historia del pueblo judío. Era una ocasión sagrada en la que se recordaba la liberación de la esclavitud en Egipto y se renovaba la alianza entre Dios y su pueblo. Sin embargo, en la Última Cena, Jesús infundió un nuevo significado a esta celebración ancestral, revelando así su identidad como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Jesús eligió el momento de la Pascua para instituir la Santa Cena, mostrando así que él mismo era el cumplimiento de la Pascua judía.  Al participar del pan y el vino, Jesús estableció un nuevo pacto en su sangre derramada por la redención de la humanidad. En la tradición judía, la Pascua tenía múltiples significados, desde recordar la liberación de Egipto hasta evocar un futuro mesiánico. Jesús, como buen rabino, entendió y encapsuló todos estos significados en la Última Cena, revelándose como el cumplimiento de las promesas de Dios a lo largo de la historia. La instrucción de Jesús de hacer esto en memoria de él, va más allá de simplemente recordar un evento pasado. En los cuatro relatos se repite dos veces "hacer esto en memoria de mí". La palabra "memorial" o "memoria" en hebreo es "Zikkaron" y en griego es "Anamnesis"; ambos significan la capacidad de traer al presente una historia de salvación y unirla a mi experiencia de muerte para salvarme, que esta salvación del pasado me siga salvando ahora, que la salvación se siga dando en diferentes contextos. Por esta razón, si reconstruimos las palabras de Cristo desde las lenguas bíblicas, entenderemos que lo que él quiso decir fue que debemos recordar su muerte como salvación para nuestra situación hoy.  La cena Pascual estaba dividida en las siguientes partes:  Ritual del Bedikáh - Purificación - Consistía en la purificación de la cocina, de cualquier elemento de levadura. Primer plato: Hierbas amargas más la salsa de Haroset - significaba recordar la experiencia de esclavitud, y de haber vivido la amargura de la miseria. Cuando se empezaba a comer las hierbas, el rabino o maestro de ceremonia comenzaba a decir que ya no estaban viviendo en Egipto, pero cada uno está atravesando nuevas formas de muerte, nuevas experiencias de amargura. Cuando se iba masticando esas hierbas, uno iba reflexionando sobre su miseria personal (pecado, enfermedad, bajo autoestima, persecución, etc.), y para aliviar la amargura estaba la salsa de Haroset que era agridulce y significaba esperanza.  Cuando se comía la hierba se mezclaba con la salsa, porque era la única forma que se podía digerir algo tan amargo. El plato completo significaba que no hay dolor, no hay muerte, que uno no pueda soportar cuando se cuenta con la esperanza de que Dios nos viene a liberar del dolor, También tomaban con el primer plato la primera copa de vino: Qiddush - Bendición - porque esta fiesta brindaba bendiciones de salvación. Liturgia Pascual: Hagaddah (k) - historia - El maestro de ceremonia empezaba a contar la historia de salvación del Éxodo. Este relato de volver a contar la acción salvadora de Dios era todo un texto elaborado transmitido oralmente. Citaba la primera parte de los salmos de Hallel (alabanza): Salmos 113-118 y se tomaba la segunda copa de vino: Copa del Hagaddah - Copa de la historia de salvación. Segundo Plato: El Cordero Pascual - Cordero de la salvación, que simbolizaba vivir la auténtica liberación. Siempre venía acompañado con legumbres ricas y panes ázimos. Todo este plato expresaba una liberación verdadera, después de vivir la esclavitud, enamorarse de la idea de que ya eres plenamente libre. Aunque incluía algunos hierbas amargas también, simbolizando que siempre habrán momentos difíciles en el camino pero podemos tener fe en el Cordero de Dios. Uno encontraba paz en el momento que comía el cordero, acompañado de la tercera copa: Massot - Copa del cordero Pascual. La cena concluía con la cuarta y última copa de vino - Copa del Hallel, copa de la alabanza. Si entendemos estos símbolos de la cena pascual, podemos entender los significados exegéticos de la santa cena: Un acto de amor ágape. La cruz como máxima expresión de amor sacrificial. Un proceso terapéutico: Ya que cuando dice que lo hagamos en memoria de Él, era con la intención de que fuéramos transformados y liberados cada vez que participáramos de la Santa Cena. Un acto de conversión y transformación: Tiene un poder evangelizador porque nos recuerda que cuando Cristo dio su vida éramos aún pecadores. Una invitación a la Unidad: Jesús compartió con los discípulos, y también en la tradición judía la cena Pascual era un espacio para crear unidad. La iglesia primitiva entendió esto, por eso su primera liturgia era reunirse para celebrar la eucaristía. Adorar es centrar la vida en Dios. Recordar su sacrificio, pues en Él encontramos la plenitud de vida. Cada liturgia debe ser una terapia de transformación y de unidad. Una recompensa de Paz: Recibimos justificación y paz con Dios mediante la cruz de Cristo. Un acto de Vida: Reproducir la gracia y encontrar vida en Jesús. Un proyecto de adoración: La adoración no se limita a expresiones litúrgicas, sino a encarnar la vida de Cristo en nosotros. Una profecía pascual: Se anuncia su muerte como una profecía, con una dimensión escatológica. Profundicemos en el significado y el impacto de este sacramento en nuestras vidas, compartamos en nuestras iglesias la riqueza exegética de lo que nos enseño Jesús en esta ultima cena y no nos cansemos de hacer esto en memoria de nuestro Salvador.  Créditos:  Yattenciy Bonilla - Ecuador. 

Testigos de Su liderazgo de servicio 

Texto: Juan 13:1 Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que la hora para regresar al Padre había llegado, y habiendo amado sacrificialmente a su gente, los que estaban en este mundo, los amó extremadamente.   No hay cómo negar que este relato, describiendo a Jesús lavando los pies a sus discípulos, no solo transforma la idea del liderazgo en esa época, sino también en la actualidad. Sabemos muy bien lo que le sucede a Jesús en ese día y cuál será el impacto en toda la humanidad. En este sentido, por más que los discípulos fueron los únicos en participar de la última cena de Jesús y sentir la mezcla de emociones y sensaciones en lo ocurrido. Al leer el acto de Jesús lavando los pies a sus discípulos y luego leer que fueran partícipes de esta cena, hace que también tengamos un sentimiento de doblegar el orgullo, la soberbia y tener ante todo humildad, porque este líder, en vez de fundamentar su liderazgo con "poder" como sucedía en las culturas de esa época, lo hacía demostrando su liderazgo en sacrificio, entrega y servicio. La Pascua es esa fiesta en la que se celebra la intervención de un Dios capaz de sacarnos del cautiverio. Jesús era parte de un pueblo que todos los años se reunía para celebrar este momento tan importante y recordar la liberación de la opresión. Aquí entonces tenemos a Jesús sabiendo que su hora ya había llegado junto a sus amigos y discípulos más cercanos. Estaban en la preparación de esta cena tan relevante, y me encanta que antes de dar inicio al acto, él menciona, para mí, uno de los versículos más importantes de los evangelios: "y habiendo amado sacrificialmente a su gente, los que estaban en este mundo, los amó extremadamente" (Juan 13:1b). Lo impactante en ese texto, es cuánta fuerza hay en esas palabras dichas por Jesús. Jesús es esa inspiración nuestra, es ese Dios que ama hasta el fin, extremadamente. Él no ama solo hasta el medio, o hasta un punto nada más, y no hace las cosas en base a trueques, chantajes o intereses. Él amó a los suyos y los amó hasta el fin. Es lo que Dios tiene para darnos: amor hasta el fin de nuestro caminar. Ahora, volviendo al texto. Jesús está con los suyos, celebrando la fiesta de la liberación, pero ya sabiendo lo que sucedería. Cuando de repente resuelve invertir toda lógica u orden jerárquico que ya existía en aquel momento, haciendo lo inimaginable. Jesús se levanta entonces de la mesa, se quita el manto y se ata una toalla a la cintura. Luego echa agua en un recipiente y comienza a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura (Juan 13:4-5). Lo inimaginable en estos versículos es que el acto o ritual del lavado de los pies lo realizaba el siervo o esclavo de la familia anfitriona. Nunca el jefe de la casa lavaría los pies de sus invitados, eso sería mucha deshonra. Sin embargo, Jesús aquí refuerza su servicio a todos y ante todos, sirve a la humanidad en su divinidad para demostrar que todos somos llamados para lavar los pies, los unos a los otros. Este acto es tan subversivo, quebrando paradigmas, que uno de sus discípulos, Simón Pedro, se niega a participar. Porque para él no hay lógica en que su Señor le lave los pies. Pero lo interesante es que, así como fue dicho anteriormente, tamaña intensidad en el amor de Jesús es que le menciona que era necesario aquel acto para tener parte con Él. El servicio es necesario no para engrandecerse, sino para demostrar que se ama a todos sin prejuicios ni intereses. Es necesario servir y entregarnos al sacrificio para amar a todos, amar principalmente a aquellos que nos odian, que son nuestros enemigos y que nos traicionarán, así como sucedió allí con Jesús. Al pensar detalladamente, en este sacramento, pudiéramos pensar que la otra persona tiene que mostrar que es importante o que merece el acto de servicio. Sin embargo, el mismo hecho de lavarle los pies a alguien que no tiene el mismo aprecio o es posible que nos engañe, solo refuerza la idea que Jesús quiere servirnos a todos y que todos son bienvenidos al acto del servicio que antecede la cena de la nueva alianza. Por eso el amor de Dios es tan subversivo, porque no tiene límites en su magnitud. Para nosotros todo amor tiene límites, y se nos hace difícil comprender a un Dios que ama sin límites.  No hay que sorprenderse porque el que ama, lo hace sabiendo que puede ser traicionado. La traición presupone una experiencia de amor. Es en esa nueva alianza de la cena, del pan y del vino que tenemos el sacrificio de amor por todos. Cenas y almuerzos, encuentros a partir del pan. Son pequeñas pausas en las locuras de nuestras vidas. Siendo que aquí Jesús quiere reforzar el lazo y sus relaciones de amor con todos, y les muestra la importancia de la pascua no solo por lo sucedido anteriormente, sino por el significado que toma forma durante el acto de celebración de este sacramento en memoria de la liberación presente y futura. El sentido de la vida está en el servicio y el verdadero liderazgo es el que se fundamenta en el ejemplo de Jesús. No hay otra alternativa al servicio, o nos disponemos a servir a las personas con nuestros servicios y nuestros talentos, con lo que somos y tenemos, o nuestras vidas carecerán de sentido. Que Dios nos mantenga sirviendo intensamente y amando hasta el fin. Créditos:  Klaus Oliveira Moraes Brasil 

Testigos de sus enseñanzas

Mateo 13:45-46 45. Una vez más Jesús contó otra parábola: - El reino de los cielos es semejante a un comerciante que busca perlas de buena calidad; 46. y cuando encontró una perla de mucho valor, se fue, y vendió todo lo que tenía y la compró                        ¿Alguna vez has escuchado la historia de la perla de gran precio? Jesús tenía una forma única y creativa de enseñar, utilizando parábolas y metáforas que resonaban profundamente en el corazón de sus seguidores. La parábola de la perla de gran precio es un ejemplo perfecto de su ingeniosa estrategia educativa. Imagina a Jesús rodeado por una multitud ansiosa de aprender. Con una sonrisa en su rostro, les cuenta una historia sencilla pero llena de significado. Habla de un mercader en busca de perlas finas, quien al encontrar una perla de gran valor, vende todo lo que tiene para comprarla. ¿Qué nos enseña esta historia? Jesús nos muestra que el Reino de Dios es como esa perla de gran precio: algo tan valioso que vale la pena sacrificar todo para obtenerlo. Pero también nos enseña sobre la creatividad en la enseñanza. Jesús no recita largos discursos teológicos; en cambio, utiliza imágenes simples y poderosas que dejan una impresión duradera en la mente de sus seguidores. La enseñanza de Jesús no solo impactaba a sus oyentes en el momento, sino que también tenía un efecto transformador en sus vidas. La parábola de la perla de gran precio desafiaba a sus seguidores a reflexionar sobre lo que realmente valoraban en la vida y a reconsiderar sus prioridades.  Y nosotros, como seguidores de Jesús, también podemos seguir su ejemplo siendo creativos al enseñar. Podemos utilizar historias, analogías y ejemplos cotidianos para transmitir verdades profundas de manera accesible y relevante. Recordemos que la profundidad no está reñida con la sencillez; a menudo, las lecciones más poderosas vienen envueltas en las palabras más simples. Pero lo más importante es recordar el objetivo final de nuestra enseñanza: la transformación de vidas. Al igual que Jesús, debemos sentir pasión por compartir el mensaje del Evangelio y ver cómo las personas son transformadas por él. Que esta pasión nos impulse a ser creativos, innovadores y apasionados en nuestra labor de enseñar y compartir la verdad de Dios con nuestras familias, amigos, vecinos y toda la comunidad.  Que el ejemplo de Jesús nos inspire a buscar siempre nuevas formas de comunicar el amor y la gracia de Dios, y que podamos ver cómo nuestras palabras y acciones tienen un impacto duradero en aquellos que nos rodean.  Créditos:  Jenniffer Contreras Puerto Rico

Testigos de la purificación 

Texto: 1 Corintios 5:7-8: 7. “Purifíquense de la levadura vieja para que puedan ser como masa nueva; pues ustedes son como los panes ázimos de la Pascua, que no tienen levadura, y nuestra vida, como una masa nueva, porque nuestra fiesta de Pascua, que es el paso de la muerte a la vida, ya fue celebrada, nuestro cordero pascual es Cristo, que fue sacrificado en la cruz; 8. así que vivamos la experiencia pascual, no con levadura vieja, que representa el pecado, ni contaminados de levadura de malicia y maldad, seamos más bien purificados como el pan sin levadura, para vivir con sinceridad y verdad.” La Pascua judía comienza con la fiesta de los Panes sin Levadura, también conocida como la fiesta de los Panes Ázimos. Esto se debe a que desde tiempos remotos, cuando Dios iba a sacar a su pueblo de Egipto, les instruyó acerca de esta celebración. En Éxodo 12:15-17 encontramos los detalles de este rito. Una de las principales ordenanzas de la fiesta era eliminar la levadura de toda la casa y purificar todo, incluyendo sus vidas, hogares y corazones, para que Dios pudiera llevar a cabo su salvación y liberación a través del proceso terapéutico de la Pascua. Antes de que la fiesta comenzara, no debía haber nada leudado, y durante siete días se comían panes sin levadura. Es decir, debía haber una purificación plena y perfecta para que la salvación integral fuera posible. Con el transcurrir de los siglos, uno de los mandamientos estrictos para el pueblo judío era que la Pascua solo podía llevarse a cabo en el Templo de Jerusalén, como se menciona en Deuteronomio 16:2-6. Además, sin la fiesta de los Panes sin Levadura, era imposible llevar a cabo la Pascua. Por eso, la purificación del templo era tan necesaria para que la Pascua de Jesús como el Cordero se llevara a cabo con todos sus elementos. Jesucristo, en este acto profético, purificó la casa de Dios para que cuando se entregara por amor a nosotros, el rito fuera completamente exitoso. Como ya dijo el autor de la carta a los Hebreos, sin santificación, nadie puede ver a Dios. Sin ser testigos de la purificación en nuestras vidas, sin quitar todo lo que contamina, sin renunciar a todo lo que no agrada a Dios, no hay Pascua. Por eso, Jesús comenzó la semana purificando el templo, en preparación solemne para todos los otros hechos salvíficos que se darían en secuencia para la salvación universal. Además, como se menciona en Éxodo 12:15-17, uno de los elementos importantes del memorial de los Panes sin Levadura en la Pascua era que tenían que comer de prisa, ya que no podían esperar a que el pan fermentara. Esto se debía a la prisa de Dios por sacar al pueblo de Egipto, liberándolos del sufrimiento y la esclavitud. Del mismo modo, este mismo Dios tiene prisa por obrar en tu vida hoy, en liberarte de cualquier tipo de opresión, en salvarte y purificarte. Dios desea transformar tu vida de inmediato; hay un sentido de urgencia en todo lo que el Señor quiere obrar en ti, y también a través de ti. La verdadera Pascua para nosotros actualmente consiste en reconocer que Jesucristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y que todo el proceso fue importante para el cumplimiento de la promesa, desde la purificación hasta la resurrección. El apóstol Pablo entendió este rito completo y todo su significado, como nos explica en 1 Corintios 5:7, el texto mencionado al principio, para que tengamos una vida verdadera. Las fiestas son memoriales que nos ayudan a recordar eventos y significados importantes que no podemos olvidar, por eso las repetimos de vez en cuando, como se menciona en Éxodo 13:3. Así como en su momento Israel fue liberado de la esclavitud de Egipto, hoy nosotros somos liberados de la esclavitud del pecado. Todo este proceso es un recordatorio de lo que debe suceder constantemente en nuestras vidas: que cada día seamos testigos de la purificación de Dios en nuestras mentes, corazones y hogares, para que seamos agentes de la purificación del Señor en este mundo que tanto necesita salvación. Debemos llevar este mensaje transformador, libre de impurezas, a todos los que podamos, y en estas reflexiones que hacemos en estos días de Semana Santa, realmente hacer memoria de todos sus significados trascendentales que nos pueden bendecir profundamente hoy. Créditos: Ester Alice da Rocha  Brasil

Testigos de la verdad: más allá de las falsas expectativas 

Marcos 11:9-10 TCB 9. Tanto los que iban adelante, como los que les seguían, gritaban: – ¡Hosanná!; ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!; 10. ¡Bendito el reino que viene de nuestro padre David!, ¡Hosanna en las alturas! El relato de la entrada de Jesús a Jerusalén es uno de los pocos que se encuentran en los cuatro evangelios, lo que indica su importancia no solo para las personas de aquella época, sino también para los cristianos a lo largo de la historia. Los evangelios describen su entrada a la ciudad como un acto triunfal y heroico, resaltando las multitudes y la exaltación a Jesús como el Mesías anhelado. Es importante reconocer que para entonces Jesús ya había ganado reconocimiento por los milagros que realizaba. Por lo tanto, si Jesús había hecho cosas extraordinarias en lugares pequeños e insignificantes en Galilea y Samaria, se esperaba que hiciera cosas aún mayores en la gran Jerusalén, capital de Judea y centro político, económico, social, ideológico y religioso del pueblo judío en aquella época. Las expectativas eran muchas; el pueblo deseaba acabar con la opresión por parte del Imperio Romano y estaban seguros de que había llegado el Mesías que los liberaría de tal opresión. Sin embargo, se equivocaron. Jesús no pretendía liberarlos del Imperio Romano, sino de sus falsas expectativas. Antes que liberarlos de un sistema político, ellos debían ser liberados de la ley, la religiosidad y la falta de amor. Es lamentable cómo aquellos que alabaron a Jesús en su entrada a Jerusalén creyeron saber lo que necesitaban, y al no cumplir con sus expectativas cambiaron sus hosannas por gritos de "¡Crucifícalo!" (Marcos 15:13-14). Quienes lo aplaudieron como héroe pronto lo rechazarían y condenarían. En muchas ocasiones, al igual que el pueblo judío, generamos falsas expectativas que responden a patrones sociales y se alejan del mensaje original de Dios. Nos aferramos a lugares, objetos y tradiciones que limitan su obrar, y cuando las cosas no suceden como esperamos, podemos cometer el mismo error que los judíos: crucificar a Jesús en nuestra vida. La entrada de Jesús a Jerusalén no representaba el dominio de los reinos terrenales, sino que buscaba ejemplificar lo que significa gobernar con amor, gracia y misericordia en el corazón de las personas. Su gloria no estaba representada por ejércitos, sino por la humildad, el servicio y el sacrificio en favor de otros. El propósito no es conquistar un territorio, sino nuestra propia vida, llenándonos de su amor y plenitud. Por lo tanto, si Jesús ha hecho una entrada triunfal en nuestros corazones, Él puede reinar en nosotros con amor, y entonces el mundo podrá ver a través de nosotros lo que representa una vida liberada y restaurada. El mundo podrá ver la verdad que desafía las expectativas y patrones del mundo.  Créditos:  Ingrid Hernández  Colombia

No sueltes la red

Texto: “Lucas 5:6. Así que, echaron las redes al agua, y agarraron una cantidad de peces tan grande, que hasta las redes amenazaban con romperse. 7. Entonces, por medio de señas pidieron a los compañeros de la otra barca, para que viniesen a ayudarles; ellos vinieron y llenaron ambas barcas. Y las barcas estaban a punto de hundirse.” El contexto de este pasaje es de un extraordinario milagro, se conoce como la “pesca milagrosa”, dónde Jesús encuentra a Pedro y sus colegas pescadores; Jesús entra en su barca, libera una palabra de bendición y Pedro obedece, pero cuando se cumple este milagro tan increíble, no esperado pero tan pertinente, cuando parece que es el final feliz de la historia, las redes amenazaban con romperse y las barcas estaban a punto de hundirse… Qué frustración, la situación estaba dada para ser un momento de celebración y por el contrario se volvió un momento de resistencia. Muchas veces queremos grandes resultados, pero todo resultado tiene un peso.  Quizás llegaste a un punto en que todo está muy pesado, pero existe una gran probabilidad que si está a punto de romperse es porque está lleno; exige mucho esfuerzo porque está lleno. Si no puedes con el peso, no lances redes, porque si Dios liberó una palabra sobre ti, sobre tu barca, sobre tus redes, es porque Él sabía que podrías soportar el peso, quizás no solo, tal vez sea necesario llamar por ayuda.  A vísperas de grandes milagros de Dios en tu vida, lo más difícil no siempre es ser perseverante en lo que Dios te mandó, a veces, lo más difícil no es lanzar las redes, no es salir a buscar. Lo más difícil es estar preparado para recibir. Dios no libera sobre nuestras vidas una palabra para la muerte, que destruya la estructura que va a recibir, pero cuando las redes vienen llenas, el peso ciertamente se va a sentir. Muchos sueltan las redes porque las barcas están a punto de hundirse, sueltan las redes, desisten de sus sueños, porque está muy pesado para sostener. La vida nos prueba para ver si estamos listos para recibir tanto, y en esos momentos tenemos que confiar en el Señor y tener las fuerzas para sostener las redes. Porque hay momentos que entra agua a la barca, que la madera parece que no va a poder soportar, la estructura aparenta no resistir, parece que el resultado es más difícil de lo que logras aguantar; pero debes seguir creyendo que quien te mandó a lanzar la red, entró en tu barca, vio tu estructura, predicó desde adentro de tu barca y no te mandaría a un lugar para naufragar. Tu ministerio no va a hundirse, tu familia no va a hundirse, Dios solamente está ampliando tus límites para recibir en abundancia.  Si logras soportar el “estuvo a punto de…”, es gracias a que Dios ya intervino para cambiar tu historia, puede que esté a punto de hundirse, pero si Jesús mandó, y fuiste capaz de obedecer y sobrellevar todo el proceso, soporta el peso para concluir la victoria. El mensaje de Dios hoy es para darte una sacudida, una palmada en el hombro y decirte: No sueltes esa red, puede que digas: “pero Señor está pesada”, “parece que voy a morir”, “estoy cansado”, la respuesta de Dios a todas estas inquietudes es: “no sueltes la red”.  Créditos:  Ester Alice da Rocha  Brasil 

¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO? 

MARCOS 15:33. Al mediodía se oscureció toda la tierra, hasta las tres de la tarde; 34. y a esta hora, Jesús gritó intensamente:  - “¡Eloí, Eloí!, ¿lema sabactani?”, que significa: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?” MARCOS 14:36 y decía: Papito, todo es posible para ti, por favor no me dejes sufrir, tengo mucho miedo de morir, si es posible, líbrame de este momento de dolor. Pero no quiero que se haga mi voluntad, sino la tuya. Cuando han pasado los años y escucho tanta historia triste, de pérdidas, engaños, desilusiones, sueños frustrados, los propios y los que otros nos lo quieren imponer, fracasos, equivocaciones cometidas que luego no sabemos cómo resolverlas. Cuando veo vidas que fueron dañadas por el abuso físico, emocional o sexual. Cuando me encuentro ante personas inmersas en el alcoholismo, la pornografía, la drogadicción u otro tipo de adicciones.  Cuando escucho el dolor de la palabra no dicha, por que la persona no se encuentra ya en ese momento. Cuando percibo el deseo de morir ante tanta impotencia, o cuando siento un vacío en la vida de la persona aun cuando han alcanzado todo lo que el mundo le podía ofrecer, es cuando comparto en mi mente y mi corazón ese sentimiento de abandono. Y aun yo misma en mi propio caminar ante crisis difíciles de superar me he sentido así, sola, abandonada, impotente, vulnerable y sin fuerzas. Uno de los propósitos del Señor Jesús fue identificarse con sus criaturas, un hombre que estaba consciente de lo que le acontecerá, toma a sus tres amigos íntimos, y les piden que le acompañen, por que comenzaba a entristecerse y angustiarse en gran manera, y les dice “Mi ser está sufriendo tan intensamente, hasta la muerte; permanezcan aquí y acompáñenme en mi dolor”.  Comenzaba a sentirse abandonado, impotente ante lo que vendría, busca la compañía de quienes habían sido sus fieles seguidores, sin embargo, su dolor es más profundo y se postra sobre su rostro, y ora: “Papito, todo es posible para ti, por favor no me dejes sufrir, tengo mucho miedo de morir, si es posible, líbrame de este momento de dolor¨.  Y es que cuando nos sentimos abandonados, cuando tomamos conciencia de nuestro estado de aislamiento, cuando estamos impotentes ante las circunstancias, buscamos primero a quienes están más cerca, y de repente al igual que Pedro, Jacobo y Juan, los encontramos dormidos, indolentes, insensibles, y nuestra sensación de abandono se profundiza aún más. Más adelante Jesús, seguiría con su destino, golpeado, vituperado, desechado, y clavado en una cruz, y en ese momento, lo que clama es “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”.  En el mundo en que estamos viviendo, un mundo en donde se caracteriza por esas relaciones líquidas, relaciones a todo nivel cuya característica principal es la falta de compromiso, ha generado que la enfermedad más silenciosa y que ahora la encontramos incluso en niños sea la depresión. En donde te sumerges en un dolor intenso y en un sentimiento de abandono, donde solo con ayuda puedes salir. El Señor Jesús, nos da esperanza, de que nuestro clamor, y nuestro vacío puede ser llenado por el inmenso amor de quien es el amor mismo como lo afirma en la 1 carta de Juan. Y de quien demostró cuánto nos amaba que aun a pesar del dolor que sentía siguió adelante con el propósito de su nacimiento, morir por amor por todos aquellos que son su creación. El Señor entiende estos sentimientos, es por eso que dijo “Pero no quiero que se haga mi voluntad, sino la tuya”, porque el gran amor que él siente por cada uno de nosotros no podía terminar en el Getsemaní, ni en la Cruz, sino en la Resurrección, en la Esperanza, porque el precio que pagó, que es su vida, nos daría SALVACIÓN, ya no seriamos esclavos de nuestros sentimientos, y circunstancias, sino que Él sería el dulce refugio, el abrazo eterno,  el consuelo,   la paz, la fuerza en medio de nuestra debilidad, la luz, el agua cristalina, el que seca nuestras lágrimas y las convierte en gozo, el que nos ama, y nos perdona, cuando nos acercamos a El  arrepentidos, y dispuestos a cambiar a darnos una segunda oportunidad, de vivir en la certeza de que Él toma todo nuestro pasado y lo hace nuevo, y nos da una vida nueva y abundante. Que este sacrificio de amor que nos dio por gracia, lo tomemos, lo disfrutemos y lo compartamos, que no permanezcamos dormidos ante aquellos que están clamando y sintiéndose abandonados, que podamos aprender y ser canales de bendición para otros. Que la respuesta que recibamos sea: “Y TODO SER VIVIENTE VERÁ LA SALVACIÓN DE DIOS”. Créditos:  Paulina Buitrón Ecuador 

La Mujer en el Nuevo Testamento

Texto: Romanos. 16:7 “Saluden a Andrónico y a Junia, que son mis parientes, judíos como yo, y que estuvieron en la cárcel conmigo. Son apóstoles bien conocidos y respetados, y se convirtieron a Cristo antes que yo.” Romanos. 16:7 TCB El Nuevo Testamento nos presenta una imagen rica y diversa de las mujeres en la época de Jesús. A pesar de las limitaciones culturales de la época, estas mujeres jugaron un papel crucial en la historia del cristianismo. Entre ellas, se destaca Junia, una figura poco conocida pero con un importante aporte en el cristianismo originario. Cuando consideramos que el texto sagrado se escribió en un contexto donde las mujeres no eran reconocidas ni celebradas, cabe destacar que en términos del lenguaje, Pablo hace una elección muy selectiva de palabras para referirse a Junia. Notemos la indiscutible estimación y respeto que Pablo siente por ella. El apóstol la incluye entre sus compañeros de prisiones: "que estuvieron en la cárcel conmigo." Es significativa la equiparación que Pablo hace de sí mismo con respecto a Junia. Por las palabras del apóstol inferimos que la fe de Junia era práctica y notoria dentro de la comunidad de fe, ya que expresa: "...Son apóstoles bien conocidos y respetados, y se convirtieron a Cristo antes que yo." Podemos deducir que Pablo desafía las normas culturales de su época al hacer mención especial de Junia por su relación con Cristo y por su relación con los demás. Esta mujer, aparte de probablemente haberle servido de mentora en la fe a Pablo, había sufrido encarcelamiento por difundir el Evangelio. Además, era destacada entre los apóstoles (a pesar de las controversias no sostenibles en cuanto al apostolado de Junia). No subestimemos la mención honorable que Pablo hace de esta mujer líder, lo cual era inimaginable para la sociedad en los tiempos bíblicos. El reconocimiento de Pablo hacia esta mujer denota un nuevo paradigma en cuanto al rol de la mujer en la iglesia cristiana. Desafortunadamente, algunos textos bíblicos se han sacado de su contexto para opacarla, pero toda la Biblia evidencia una continuidad en el ministerio de la mujer desde Génesis. En los cuatro relatos del Evangelio, narrados por Marcos, Mateo, Lucas y Juan, observamos que nuestro Señor, Jesús, en cada encuentro con una mujer la dignificó, la afirmó y la comisionó. Pablo, como un buen imitador de Cristo, en Romanos 16:7, públicamente afirma a Junia resaltando su relación con Cristo, su labor y apostolado. ¿No debemos nosotros hacer lo mismo? El testimonio de Junia demuestra que las mujeres jugaron un papel importante en la difusión del mensaje de Cristo y que pueden desempeñar un liderazgo real en la iglesia de hoy. ¿De qué manera el rol de Junia como apóstol desafía las ideas tradicionales sobre el liderazgo femenino en la Iglesia? ¿Cómo te inspira su ejemplo? El apóstol Pablo, en Romanos 16:7, nos insta a celebrar, afirmar y reconocer a las mujeres que, junto a los santos hombres de Dios, siguen sirviendo y esparciendo el Reino de los Cielos con el mensaje de Jesús, el Cristo. Créditos:  Heriberta Osoria  República Dominicana 

El impacto de una mujer valiente

Texto: 25. La mujer le respondió: - Sé que viene el Mesías, al que llaman Cristo; cuando Él venga, nos enseñará todas estas cosas.  26. Jesús le dijo: - Yo soy el Mesías, el que habla contigo. (Juan 4:25-26) La Biblia está llena de relatos de mujeres valiosas y valientes que marcaron la diferencia a través de los siglos. La narración de la mujer samaritana junto al pozo en Juan 4 es uno de estos muchos ejemplos. Jesús, desafiando deliberadamente las normas sociales, la busca para ofrecerle algo transformador, una experiencia que esta mujer necesitaba urgentemente. Mientras profundizamos en Juan 4, exploremos la belleza del corazón de la mujer samaritana: curiosa y con una inmensa necesidad, en busca de plenitud y sanación. El encuentro de la mujer samaritana con Jesús va más allá de una conversación casual. Su corazón, anhelando algo más en la vida, entabla un diálogo profundo e inteligente. Una de las cualidades que la distingue es su negativa a ocultar sus difíciles circunstancias o poner excusas. En cambio, las deja al descubierto ante Jesús, creando un espacio para una conexión genuina. En respuesta a su autenticidad, Jesús, movido por la compasión, revela su identidad como Aquel que trae la salvación, pronunciando las profundas palabras: " Yo soy el Mesías, el que habla contigo." ¿Imaginas el rostro de la mujer? Esta revelación enciende una llama dentro de ella, y sin reservas ni miedo, corre hacia su comunidad, proclamando el encuentro con Jesús que cambió su vida. Su pasión por compartir el poder transformador de Cristo se convierte en un catalizador para el despertar espiritual de quienes la rodean. La mujer, una vez marcada por la exclusión social, se convierte en un instrumento de redención, que lleva a muchos a la fuente de la verdadera sanidad y plenitud. Así como la mujer samaritana desafió las barreras culturales y compartió valientemente su testimonio, las mujeres de hoy desempeñan un papel crucial en el ministerio. Su coraje, autenticidad y pasión por compartir el amor transformador de Cristo hacen eco de la audacia de la mujer samaritana. Que Dios nos ayude a que todos, inspirados por su ejemplo, aprovechemos la oportunidad que tenemos cada día, de acercarnos a Jesús con un corazón sincero y comprometido a guiar sin temor a otros a un encuentro transformador con el Señor.  En un mundo hambriento de plenitud, sigamos el ejemplo de la mujer samaritana, convirtiéndonos en vasos de esperanza y transformación en nuestras comunidades. Créditos:  Jenniffer Contreras Flores  Puerto Rico 

El Amor en Acción: Más Allá de Sentimientos

“Y Jesús le respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer y más importante mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo“Mateo 22:37-39 TCB En un mundo lleno de individualismo y división, el llamado a amar a nuestro prójimo resuena como una invitación urgente para construir puentes de comprensión y solidaridad. Este amor, descrito por Jesús, va más allá de los sentimientos; es un compromiso que se revela en acción hacia el bienestar del otro. El amor al prójimo es una manifestación tangible de nuestra fe. 1 Juan 4:20 nos recuerda que no podemos amar a Dios, a quien no hemos visto, si no amamos a nuestro prójimo, a quien vemos. Este amor se expresa en acciones: escuchar, ayudar, perdonar y compartir, incluso con aquellos que consideramos diferentes o adversarios. El amor al prójimo, según las Escrituras, no es simplemente un mandato moral externo, sino una respuesta natural a la comprensión de quién es Dios y cómo nos ha amado primero. En este contexto, el amor trasciende la mera emoción o afecto; se convierte en un acto de voluntad, una decisión consciente de buscar el bien del otro, reflejando así el amor incondicional de Dios por nosotros. Karl Barth, en su monumental obra "Church Dogmatics", articula una visión del amor de Dios que es a la vez radical y transformadora. Él escribe: "Ser cristiano significa participar en el encuentro de Dios con el hombre". Esta frase resalta la idea de que nuestra capacidad de amar al prójimo fluye directamente de nuestro encuentro con Dios. El amor divino, al encontrarnos, nos capacita y nos impulsa a amar a aquellos que tenemos a nuestro alrededor. El amor al prójimo, entonces, se convierte en una manifestación de nuestra teología; es decir, cómo entendemos a Dios y cómo eso moldea nuestras vidas. Amar no es solo sentir compasión o actuar amablemente; es ver en el otro la imagen de Dios y responder a esa imagen con respeto, cuidado y sacrificio. Esto implica reconocer la dignidad intrínseca de cada persona, independientemente de su condición social, económica o moral. En la práctica, actuar justamente, promover la equidad, y estar dispuestos a sacrificar nuestros propios intereses por el bienestar de los demás es mostrar el significado del amor. Es ser voz de los sin voz, defender a los oprimidos y brindar consuelo a los afligidos. En esencia, es vivir de manera que nuestras acciones reflejen el carácter de Cristo, quien no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45). Barth nos recuerda que este tipo de amor no es algo que podamos generar por nuestros propios esfuerzos; es un regalo de Dios, una respuesta al amor primero con que Él nos ha amado (1 Juan 4:19). Por lo tanto, amar al prójimo es participar en la obra de Dios en el mundo, es ser co-creadores de una realidad donde el reino de Dios se hace presente en nuestras relaciones, acciones y decisiones cotidianas. ¿Cómo podemos poner en práctica este amor en nuestra vida diaria? Comienza con pequeños actos de bondad y disponibilidad para escuchar y estar presentes en la vida de los demás. Se trata de ver a cada persona como un reflejo de Dios, merecedora de amor y respeto. Amar al prójimo como a nosotros mismos es un desafío constante, pero también es la clave para transformar nuestra realidad. Al hacerlo, no solo obedecemos el mandato de Jesús, sino que también tejemos lazos de comunidad y esperanza en un mundo que desesperadamente necesita ver el amor en acción. Que este amor sea el reflejo de nuestra fe y el testimonio de nuestra esperanza en Cristo. Créditos: Jonnathan Tapia P. Ecuador. jtapia@proyectoevanggelio.org 

Aflicción Temporal, Gloria Eterna

2 Corintios 4:17-18 TCB " Nuestros sufrimientos son pasajeros y pequeños en comparación con la gloria eterna y grandiosa a la que ellos nos conducen, porque ellos nos ayudan a crecer y a madurar; así que no ponemos la mirada en lo visible, sino en lo invisible, ya que lo que se ve es temporal, mientras que lo que no se ve es eterno.”. Perder bienes materiales es una experiencia desafiante que pone a prueba nuestra fortaleza emocional y también examina nuestros cimientos, los cuales se ven fuertemente sacudidos. Los desastres naturales nos recuerdan nuestra propia fragilidad y la transitoriedad de nuestras posesiones, situación que nos invita a reflexionar sobre lo que realmente importa en la vida: el amor, la compasión y la solidaridad. En lugar de debatir respecto de la bondad de Dios, podemos ver estos momentos como oportunidades para manifestar Su amor a través de nuestras acciones, ayudando a quienes han perdido todo y reconstruyendo comunidades devastadas. Aunque son tiempos difíciles, la actitud que elegimos adoptar puede marcar la diferencia en nuestra capacidad para recuperarnos y encontrar un sentido renovado del propósito de Dios para cada uno. De acuerdo con lo que el autor nos enseña mediante el texto bíblico de hoy, a menudo nos vemos enfrentados a desafíos que pueden desgastar muy seriamente nuestro ser exterior: presiones, pérdidas y tribulaciones que parecen incesantes; todavía no termina una situación y aparece otra igual o peor. Sin embargo, en medio de este proceso, encontramos consuelo y fortaleza en la verdad revelada en 2 Corintios 4:16-18. El apóstol Pablo nos anima a no desmayar, a seguir avanzando, a ponernos de pie, incluso cuando nuestro cuerpo experimente el desgaste inevitable de la vida. ¿Por qué? Porque, mientras el cuerpo físico se debilita, nuestro ser interior se renueva día a día, una renovación que no proviene de nuestras fuerzas, sino de la obra transformadora de Dios en nosotros. La perspectiva cambia cuando comprendemos que las tribulaciones, que son momentáneas, tienen un propósito eterno. Cada desafío, cada lucha, cada vez que enfrentamos dificultades o batallamos, estamos construyendo un tesoro de gloria que va más allá de lo que podemos entender o imaginar. Una aflicción temporal se convierte en ese vehículo que nos transporta a un crecimiento espiritual extraordinario que nos hará más compasivos, más solidarios y más comprometidos en el amor a nuestro prójimo. Nuestra fe cristiana nos enseña que la esperanza nunca se pierde, incluso en medio de la desesperación, porque Dios es capaz de sacar belleza del caos y de restaurar lo que se ha perdido. Cambiemos nuestra mirada: dejemos de enfocarnos en las cosas temporales y dirijamos nuestra atención hacia lo invisible y eterno. Las luchas presentes son como sombras pasajeras en comparación con la luz radiante de la gloria eterna que nos espera. Créditos: Por: Olga Bascuñán  Nacionalidad: Chile.  Correo: obascunan@proyectoevanggelio.org. 

Jesús nos ve

Lucas: 13:10-13 TCB “10. Un sábado, Jesús estaba enseñando en una sinagoga; 11. allí había una mujer, que por dieciocho años estaba enferma y vivía encorvada, y no podía enderezarse completamente. 12. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: - ¡Mujer, quedas libre de tu enfermedad! 13. Entonces, puso las manos sobre ella, y de inmediato ella se enderezó y empezó a alabar a Dios”. Era un sábado, y estando en la sinagoga, mientras Jesús impartía enseñanzas, alguien llamó su atención: era una mujer encorvada. Muy probablemente, la enfermedad que sufría por tanto tiempo la tenía cansada, agobiada y tan débil que no podía ni siquiera sostenerse bien. A partir de ese momento, para Jesús lo más importante no fue continuar con el programa de la sinagoga, sino que se dirigió a la mujer para liberarla del espíritu que la afligía, ¡nada menos que por 18 años! Con este acto, Jesús cumplía su agenda anunciada y la misión que declaró al inicio de su ministerio, como se señala en Lucas 4:18. ¡Él vino a liberar a los cautivos y a los oprimidos! El pasaje no nos dice que ella estuviera buscando a Jesús, como muchos otros lo hicieron en diversas ocasiones. Sin embargo, nunca se trata de lo que nosotros hagamos por encontrarlo; siempre es él quien nos busca y nos encuentra. Esta mujer llegó quizás sin esperar nada, simplemente se dirigió un sábado más a la sinagoga, en un día de reposo tradicional, común y corriente, y fue ahí donde sucedió lo extraordinario porque Jesús estaba presente. Lucas nos narra que cuando Jesús la vio, la llamó. Es muy interesante resaltar que la mirada de Jesús no es indiferente. No se menciona si la mujer tenía la costumbre de ir a la sinagoga o si era conocida por quienes estaban ahí. Muchos la vieron, y su presencia al parecer no tuvo ningún efecto en ellos. Sin embargo, Jesús la vio y la llamó. Jesús se involucró con la necesidad de la mujer y respondió a su aflicción declarándola libre de su enfermedad, sin importarle el protocolo religioso y social; puso sus manos sobre ella, lo que resultó en que la mujer se enderezara al instante y comenzara a alabar a Dios. En la vida, hay aflicciones que parecen destinadas a quedarse, que no terminan tan pronto como quisiéramos. Pueden ser enfermedades, conflictos y problemas que modifican nuestra manera de vivir, llevándonos a un estado de angustia, debilidad y agobio que incluso puede cambiar nuestra forma de caminar, afectando nuestro ánimo y carácter. Sin embargo, hoy quiero decirte que Jesús no ha cambiado. ¡Jesús sigue actuando! Él nos sorprende, altera lo cotidiano, convirtiéndolo en un momento extraordinario, rompiendo protocolos para liberarnos porque nos ve y no lo hace con indiferencia. Muchos podrán ver nuestra aflicción y permanecer indiferentes, incluso acostumbrarse a vernos enfermos, débiles o agobiados, pero Jesús no; su agenda sigue siendo la misma: ¡liberar, sanar, restaurar y salvar! Él nos ve y nos llama; acudamos a él y permitamos que ponga sus manos en nosotros para liberarnos de toda aflicción que nos debilita y no nos permite caminar firmes, impidiéndonos tener la fuerza para avanzar. Él nos ve y no es ajeno a nuestra aflicción. Él nos ve y, en el momento menos esperado, pone fin a la adversidad. No dudemos y no desfallezcamos; tenemos un Señor bueno, bondadoso y misericordioso. Él nos ve, ¡y creerlo nos llena de esperanza! Créditos:  Kitzia Griselda Jiménez Piedra País: México

Un pedazo de cielo en el alma

Texto: Lc 6:27“V 27. Pero a ustedes los que escuchan estas palabras, les digo: - Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian; 28. bendigan a los que los maldicen; oren por los que los maltratan;” (TCB). Los creyentes que escuchan la palabra de Dios y la aplican, experimentan cambios concretos generados por la misma palabra, a fin de vivir una vida plena para el bienestar integral, tanto personal como en comunidad. Estos versos de Lc 6:27-36 y Mt 5:38-48 (TCB) resaltan el amor hacia los enemigos. Es un mandamiento de Jesús dirigido a los discípulos, seguidores y oyentes. No son acciones opcionales; al contrario, son el accionar de Dios manifestado en Jesucristo y que debe ser imitado por los discípulos para hacer realidad el reino de Dios en la vida cotidiana. Vale indicar que estos versos contienen diversos temas, lecciones y mensajes; sin embargo, la reflexión de hoy trata acerca de "Un pedazo de cielo en el alma". Los versos 27-28 contienen cuatro imperativos que orientan sobre la forma de tratar a las demás personas, como amar, bendecir, orar y hacer el bien. Jesús se dirige de manera específica a los que están recibiendo su mensaje, y les indica que su mandato no es opcional, sino una cuestión de llevar a la práctica lo que se escucha: "Pero a ustedes los que escuchan estas palabras" (v 27). El hecho de escuchar ya es una responsabilidad. Jesús sabía que son prácticas factibles en determinados ámbitos, por ello agrega detalles sobre los receptores, quienes son los enemigos o aquellas personas que causan dificultades a otros. No se menciona un grupo específico, sino que todo aquel que odia, maldice o maltrata a otra persona entra en la categoría de enemigo por sus actos injustos. Para los discípulos, este distintivo del reino fue algo inesperado, pero Jesús, en su misericordia, sabía que estas prácticas generan bienestar integral; por ende, se constituye en un pedazo de cielo para quien lo vive. Este tema es contradictorio a la actualidad, donde impera la venganza, el resentimiento, el odio y el egoísmo humano. Amar y corresponder a la familia, amistades y vecinos respetuosos es placentero; son prácticas realizadas por toda persona que se siente amada. Los malvados también lo hacen; por ejemplo, los ladrones que con el robo llevan provisiones a su familia, o los políticos que propagan la corrupción para asegurar un supuesto futuro tanto personal como familiar. Sin embargo, en los versos mencionados, el amar, bendecir, orar y hacer el bien a aquellas personas que en algún momento hayan causado daños de manera directa o indirecta, son actos que marcan la diferencia y son distintivos de los miembros del reino de Dios. Es imposible mediante la fuerza humana, pero estos sentimientos pueden ser sanados por el poder de Dios, de manera que el discípulo pueda vivir internamente un pedazo de cielo en su corazón. Los malos sentimientos hacen más daño al que los posee que a quien va dirigida la adversidad, y muchas veces esta última ya ni se acuerda del perjuicio causado. ¿Eres miembro del reino de Dios? ¿Amas, bendices, oras y haces el bien a quienes consideras enemigos? Ser más que recíproco te lleva al nivel de discípulo de Jesús y miembro del reino de Dios. ¡Suelta el resentimiento y mejora tus relaciones interpersonales! Créditos: Por: María Fidelina Camajá Az  Nacionalidad: Guatemala 

Lavado de cerebro

Texto: FILIPENSES 3:13-14 TCB “Hermanos, yo aún no considero que haya logrado mi perfección cristiana; pero una cosa sí hago, dejo el pasado atrás y prosigo hacia lo que está delante, hacia la meta, para conquistarla, y recibir el premio que viene de arriba, que es el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” Desde que Jesús salió a tu encuentro y comenzaste a congregarte, ¿te han dicho que estás muy cambiado, que parece que en la iglesia te lavaron el cerebro porque ya no te comportas como antes? Si te lo han manifestado, déjame decirte que vas por buen camino. La palabra dice: "Dejo el pasado atrás y prosigo hacia lo que está delante; dejamos nuestros delitos y pecados atrás, abandonamos nuestra vieja manera de vivir y caminamos con fe y esperanza hacia el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús". Pensando en lo anterior y reflexionando en tu vida te pregunto, ¿quién gana la batalla diaria entre el espíritu y la carne? La respuesta a esta pregunta siempre será a quién estés alimentando más. Y cada uno de nosotros sabe perfectamente quién ganará, porque sabemos a quién le damos comida cuando estamos a puertas cerradas y nadie nos mira, en nuestra intimidad. Cuando llevamos un tiempo en la iglesia, conocemos los códigos, aprendemos el lenguaje, asimilamos las posturas; incluso llegamos a manejar las palabras que le agradan al pastor y a los hermanos. Sabemos lo que hay que decir y cómo decirlo. Y tener toda esta información ayuda muchas veces a vivir una doble vida, porque puedes ser “cristiano” de domingo y no dar buen testimonio el resto de la semana. Pero existe una verdad absoluta: podemos engañar a todos, menos a Dios. Él, en su omnipresencia, nos ve en todo momento y con su omnisciencia escudriña hasta lo más profundo de nuestros corazones y lo más recóndito de nuestros pensamientos. El apóstol Pablo nos recuerda categóricamente: “No se engañen: de Dios nadie se burla” (Gálatas 6:7a). Cuando nuestra conversión es genuina, reconocemos a Jesús como nuestro Señor y Salvador, y viene a morar en nosotros el Espíritu Santo; estos dos acontecimientos deben traer cambios a nuestra vida. Es cierto que Dios trabaja desde adentro hacia afuera, pero más temprano que tarde, nuestra vida debe ser un reflejo del trabajo que está haciendo el Espíritu Santo. Se deben notar los cambios en nuestra mente, en nuestra manera de vivir, de hablar, de relacionarnos con otros, y ahí es donde se aplica a diario la purificación de nuestra mente y corazón. La palabra de Dios nos limpia, y nos deja relucientes, para que nuestro espíritu, alma y cuerpo estén alineados a la voluntad de Dios. Por años hemos juntado basura en nuestra cabeza y corazón, y a la luz de las escrituras debemos dejar que el Espíritu Santo trabaje en nuestra vida, que remueve todo, que sacuda y boté lo que nos estorba para poder trabajar libres en su obra. La basura huele muy mal, y nuestro anhelo sincero debe ser que nuestra vida sea de olor grato ante el trono de su gracia; debemos trabajar decididamente para ser el mejor perfume, el más caro, el de mejor calidad delante de Dios. Quizás al leer estas palabras puedas pensar que es fácil escribirlo,  pero difícil vivirlo, y tienes razón, en nuestras fuerzas será muy complicado. Pero, debemos recordar que no estamos solos, el Espíritu Santo está en nosotros para ayudarnos, para aconsejarnos, para guiarnos; tenemos la mejor compañía en el viaje que emprendimos. Con Él, podemos disfrutar de la travesía. Además, Jesús está sentado al lado de Dios intercediendo por nosotros (Romanos 8:34). ¡Tenemos el mejor equipo para vivir en victoria! Y con su ayuda, podemos tener una vida que honre a Dios en todo. Nombre: Carolina Andrea Riquelme Nieto País: Chile Correo: caritoriquelme@gmail.com

El nacimiento de la Iglesia

Texto: "4. Muchos de los que escucharon la palabra, creyeron, y el número de convertidos llegaba a unos cinco mil.” Hechos 4:4 (TCB) Vemos este evento milagroso como el nacimiento de la Iglesia, que todavía está viva y bien en el siglo XXI.  Muchos consideran la fecha de Pentecostés, hace más de 2.000 años, como el nacimiento de la Iglesia. Este acontecimiento se centró en un lugar específico (Jerusalén), donde se reunieron personas específicas (los discípulos, las mujeres y María, la madre de Jesús), con un propósito específico (el derramamiento del Espíritu Santo sobre la humanidad). Aunque este acontecimiento milagroso fue para todos, hoy quiero centrarme en María, la madre de Jesús (ver Hechos 1:14, TCB). Al leer el capítulo uno del libro de los Hechos, al llegar al versículo 13 vemos a los participantes implicados en esta historia. Los discípulos estaban junto con Matías, quien fue elegido para sustituir a Judas (v. 13). El texto también menciona que las mujeres estaban presentes, y específicamente destaca que María, la madre de Jesús, estaba presente, junto con sus hijos (v. 14). Pentecostés era la celebración judía de la cosecha, y la palabra griega que hace referencia a Pentecostés significa, en realidad, quincuagésimo. En tiempos bíblicos, Pentecostés se celebraba 50 días después de la ofrenda de la Pascua. Hoy celebramos Pentecostés 50 días después de nuestra celebración de la Pascua, el séptimo domingo después del Domingo de Resurrección. Puesto que estamos hablando del nacimiento de la Iglesia, es importante señalar que quien dio a luz a nuestro Señor y Salvador, María, la madre de Jesús, estuvo presente en este acontecimiento. Cuando volvemos al capítulo 2 de los Hechos, leemos en el versículo 4 que todos fueron llenos del Espíritu Santo, no solo los discípulos, no solo los hombres, sino que todos fueron llenos del Espíritu Santo. Para confirmar quiénes estaban incluidos en esta palabra "todos", solo tenemos que volver al capítulo uno de Hechos y leer la lista de los versículos 13 y 14, y allí vemos específicamente el nombre de María, la madre de Jesús. María hablaba en otras lenguas. Aplicación: Puesto que las mujeres son los vasos que Dios usa para dar a luz a los niños, creo que es muy apropiado que las mujeres fueran incluidas en el nacimiento de la iglesia, específicamente María, la madre de Jesús, quien había dado a luz a nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. ¿Qué implica un parto normal? En primer lugar, hay mucha emoción. Recuerdo cuando estuve en la sala de partos durante el nacimiento de mi primera hija. Cuando leemos la historia de Hechos 2, judíos de todas las naciones bajo el cielo se habían reunido para Pentecostés, así que puedo imaginar que fue un acontecimiento bastante Ruidoso y emocionante. En segundo lugar, en un nacimiento, tenemos el alumbramiento del niño. En Pentecostés, el "parto" fue el derramamiento del Espíritu Santo sobre cada uno de los presentes en el aposento alto (unas 120 personas). Al principio, los judíos que se habían reunido supusieron que estas personas estaban borrachas de vino (Hechos 2:13). Otros se asombraron al oír a esas 120 personas (incluida María, la madre de Jesús) proclamar las maravillas de Dios en las distintas lenguas de todos los presentes. Este fue realmente el nacimiento de algo nuevo e inusual, y al leer el resto de la historia de Hechos dos, descubrimos que tuvieron un éxito tremendo, con cerca de 3.000 bautizados y añadidos a la Iglesia ese día (Hechos 2:41). Esta experiencia milagrosa todavía está disponible para cada uno de nosotros hoy; no solo para los discípulos, o los hombres, sino para todos, incluyendo mujeres y niños. El derramamiento del Espíritu Santo de Pentecostés que experimentó María, la madre de Jesús, sigue estando disponible hoy para ti y para mí Créditos: Benson Vaughan Nacionalidad: Estados Unidos. Correo electrónico: bvaughan@semisud.edu.ec

Amor frente al Fuego

Texto: Juan 21:17 (TCB) Jesús le preguntó por tercera vez: — ¿Me amas con el amor sacrificial, y estás dispuesto a dar la vida por mí? Pedro se entristeció porque le preguntaba por tercera vez y le dijo: — Señor, tú conoces todas las cosas, tú me conoces íntimamente. Solamente te amo sentimentalmente, pero aún no te amo sacrificialmente. Jesús le dijo: — Necesito que me ames con el amor sacrificial, como requisito fundamental para ser pastor de ovejas. Juan 21:17 (TCB) La calidad del amor que entregamos en una relación dictará la profundidad de nuestros sacrificios y todo lo que estamos dispuestos a hacer por el ser amado. Hay un cuento que dice que unos animalitos de granja se mudaron a la gran ciudad, y se encontraron con un niño abandonado en la calle. Pronto la vaca tuvo una idea: le dijo a la gallina que pusiera dos huevos, que ella daría la leche y que el cerdito pusiera el jamón para armar un delicioso desayuno. El trato parecía bueno para todos, menos para el pobre puerquito, quien para ayudar tendría que morir. Hay diferentes tipos de amores, y en griego, hay varios términos que se usan para clasificar la intensidad del amor. Dos de estos términos se encuentran en esta conversación incómoda que se dio después de la negación de Pedro. Jesús confronta a Pedro frente al fuego de una fogata al preguntarle: ¿Me amas? En las primeras dos preguntas se usa agapao y en la última se cambia a Fileo. Entender la diferencia entre los dos términos nos explica por qué se entristece tanto Pedro, hasta el borde de las lágrimas, justo después de la tercera pregunta. El punto es que el amor ágape es la máxima intensidad de amor que se puede vivir, significa dejar de ser yo para que el otro sea, buscar la felicidad del otro, morir yo para que el otro viva: es un amor profundo y sacrificial. Es un amor que da jamón y no solamente un vaso con leche. En cambio, Fileo hace referencia a un cariño menos profundo, una afinidad amistosa que no se arriesga lo suficiente. Jesús le preguntaba si lo amaba usando el agapao, a lo que Pedro, con profunda vergüenza, respondía: “Sí, te quiero”. La conversación toma un giro cuando por tercera vez Jesús le pregunta: ¿Me amas?, y en ese momento Pedro se quiebra y dice: “Tú me conoces, que solo te amo sentimentalmente”. Pedro era una persona altamente impulsiva y manipulada por el calor de la situación. Su boca a menudo hablaba sin pensar en las consecuencias. Rumbo al Monte de los Olivos, le prometió a Jesús ir hasta la muerte por amor a Él. Después, bajo la luz del fuego de las antorchas de aquellos que venían a aprender de Jesús, sacó su espada y lastimó a otro por defender al Señor. Muchas veces somos así: cuando estamos en un buen culto pasamos al altar y prometemos darlo todo por Jesús. Pero, ¿qué tan dispuestos estamos a cumplir esas promesas efusivas? Acto seguido, tenemos a Pedro frente a otra fogata que fue para él una prueba. En esa fogata donde corría peligro su vida si admitía su amor por Jesús. No es lo que hacemos en el templo lo que demuestra la calidad de nuestro amor por Dios, sino cuando no tememos decirles a los opositores del Evangelio que somos cristianos. Es triste que en las universidades nuestros jóvenes ocultan su fe por temor al rechazo, que existan profesionistas que falten a su integridad por no perder un puesto en la empresa, y que muchos pastores no corrijan al congregante por temor a perder sus diezmos. Todo lo anteriormente mencionado muestra que al Dios que entregó su vida, solo se le están sirviendo vasos de leche adulterada en lugar de amar con convicciones firmes. El fuego del desayuno en la playa, es el que me recuerda el amor infinito de nuestro Dios. Pedro sabía que Dios un día le dijo que sobre esa roca edificaría su iglesia, pero resulta que el pescador de hombres ya no se sentía digno de seguir dentro del plan inicial de Jesús; era más sencillo pescar peces. Justo cuando fallamos y creemos que Dios ya no confiará en nosotros, viene y nos recuerda que por cada vez que cantó el gallo, hay un “Apacienta mis ovejas" Créditos: Hogla Mendoza Martínez País: México

Título: Sal y Luz- preservar e iluminar

Texto: Mateo 5:13-16 “13. Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo daremos sabor a la comida? Entonces, para nada sirve la sal, y será mejor botarla para que sea pisoteada por los hombres. 14. Ustedes son la luz del mundo; una ciudad no puede estar escondida, si está ubicada en una montaña. 15. Nadie enciende una lámpara para ponerla dentro de un cajón, sino en el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. 16. Así ustedes, deben ser ejemplos de luz, a través de una conducta intachable, y todos los que vean sus testimonios, van a acercarse a Dios, el Padre celestial, y a glorificarlo por las buenas obras de ustedes.” El Sermón de la Montaña es una de las principales enseñanzas de Jesús sobre moralidad y discipulado. Mateo muestra a Jesús como maestro y cómo discipula a la comunidad proporcionando poderosos ejemplos para el desarrollo del carácter. Uno de esos modelos se centra en el desarrollo de la Ética Cristiana. Jesús dijo que debemos dejar que nuestra luz brille ante los demás. Una sombra se crea cuando algo bloquea una fuente de luz, como una cerilla. Cuando la cerilla está encendida, la llama no refleja la luz que la rodea; la llama está produciendo su propia luz, por lo que no se puede ver la llama en la sombra. Reconocemos que Jesús es nuestra fuente de luz y debemos comprender que nadie puede bloquear Su luz. Por lo tanto, debemos permitir que la luz de Jesús brille en nuestras vidas. La principal fuente de sal en Israel es la zona del Mar Muerto. La concentración de sal es tan alta que ni los peces ni las plantas pueden vivir en sus aguas y, cuando uno intenta nadar, flota de forma natural. El pueblo hebreo cosechaba sal y utilizaba este mineral como condimento y conservante. En el Nuevo Testamento, Mateo, Marcos y Lucas hablan de la sal "que ha perdido su sabor". Se trata de una referencia a la sal que está contaminada con otros minerales, causando una debilidad en el sabor o un gusto desagradable. La sal en estos pasajes puede ser una referencia simbólica a un creyente que ha sido contaminado por las cosas del mundo, desviándose del mensaje del Evangelio y no preservando su relación con Dios. La segunda parte del relato explica la luz que ilumina el mundo. La luz es una forma de energía que sostiene la vida, puede iluminar una habitación oscura y proporcionar calor en medio del frío. Cuando aceptas a Jesús como tu Salvador, la luz de Jesús se ilumina dentro de ti y brilla como un ejemplo de Jesús para los demás. Tu luz es tu testimonio de cómo vives tu vida; es un testimonio para el mundo. La gente te observa y presta atención a cómo reaccionas a ciertas situaciones, por esta razón, las pequeñas cosas que haces cada día muestran la luz de Jesús más que las reacciones o acciones que realizas de manera planificada e intencional.  La acción fluye del carácter; aquellos que siguen a Jesús expresarán diferentes acciones que aquellos que no siguen a Jesús y sus enseñanzas. Cuando se aplica, la sal se disuelve y viaja hacia el interior, que es una representación del carácter. La luz es una representación de la luz de Jesús dentro de nosotros que alcanza a otros iluminando la verdad. Nuestro carácter está formado por nuestra familia y amigos, así como por nuestras circunstancias y nuestra cultura. Somos lo que somos debido a esas cosas. A veces usamos la cultura para excusar nuestro comportamiento, PERO... cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador personal, entonces nuestro carácter debería cambiar; debería ser más como Jesús; nuestra cultura no es solo norteamericana o ecuatoriana; somos cristianos, seguidores de Cristo. Eso es lo que Jesús estaba explicando en este sermón. Nadie puede realizar perfectamente la visión del sermón (excepto Jesús), pero esto no significa que sea irrelevante para nuestras vidas. Por fe y por gracia, Jesús nos invita a una vida práctica de discipulado. Muchas veces, queremos que la iglesia o nuestro pastor o líderes mejoren las cosas, pero no intentamos cambiar nosotros mismos. Eso es lo que Jesús estaba enseñando aquí: necesitamos cambiar personalmente antes de que nuestras vidas mejoren. Al igual que la sal y la luz afectan a nuestro entorno, nuestra relación con Dios y su reflejo deberían tener un impacto evidente en todos los que entran en contacto con nosotros. Créditos: Cathy VaughanNacionalidad: EstadounidenseCorreo electrónico: cvaughan@semisud.edu.ec

¡FELIZ NAVIDAD Y UN PRÓSPERO AÑO NUEVO!

Mateo 2:11 y Apocalipsis 12 TCB. “Navidad, Navidad, hoy es Navidad; es un día de alegría y felicidad" No hay dudas que la navidad es felicidad; un cristiano tiene todos los motivos para agradecer, reconocer, celebrar la navidad y la venida de nuestro Rey, en este adviento no podemos estar tristes y amargados, nosotros cantamos, agradecemos y cantamos a Aquel que vino a Salvarnos, una navidad con un trasfondo de extremada sencillez, y en este ambiente de humildad nuestro Salvador recibe tres importantes regalos, oro, incienso y mirra; oro simbolizando su majestad, incienso simbolizando su divinidad y mirra como símbolo de que Él iba a morir, a dar su vida por amor, naciendo ya con una misión increíble, salvación universal. Les deseo también una navidad apocalíptica, en el capítulo 12 del Apocalipsis encontramos una perspectiva muy distinta de la navidad; este relato navideño no es muy atractivo o tomado en cuenta para las reflexiones espirituales de esta época, pues mientras en los evangelios y en nuestras canciones y villancicos, los pastores y los sabios del oriente buscan al niño para adorarlo con los presentes mencionados anteriormente, en el Apocalipsis el dragón lo espera para tragárselo; el infanticidio antinavideño que en los evangelios se presenta bajo Herodes unos dos años después que el niño nació, aquí ya está incluso antes de que el niño naciera. No permitamos de los dragones de la maldad, de las falsas ideologías, de las ilusiones, del miedo, del pecado, de la envidia, de la culpa, y tantos otros, devoren la posibilidad de la salvación y que Jesús nazca en nuestro corazón. Esta particular versión del Apocalipsis sobre la navidad, nos trata de enseñar un mensaje  de resistencia que nos desafía: nos es nacido un Salvador y no es el emperador o el hijo de Zeus, sino que es Jesús de Nazaret, hijo de Dios; nace el Rey, con autoridad de pastorear sobre las naciones, y no se llama César, ni Nerón, ni Domiciano; y justamente en eso está la radicalidad de la navidad apocalíptica, y por eso su nacimiento desató una tormenta de conflicto y represión. Como ya decía el gran Juan Stam, el nacimiento y venida de Cristo trajo no sólo alegría, sino también lucha contra las fuerzas de maldad, fuerte combate por "el reino de Dios y su justicia". Hoy, en navidad más que en cualquier otra época del año, debemos recordar que vivimos en un mundo de pecado, de injusticia, de desigualdad, de pobreza y opresión. Claro, navidad es felicidad, pero debe ser también compromiso y lucha; es entender que la navidad nunca será total mientras tantas personas no compartan la alegría que celebramos y la vida que Cristo vino a darnos a todos. Una navidad auténtica es, por necesidad, conciencia para seguir luchando y evangelizando; por eso, no basta con sólo “feliz navidad”, para que la navidad sea plenamente feliz, ¡habrá de ser inquieta y de lucha! Que el Niño te conceda en esta navidad el valor para seguir luchando y expandiendo un reino de ¡justicia, paz y alegría! El Apocalipsis también termina con un mensaje que refleja el perfecto Adviento, con la expresión, ¡Ven Señor Jesús! Que este sea nuestro más profundo deseo y clamor diario, que el salvador venga diariamente en nuestra existencia, nos salve cada día de nuestros sufrimientos y que su presencia sea real en cada momento de nuestras vidas. En este final de año tenemos dos grandes celebraciones, la navidad y el año nuevo, que esta sencillez, felicidad, lucha, reino de Dios, también nos guíe para nuestro año nuevo, que sea no solo lleno de mucha prosperidad, sino también de unidad en la familia, acción de gracias, adoración genuina, así el cómo el niño que fue cuidado, amado, adorado en un pesebre, que este pesebre se haga una realidad en nuestro interior cada día de nuestras vidas, que a diario luchemos para la expansión del reino de Dios en nuestros corazones y en toda la tierra, que el Salvador siga viniendo siempre. ¡Feliz navidad y un próspero Año Nuevo! Créditos: Ester Alice da Rocha Brasil.

La Navidad es una forma de vida

Lucas 2:8-15 ¡Es Navidad!! Llegó el día que anticipábamos, el momento para el que hemos estado preparando nuestros corazones a través de cada devocional. Por eso, en medio de los planes que tengamos para este día, detengámonos unos minutos y dejemos que el verdadero significado de la navidad inunde nuestras vidas una vez más. Porque hoy celebramos la historia más maravillosa que jamás se ha contado. Hoy celebramos el día en que Dios, el mismísimo Creador del universo, de las galaxias y las estrellas, decidió vestirse de humanidad para venir a habitar entre nosotros. El Dios con nosotros que cambió el rumbo de la historia del mundo, El que cambió nuestra historia. El Todopoderoso, eligió nacer como uno de nosotros, ¿Por qué, te preguntarás? ¿Por qué cambiar un trono celestial por una cuna de paja? La respuesta, es tan profunda como sencilla, fue por Amor. Un amor infinito, inquebrantable, un amor que lo transforma todo. Dios se hizo hombre para mostrarnos la profundidad de su cariño, para enseñarnos la fuerza de la humildad, para susurrarnos esperanza en nuestros corazones cansados, para proclamar que la luz siempre hace pedazos la oscuridad. Jesús vino a tender un puente entre el cielo y la tierra, a demostrarnos que el amor no triunfó de manera estruendosa, sino por medio del nacimiento de un tierno bebé, que nos recuerda una promesa cumplida. Y ese, queridos hermanos y hermanas, es el corazón de la Navidad. No se trata de luces parpadeantes, regalos o comida, como hemos compartido en cada devocional en preparación para este día.  Se trata de un Dios que se acercó a nosotros, que caminó a nuestro lado, que nos mostró el camino a la salvación. Nos ofreció paz, no la frágil tregua de las guerras terrenales, sino la paz eterna que nace de saber que somos amados, perdonados y sostenidos para siempre en Su mano. Que esta Navidad sea un recordatorio de que la salvación sigue disponible, que la esperanza aún parpadea como una vela en la noche, y que el amor, el increíble amor de Dios, es el regalo más grande de todos. Dejemos que la luz de la Navidad brille a través de nosotros y que cubra a muchos con nuestras acciones y palabras, recordando que la Navidad no es solo un día, es una forma de vida. Una vida transformada por el amor, guiada por la esperanza y tocada para siempre por el milagro de un Dios que se hizo hombre. ¡Feliz Navidad! Créditos: Jenniffer Contreras Puerto Rico

CUANDO LOS CIELOS CANTAN

LUCAS 2:13-14 TCB “De pronto, apareció junto al ángel una multitud de seres celestiales que alababan a Dios, diciendo: ¡Gloria a Dios en las Alturas! ¡Paz en la tierra para las personas que practican la buena voluntad de Dios!” Llega el mes de diciembre y con él, se inician en la gran mayoría de comunidades religiosas alrededor del mundo, los preparativos para cantar villancicos en la Nochebuena. El acto de entonar cánticos de gozo y alegría se convierte en un componente fundamental para expresar nuestra gratitud a Dios. Un aspecto fascinante cuando se canta, es el respaldo científico respecto de sus efectos notables en la mente y el cuerpo; por ejemplo, se liberan endorfinas conocidas como "hormonas de la felicidad", estimula la actividad cerebral, contribuye a reducir el estrés y cuando se canta en grupo es capaz de fortalecer los lazos sociales. El relato de Lucas, nos transporta en el tiempo para ser testigos de un momento celestial extraordinario. Recordemos el escenario: Era una noche singularmente tranquila bajo un cielo repleto de estrellas, donde un grupo de pastores cuidaban de sus rebaños como solían hacerlo cada día en esa temporada del año. De repente, la normalidad se quiebra cuando un ángel se presenta y anuncia el nacimiento del Salvador. El texto describe con detalle que “la gloria de Dios brilló alrededor de ellos” (v.9). ¿Se imaginan?, pero lo extraordinario no termina ahí. Un coro celestial se une, rompiendo los límites de lo terrenal, proclamando con fuerza y esplendor: "¡Gloria a Dios en las Alturas!" (v.14). ¡Qué gran privilegio vivieron esos pastores! Fueron testigos de lo sobrenatural, de lo majestuoso, porque aquellos seres celestiales no solo comunicaron un mensaje, sino que lo hicieron de manera tan espectacular que no pudo pasar desapercibido. La gloria de Dios asombró y dejó sin aliento a aquellos humildes hombres que de inmediato decidieron hacer algo: “Vámonos a Belén, para contemplar lo que el Señor nos dio a conocer” (v.15). En este adviento, la invitación es a elevar nuestra mirada al cielo, más allá de las preocupaciones terrenales y enfocarnos en la majestuosidad y grandeza de nuestro Creador. La paz anunciada a la tierra (v.14), no es una simple ausencia de conflictos, sino un regalo divino que trasciende nuestra comprensión y que está reservado para aquellos que buscan y practican la buena voluntad de Dios. Así como los pastores fueron sorprendidos en su rutina diaria, recordemos que la gloria de Dios puede manifestarse en los momentos más inesperados. Abramos nuestros ojos a lo extraordinario en lo ordinario, cantemos con alegría y compartamos las maravillas que Dios hace en nosotros siendo mensajeros de esperanza, transmitiendo la asombrosa realidad de la presencia de Jesús en nuestras vidas. Créditos: Por: Olga Bascuñán Nacionalidad: Chile. Correo: obascunan@proyectoevanggelio.org

UN AMBIENTE POSIBLE PARA LA HABITACIÓN DEL AMOR

Mateo 2: 16. Entonces, Herodes se sintió burlado por los sabios, se enfureció muchísimo, y mandó asesinar a todos los niños menores de dos años que estaban en Belén y sus alrededores, conforme al tiempo que los sabios habían insinuado (TCB). En este mes muchas personas logran cumplir algunas metas, para ello; han tenido que superar varios obstáculos. Asimismo, el personaje a tratar en esta reflexión, su ambición por el poder, lo llevó a utilizar una defensa paranoica, inhumana y perversa. Sin embargo, para él hasta la llegada del salvador del mundo le pareció un obstáculo. Me parece pertinente comenzar con esta frase “La violencia es un animal incontrolable que suele terminar atacando a su propio amo” Renny Yagosesky, conferencista, psicoterapeuta y escritor venezolano.  La orden de Herodes para matar a los niños, se encuentra en el Evangelio de Mateo 2: 16-18. La motivación de permanecer en el poder, hizo de Herodes un experto en asesinatos, y en ningún momento aceptaría la noticia que había nacido un niño, que sería el próximo rey, esto lo llevó a intentar en contra del su propio amo. Es notable que investigó a los sabios y dedujo la edad del niño, para llevar a cabo su plan macabro.  Sin duda, hay otros mensajes o temas que pueden ser tomados de estos versos; mas la reflexión de hoy trata acerca de su defensa paranoica. Herodes fue burlado por los sabios, en su ira no indagó si la familia de Jesús había emigrado a otro lugar, sino que, se aferró al poder y autoridad que ejercía y mandó a matar a los niños que según, entre ellos podría estar uno de sus rivales.  Con todo su poder y su experiencia en el asesinato, fue engañado. (v 16) Es notable que la llegada del salvador del mundo, vino a desestabilizar a la coyuntura política, y despertó odio en el corazón de los opresores, tal es el caso del rey de los judíos en aquella época.  No obstante, en el corazón de los sabios surge alegría y un deseo de adoración (2:1). Por otra parte, el acto de Herodes trae recuerdos de lamentos, dolor y tristeza; en una época de serenidad, tranquilidad y paz.  Esto se manifiesta en el siguiente verso: (v 18). “Una voz en Ramá fue oída, llanto y mucho lamento; es Raquel que llora por sus hijos, y no quería ser consolada, ya que perecieron” No se le dio importancia al dolor de aquellas madres porque de un momento a otro, les arrebataron a sus hijos.  Debido a la defensa paranoica, de Herodes.    Al igual que en aquella época, el corazón humano estaba dividido, porque mientras que un grupo lo buscaba para adorar otro lo veía como un obstáculo.  Los que ven a Jesús como un obstáculo, son aquellos cristianos y no cristianos que tratan de minimizar sus malas acciones y les dan el nombre, como un regalo de las fiestas de fin de año.  Es cierto, que saben el motivo de estas fiestas, a quién se esperaba y que ya vino, mas en el egoísmo humano a veces lleva en la dirección opuesta a la alegría de compartir, muchos son indiferentes a aquellas personas que no disponen de recursos.  Asimismo, genera nostalgia en aquellas personas que han perdido un ser querido. ¿Qué, de los huérfanos, las viudas, aquellas jóvenes que ocultan un embarazo, los niños que son abusados sexualmente por familiares, amistades, vecinos, porque ante el mucho que hacer son descuidados por sus progenitores, entre otros? El acto de Herodes es condenable,  así como lo es todo acto que ¡llega a quitar la paz en las familias! ¿Qué representa la venida de Jesús a esta tierra, para tu vida? ¿Estás dispuesto a indagar acerca de Jesús y adorarle? ¿consideras que la presencia de Jesucristo en tu hogar trae paz u obstáculo? Todas las acciones que atentan contra la vida del ser humano, minimizan el sentido de la venida de Cristo.  Sin embargo, ¡Jesucristo está presente donde es bienvenido! Por eso, en este adviento, tengamos un corazón puro, limpio, un ambiente posible para la habitación del amor, para que el mismo amor encarnado, Jesús, viva en él, no nos dejemos dominar por la maldad, la envidia, la paranoia, ni nada que nos haga matar a Jesús de nuestras vidas. Créditos: María Fidelina Camajá Az Guatemala

Reflexionando en silencio

Lucas 2:19 “Y María guardaba en el corazón todas estas cosas y reflexionaba sobre ellas”. María, es un modelo para nosotros mientras anticipamos expectantes la celebración del nacimiento del Salvador. Un ángel le había anunciado que daría a luz a un niño que sería el Salvador del mundo. Esto era algo que ella nunca podría haber imaginado, y a esto se agregó la experiencia del establo, los testimonios de los pastores, la proclamación de la estrella y el coro de los ángeles, que seguro provocaron tantas emociones y tantas preguntas. María necesitaba tiempo para procesar todo lo que estaba pasando. Necesitaba meditar sobre el significado de cada acontecimiento. Así que guardó todas las cosas en su corazón y reflexionó sobre ellas, dándonos con su actitud un maravilloso ejemplo para nuestra vida cristiana. En medio de las preguntas y el asombro, María aprendió la sabiduría de escuchar y reflexionar. Porque en la quietud, la voz de Dios, más audaz que el coro de cualquier ángel, la llenaría, iluminando el camino hacia adelante. María nos enseña que tomar tiempo para reflexionar es una parte importante de la vida espiritual. Cuando lo hacemos, nos conectamos con Dios y con su Palabra de una manera muy intencional y nos ayuda a entender no solamente lo que Dios está haciendo o diciendo sino que también a cómo responder con palabras o esperar en silencio. La reflexión puede tomar muchas formas. Podemos reflexionar leyendo la Biblia, orando, caminando en la naturaleza o simplemente sentándonos en silencio. No hay una manera correcta o incorrecta de hacer espacios para reflexionar. Lo importante es que lo hagamos con un corazón abierto y receptivo. En este Adviento, sigamos el ejemplo de María. Guardemos todas las cosas en nuestro corazón y reflexionemos sobre ellas. Permitamos que la Palabra de Dios hable a nuestros corazones y guíe nuestro camino. Lee o escucha los relatos bíblicos sobre el nacimiento y niñez de Jesús varias veces permitiendo que la fuente inagotable de la Palabra inspirada ministre a nuestra mente y corazón. Reflexiona sobre el significado de la navidad para ti, ¿Qué ha cambiado con los años? ¿Qué experiencias te han marcado? ¿Qué se ha mantenido, que se ha perdido? Ora por los muchos que aún no han experimentado la salvación o han perdido la esperanza. Escucha música navideña y reflexiona en su letra. Pasa tiempo con Dios y contigo mismo en silencio y quietud. Pasa tiempo con tus seres queridos, ten conversaciones con tus hijos y amigos, sin el celular en mano. La reflexión puede ser una experiencia transformadora. Puede ayudarnos a acercarnos a Dios y a encontrar paz y esperanza en medio de un mundo lleno de ruido. Que en este Adviento mientras el mundo gira con el frenesí de tanta actividad, encontremos nuestro propio establo de Belén. No un pesebre físico, sino un espacio sagrado dentro de nosotros, donde los susurros de Dios encuentran tierra fértil. Silenciemos nuestra orquesta interior, de dudas y miedos para recibir en ese silencio los regalos de la reflexión, de la ponderación y de la escucha. Créditos: Jenniffer Contreras Puerto Rico

UNA AVENTURA DE FE

Mateo 2:1-2 TCB “Cuando nació Jesús en Belén de Judea", bajo el reinado de Herodes el Grande, unos sabios, vinieron del oriente a Jerusalén, diciendo: - ¿Dónde está el niño que nació y será el rey de los judíos? Porque hemos visto una estrella en el oriente, que nos condujo hasta acá, y hemos venido para adorarlo. En una ciudad pequeña, un joven llamado Marco Felipe sintió que su vida estaba destinada a algo más grande, algo preciado que lo esperaba más allá de los horizontes familiares. Su anhelo por descubrir su propósito más profundo y valioso en la vida, lo llevó a tomar la decisión de dejar su zona de confort para averiguarlo; después de mucha reflexión y conversaciones con su familia, Marco Felipe tomó la decisión de dejarlo todo. Empacó sus pertenencias en una maleta y, con lágrimas en los ojos y esperanza en el corazón, se despidió de su hogar, sus amigos y su familia para seguir ese llamado ardiente de su alma. La historia de este joven, así como el relato de los sabios en busca de lo extraordinario, nos recuerda que a veces es necesario dejar atrás lo conocido, para encontrarnos con lo que realmente da significado a nuestras vidas; podemos descubrir tesoros internos y contribuir al bienestar de quienes nos rodean. ¿Estamos dispuestos a dejarlo todo para rendirnos a Jesús? El relato de Mateo no proporciona muchos detalles sobre la trayectoria específica de los sabios, como sus nombres o su origen geográfico, sin embargo, encontramos la fascinante narrativa de los sabios provenientes de Oriente, viajeros, guiados por una estrella en el cielo, que emprendieron un viaje asombroso en busca del singular niño que traía consigo la promesa de salvación. Su historia, más allá de ser un relato brinda regalos poco convencionales, se convierte en un llamado a la adoración y a la reflexión sobre nuestros valores fundamentales. Su accionar trae a nuestra memoria el más grande amor de Dios manifestado en la llegada del Mesías. Así como los sabios dejaron todo para ver al Rey, seamos desafiados a dejar atrás lo que nos separa de la adoración plena a aquel que trae la verdadera salvación, a cultivar nuestra espiritualidad, nuestros valores y nuestras relaciones con los demás. En este adviento, que la luz resplandeciente del cielo continúe iluminando nuestro camino, invitándonos a reflexionar sobre nuestra disposición y compromiso de renunciar a todo para encontrarnos con Jesús. El verdadero regalo de navidad, no se puede envolver, pues se trata de amor y bondad. Créditos: Por: Cecilia Bascuñán Cáceres Nacionalidad: Chile

NACE LA ESPERANZA

Lucas 2:14 Dentro de la filosofía clásica, Aristóteles pensaba que hay una distinción importante entre acto y potencia. El acto es aquello que ya es, mientras que la potencia es aquello que será. Jesús era, en acto, al momento de su nacimiento, un bebé, un recién nacido. Pero la tradición cristiana lo reconoce como potencialmente el Cristo, el hijo de Dios, el salvador del mundo.  Así, cuando hablamos del nacimiento de Jesús podemos pensar en la esperanza restauradora para toda la humanidad, porque Jesús se convirtió el paradigma de una realidad cristiana trascendente. Así pues, sin saberlo, cuando Jesús nace, también nacía el Cristo. Y al nacer el Cristo nacía la esperanza de la tierra. Santiago nos enseña a partir de las reflexiones en torno a la figura de Jesús que el Reino de Dios se ha acercado a la humanidad. Sin embargo, esta humanidad a la cual Dios frecuenta es una que carece de varios privilegios y ventajas. Parece ser que la figura de Cristo se acerca más bien a quienes no poseen ninguna representación de poder. Parece dirigirse más bien a quienes han nacido en la precariedad y en el olvido de la vida, y que, sin embargo, son dotados de la dignidad que Jesús les otorga. Como siempre se ha dicho, “no es ninguna coincidencia que Jesús, el hijo de Dios, haya nacido en un pesebre”. Es muy debatido sobre hacia quién se dirige el Evangelio. Sin embargo, al ver la historia y las condiciones en las cuales Jesús enfrentó la vida y su ministerio, pareciera ser que los menos privilegiados tienen una posición predilecta dentro del ministerio de Jesús. Los pobres son reconocidos en el Nuevo Testamento, no solamente como quienes carecen de dinero, sino quienes contemplan la vida de una forma pobre.Para estos efectos, poco importa el significado mercantilizado que la época contemporánea le ha dado a la Navidad, y más bien, se vuelve importante dar paz a los hombres y buena voluntad. Si la navidad tiene un significado, este se remitirá en gran medida a quienes nacen en las periferias de la ciudad, con quienes nacen en un pesebre y quienes han sido despojados de su dignidad humana y sin embargo, dan luz y vida al mundo. Créditos: Pablo Cantoral Guatemala

Una familia para Jesús

Lucas 1: 26-38 TCB Dios ha dado a cada uno de nosotros una familia para que nos cuide, así mismo Dios dio al niño Jesús una familia para que cuidara de Él. Dios escogió a María para que fuera la madre de Jesús, María amaba a Dios y era obediente a su palabra, por lo que ella sería una buena madre para Jesús, el Hijo de Dios. Era un tiempo alegre para María, porque se iba a casar con el carpintero José. (Lucas 1:28) Un día, Dios envió un ángel a visitar a María . Y entrando donde estaba ella le dijo: -Alégrate, eres muy amada y bendecida, el Señor está contigo. ¿Cómo creen que se sintió María con este anuncio? María se inquietó y tuvo miedo. Entonces el ángel le dijo: Mira concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo - No temas - siguió diciendo el ángel - Darás a luz a un hijo, y le pondrás por su nombre “Jesús” (Lucas 1:31) Él será muy importante, será llamado hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David su ancestro.  - Preguntó María ¿Quién será el padre de este niño? Cada bebé necesita un padre.  (Lucas 1:32) El ángel le dijo: - El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del altísimo te cubrirá; por lo tanto, el que llevarás en tu vientre es Santo y será llamado Hijo de Dios. Dios es el padre de Jesús, pero necesitaría un papá para Jesús aquí en la tierra, por lo que Dios ya había escogido al hombre que sería el padre de crianza de Jesús. Este hombre sería José el carpintero, que estaba comprometido con María. La Biblia dice en Mateo 1: 19 -21 que José era un hombre justo, sin embargo, José tuvo intensiones de alejarse de ella secretamente al enterarse de lo que estaba sucediendo. Cuando José meditaba en todas estas cosas, se le apareció en un sueño el ángel del Señor y le dijo: -José, hijo de David, no temas en recibir a María como tu esposa, porque el niño que lleva en su vientre es del Espíritu Santo. Y dará a luz a un hijo, y le pondrás el nombre de Jesús, porque el salvará a su pueblo de sus pecados. Cuando José despertó, sabía que el bebé que esperaba María era el Hijo de Dios. Sabía que sería el padre de Jesús aquí en la tierra. ¡Ahora había una familia lista para recibir al niño Jesús! María iba a ser su madre, y José sería el padre. Dios, en su infinito amor, preparó una familia para Jesús, demostrando así su profunda preocupación por las familias, extendiendo su amor a cada unidad familiar. En este adviento, reflexionemos en Jesús y su familia y elevemos nuestras oraciones y agradecimientos a Dios por la familia que nos ha otorgado. Solicitemos a Dios su guía para amar a cada miembro de nuestra familia y para cultivar un amor que refleje su divina bondad en nuestro hogar, y que Jesús también sea parte de nuestras familias. Créditos: Jenny Huerta González  Chile.

¿DÓNDE LO DEJASTE?

Lucas 2: 44 TCB “Después de tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros de la ley” Un hombre compró unos bitcoins cuando éstos valían muy poco, los guardó en un pendrive y se olvidó de ellos. Con el tiempo le llegó la noticia que la moneda virtual había subido a un alto precio; ¿dónde los guardé? se preguntó muchas veces, buscó afanosamente su pendrive. Aterrado, recordó que lo había tirado con otros deshechos al camión del aseo domiciliario. El capítulo 2 de Lucas, nos narra la ocasión, cuando María, José y Jesús que en ese momento tenía 12 años, viajan a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. En las aristas que provoca este acontecimiento, encontramos varias situaciones que podemos analizar para sacar algunas enseñanzas, las que considero nos ayudarán a tomar nuestras propias precauciones.             María y José, tenían consigo, el más grande regalo que jamás un ser humano ha tenido ni tendrá: ¡ser los cuidadores del mismo unigénito Hijo de Dios! Tenían bajo su tutela a Jesucristo el Salvador del mundo. ¡Qué inmenso privilegio!             Por alguna razón (por la que no vamos a levantar juicio), los padres pierden de vista al niño entre toda la agitación de la fiesta, que por lo general producen mucha aglomeración de personas. Después de un día, recién se dan cuenta que el niño no estaba con ellos ni con los parientes que los acompañaban, como padres, si nos ponemos en sus zapatos, sería motivo de gran angustia. Por este motivo se vieron obligados a volver a Jerusalén, en donde estuvieron TRES DÍAS MÁS, buscándole. ¡Qué difíciles deben haber sido esos momentos! Días de búsqueda infructuosa; María debió haber derramado más de alguna lágrima de angustia.             Por fin sus corazones palpitan aliviados, cuando se les ocurre ir a buscar en el templo; he ahí el precioso niño, en medio de personas letradas de la casta religiosa de esos tiempos, atónitos ante tan magistral sabiduría de aquél pequeño desconocido que les debate con sólidos argumentos.             Este acontecimiento narrado por Lucas, hará rasgar vestidura a más de alguno acerca del cuidado paterno, pero si abrimos nuestros ojos, la pregunta que aparece es ¿cuántas veces también nosotros hemos olvidado a Jesús en el templo? Vamos a buscarlo con todo deseo el día domingo, y le hablamos, le cantamos y le “adulamos” (porque a veces no es adoración sino adulación) pero terminado ese tiempo, nos volvemos a casa y el tiempo que pasamos con Jesús, se circunscribió solamente al ámbito religioso y no a la relación personal con Él. Salido de ahí, nos envuelven los afanes de la vida, para retomar al próximo fin de semana a buscar nuevamente a Jesús en el templo; y así se nos va la existencia en un continuo círculo religioso.  ¡No dejes a Jesús en el templo! ¡Llévalo contigo en el camino, en tu casa, en el trabajo, en tu relación personal! Que no quede reducido solo a dos horas, un día a la semana, sino que sea una constante explosión de adoración en tu día a día.             Jesús le dijo a María: “…es necesario que yo me ocupe con las cosas de mi Padre”. Y una de esas “cosas”, es que lleguemos a ser perfectos, como Él es perfecto. Es por esto que Jesús dijo que estaría con nosotros “todos los días, hasta el final de los tiempos”             En este adviento, la invitación es a que no olvides Jesús en el templo; Él es el más grande regalo, que el mismo Dios todopoderoso nos dio como muestra de su gran amor. Que podamos apreciar a Jesús como la persona divina que es y no como un ser místico a quién podemos encerrar entre las paredes de un templo y visitarlo cada fin de semana. ¿Dónde tienes a Jesús? Créditos: Carlos Arancibia Pino Chile  

ÉL ES MÁS IMPORTANTE QUE YO

JUAN 1:29-30 TBC    Al día siguiente, Juan vio a Jesús que venía hacia él y dijo: ¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! 30. a Él me refería cuando dije: Después de mí viene un hombre que es más importante que yo, porque existía antes de mí. Desde pequeña solía escuchar cuando predicaban a viva voz en las calles y plazas, y sin tener raíces o conocimientos cristianos, me llamaba la atención cuando decían que Jesús era un cordero que venía a quitarnos algo. Los únicos corderos que yo conocía eran los sacrificados en mi casa cuando se celebraba algún evento significativo. Hoy, he logrado comprender las palabras de Juan el Bautista y el significado detrás de ellas. Puedo entender cuan profunda y extraordinaria arenga nos entregó: ¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!, en ella engloba y describe la misión y propósito de Jesús al venir a la tierra y nos entrega la visión de Dios a través de sus palabras. Juan entendía su propia misión y sabía a quién fue enviado a preparar el camino, pues no era él quien tenía que brillar, no era él a quien debían exaltar ni esperar, él solo vino a trabajar en la obra de su creador. De todos los animales, comparó a Jesús con un cordero que simboliza inocencia, mansedumbre y pureza, además, el cordero era un animal utilizado especialmente para los sacrificios. Por lo mismo, la gente que escuchara el mensaje, podía entender perfectamente y relacionar lo que Juan decía, con la costumbre que practicaban año a año durante el transcurso de sus vidas, ellos sabían qué era un cordero y para qué servía. Sin embargo, lo realmente impactante de la revelación es que Jesús no era cualquier cordero, sino que era el Cordero de Dios. ¡Dios mismo se había provisto de un cordero perfecto capaz de quitar de una vez y para siempre el pecado del mundo! Fueron palabras proféticas que anunciaban el dramático y glorioso desenlace del Cristo, cuyo nombre adoraremos por la eternidad. Me resuenan las palabras de Juan el Bautista en el versículo treinta, porque el mismo dice que Jesús es más importante que él. Hay sincera humildad en sus palabras, pues en ese momento quien era famoso y conocido era Juan, a Jesús muy pocos lo conocían, porque estaba iniciando su ministerio, y aun así, le dio el lugar que le correspondía al Mesías. Hoy, en la guerra de egocentrismo que vivimos, es sorprendente ver que Juan no se aferró a su popularidad, sino que realizó de principio a fin el trabajo que se le encomendó desde lo alto. En este advenimiento, debemos tener presente, así como lo entendió Juan el Bautista, que Jesús es el centro de la celebración, él es el festejado, a él recordamos, anunciamos, proclamamos y anhelamos su regreso. Jesús cumplió el propósito de su primera venida, el quitó el pecado del mundo, su sacrificio fue perfecto y nos abrió camino nuevamente hacia nuestro Padre celestial. Ahora, somos invitados a su segunda venida y mi corazón salta de gozo al saber que regresará, que viene pronto, y que podemos decir juntos ¡MARANATA! ¿Está tu corazón ardiendo por la venida de Jesús? ¿Anhelas y estás velando por su regreso? ¿Tu lámpara esta rebosante de aceite? ¿Estás durmiendo o estás expectante vigilando? Son preguntas que me hago a mí misma y me ayudan constantemente a mantenerme en el camino angosto, son preguntas que me atraen a los pies de Cristo, pues quiero mantener intacta mi fe y esperanza de que un día lo veré cara a cara y mi gozo será completo. Mi oración en este adviento es para que nos sacudamos de la pereza espiritual y sigamos caminando hacia el encuentro glorioso con nuestro redentor. Créditos: Carolina Riquelme Nieto. Chile.

El primer anuncio sobre Jesús fue compartido con alegría y gratitud.

Lucas 1:46-50             Diciembre, el último mes del año. Tiempo de descanso, el tiempo perfecto para viajes, pero sobre todo, el mes vestido de rojo, verde y blanco. El mes que huele a pino e incienso. Desde que nací ha sido un mes importante, no solo porque es el mes de mi cumpleaños sino que en mi país (Guatemala), a partir del siete de diciembre las calles del pueblo están repletas de árboles navideños, luces, uvas, juguetes, fuegos artificiales y la mayoría de las personas están muy arropadas porque es la época más fría del año. El recuerdo de la época navideña que atesoro en mi corazón es cuando con mis abuelos, padres, tíos y primos nos reuníamos para armar el nacimiento donde recreábamos el pesebre. Todos salíamos al campo a recaudar césped, hojas, ramas de árboles y mi abuela sacaba de la bodega los animalitos, casitas y figuras de barro, que cada año colocaba en el pesebre.  Teníamos como tradición que la persona más pequeña de la familia colocara a José, María y el niño Jesús, al mismo tiempo, mi abuela con una sonrisa contaba el relato sobre el nacimiento de Jesús, desde la aparición del ángel Gabriel a María, hasta el bebé en el pesebre. La pregunta que de adolecente me surgía con respecto a esta historia era: ¿Cómo se sentiría María ante esta situación? Pregunta que hoy día comprendo y que quiero compartir contigo.             El evangelio de Lucas relata esta maravillosa historia. El capítulo 1 del verso 46 al 55, es llamado El Cántico de María y expresa el sentimiento de esta mujer ante el nacimiento de quien vendría a ser su primer hijo. Sin embargo, la historia cobra sentido desde el verso 26, el cual relata cómo un ángel llamado Gabriel le dice a María: “Alégrate, eres muy amada y bendita, el Señor está contigo” (TCB).  María pensó con temor en el significado de esas palabras, pero el ángel le anuncia que ha hallado gracia ante Dios, por ello concebirá a un hijo al cual llamará Jesús el cual será nombrado hijo del Altísimo, será muy importante y reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin (TCB). La respuesta final de ella, aunque con duda, fue: ¡Aquí me tienes, como sierva del Señor!El ángel también le anunció a María el embarazo de Elizabeth.             Los versos del 39 al 45 de este mismo capítulo, mencionan la visita de María a Elizabeth y su emotivo encuentro, pues Elizabeth bendice a María. Finalmente llegamos al verso 46, donde María proclama en su cántico las siguientes palabras: “Mi alma canta la grandeza del Señor, Mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, porque puso su mirada sobre su humilde sierva; y a partir de ahora, todas las generaciones dirán que soy plenamente feliz, pues el Todopoderoso hizo grandes cosas en mi vida; ¡Santo es su nombre! Y su misericordia se renueva para siempre sobre los que confían en Él”.             Es evidente que la navidad es una época muy colorida y bonita y sin lugar a duda el centro de esta fiesta debe ser el nacimiento de Jesús, a quien muchos han llamado la luz y esperanza del mundo. Hoy te quiero invitar que seamos como María en el relato, pues ella al escuchar la noticia de la bendición que llevaba en su vientre que vendría al mundo, no se quedó parada. Salió a visitar a Elizabeth para contarle y lo contó con alegría y gratitud, más allá de sentirse enaltecida, santa, o gloriarse por ser la elegida de Dios. Proclamó la grandeza de Dios y cómo Él había hecho maravillas en su vida, mostrándonos que el primer anuncio sobre el nacimiento de Jesús fue hecho con alegría y gratitud.  Por último, algo que ella dijo y que comprobé a través de mi abuela, fueron las palabras: “todas las generaciones dirán que soy plenamente feliz” (TCB). Mi abuela contaba y demostraba cómo el corazón de una madre se alegró ante este nacimiento. Que en este diciembre de 2023 las calles de mi pueblo y las del tuyo, más que estar llenas de objetos, estén llenas de esperanza, alegría y gratitud. En este diciembre de 2023 ¡Anímate! ¡Ve! ¡Corre! Y sobre todo, proclama con alegría y gratitud el nacimiento de Jesús. Mientras lo haces, escucha esta canción. https://youtu.be/_UuDFVITntA?si=miT6OTrmyz1Mop2x Créditos: Mildred Viviana Gómez Rivas Guatemalteca

La Reacción de Simeón

Lucas. 2, 25-26 TCB “Había en Jerusalén un hombre, cuyo nombre era Simeón, que era justo y dedicado a Dios, él esperaba la llegada del Mesías para consolar y liberar a Israel, y tenía comunión con el Espíritu Santo, que le había revelado que él no moriría antes de ver el Mesías del Señor;”                     El evangelio de Lucas se distingue por tratar ciertos temas que, aunque estén presentes en los otros evangelios, el evangelista los acentúa. Uno de los temas que Lucas resalta es el de la obra del Espíritu Santo. Ya desde el comienzo de su escrito, presenta al Espíritu Santo como el agente central de su obra.             En los versos referidos inicialmente, tenemos una figura que muy pocas veces se menciona, Simeón. Sin embargo, el evangelista lo menciona con unas cualidades dignas de admirar, “justo,  dedicado a Dios y de comunión con el Espíritu Santo’’ (v.25). Dicho de otra manera, Simeón es descrito como una persona sensible a la guianza y dirección del Espíritu de Dios. Había sido precisamente el Espíritu Santo quien le había dado una promesa y ansiosamente Simeón esperaba el cumplimiento de esta. ¿En qué consistía la promesa hecha? En que no moriría hasta ver al Mesías esperado (v.26).              Lucas enfatiza que en el momento en que los padres de Jesús van al templo a cumplir con lo requerido por las costumbres judías, precisamente ese día, Simeón se siente dirigido por el Espíritu Santo y fue al templo también. Así lo dice el relato “guiado por el Espíritu, se fue al templo, y cuando los padres del niño Jesús lo llevaban para cumplir con las prescripciones de la ley, Simeón le tomó en sus brazos, agradeció y alabó a Dios…”(Lc.2,27-28 TCB). Esta alabanza de Simeón constituye uno de los 3 himnos que aparecen en el evangelio de Lucas: Magnificat- el cántico de María, Benedictus- cántico de Zacarías y el Nunc dimittis- el cántico de Simeón.  Este cántico contiene dos afirmaciones dignas de resaltar: 1. “Ahora, Señor, puedes dejarme morir en paz, ¡ya has cumplido tu promesa! Pues mis ojos ya vieron tu salvación…” (Lc.2,29-30 TCB). Gracias a la sensibilidad de Simeón a la guianza del Espíritu Santo, logró identificar al niño que había cogido en sus brazos y pudo percibir el cumplimiento de la promesa que se le había dado. Por lo tanto, sin duda alguna expresó que ya estaba listo para morir porque el plan de Dios en su vida ya se había realizado. Nunc dimittis viene de la versión latina y significa “ahora puede dejar ir”. No hay un premio mayor que el poder experimentar esa satisfacción que sintió Simeón de haber cumplido la voluntad de Dios. 2. “esta salvación fue planificada para alcanzar a todos los pueblos, que será luz para revelación a los gentiles, y traerá honor a tu pueblo Israel” (Lc.2,31-32). Estos versos nos muestran que el vínculo de Simeón con el Espíritu Santo le dio claridad de la salvación universal. La salvación que proveería este niño que tenía en brazos sería para todos sin acepción de personas. Es decir, que la relación de Simeón con el Espíritu de Dios le permitió ver más allá de los prejuicios de la época y expresar la bendición de salvación para todos.                  En conclusión, Lucas nos presenta en esta narración la importancia de mantener ese vínculo con el Espíritu Santo. Si queremos ser cristianos maduros, capaces de discernir la voluntad de Dios en nuestras vidas, debemos seguir el ejemplo de Simeón y desarrollar esa comunión con el Espíritu Santo, para que nos impulse a ser sensibles a la guianza y dirección de Dios en nuestras vidas.  Créditos: Carolyn Moreno Puerto Rico

El Establo y el Pesebre

Lucas 2:7 (TCB) "7. a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales, y lo recostó en un pesebre, porque no había lugares de huéspedes para ellos." “Hubo una vez en el mundo un pesebre, y en ese pesebre, algo más grande que el mundo”.  C.S. Lewis      En medio del bullicio y la agitación de la temporada llena de luces, de arreglos por las calles y casas, todo parece resplandecer por donde caminamos, nos dejamos cautivar por la decoración del momento y en ocasiones perdemos de vista la esencia misma de esta temporada. En el pasaje bíblico de Lucas 2 nos transporta al corazón de esta narrativa, al revelar cómo María y José encontraron refugio en un establo y cómo un pesebre improvisado, donde se alimentaban los animales, se convirtió en el lugar de descanso para el recién nacido Salvador.      Imagina por un momento el frío de la noche envolviendo aquel establo antiguo, los sonidos de los animales y la fragancia del heno. En ese entorno inesperado, la promesa de Dios se manifestó de una manera sorprendente. El Hijo de Dios nació en la más profunda humildad y simplicidad, desafiando todas las expectativas humanas sobre la llegada del Mesías.      El establo, lejos de ser un lugar grandioso, representa la disposición de Dios para encontrarse con la humanidad en sus circunstancias más modestas. En ese espacio poco convencional, Dios nos enseña que no se limita a los lugares majestuosos y grandiosos, sino que está presente en los rincones más humildes y sencillos de nuestras vidas.      El pesebre, la cuna improvisada para el recién nacido, simboliza la receptividad y la disposición para recibir a Jesús en nuestras vidas. Ese pequeño recipiente de madera que sostenía al Salvador del mundo, nos recuerda que a menudo las cosas más simples son las que llevan la mayor carga de significado.      La historia del establo y el pesebre nos invita a reflexionar sobre nuestra propia humildad. ¿Estamos dispuestos a abrir nuestros corazones, tal como aquel establo abrió sus puertas para recibir a Jesús o seguimos esperando ser llenos con deseos ostentosos? ¿Estamos dispuestos a dejar a un lado nuestras expectativas y orgullo, como aquel pesebre simple, pero acogedor, lleno de benignidad y mansedumbre? ¿Celebramos Navidad o estamos celebrando vanidad?.      La humildad del establo y la luz del pesebre también nos revelan la grandeza de Dios. En un mundo obsesionado con el poder y la ostentación, Dios eligió venir como un bebé indefenso. Su humildad nos desafía a reconsiderar nuestros valores y prioridades, recordándonos que la verdadera grandeza se encuentra en el servicio.      El establo y el pesebre nos desafían a reflexionar sobre nuestras expectativas y preconceptos. A menudo esperamos que lo divino se revele en lo majestuoso y el esplendor, pero Dios nos sorprende al manifestarse en la humildad y en lo menos visible. Nos llama a abrir nuestros corazones y mentes para reconocer su presencia en los lugares inesperados y en las circunstancias menospreciadas. Él es la luz que brilla en medio de nuestras tinieblas, ofreciendo amor, esperanza, paz y redención a todos los que lo reciben.      En esta Navidad te animo a que recuperes la capacidad de asombro en lo sencillo. En aquella cercanía con tus seres amados, con aquel que se siente solo y contigo puede hallar compañía. En aquel tío que hace la misma broma cada diciembre, pero que esta vez te rías como si fuera la primera vez que lo escuchas y le hagas sentir amado.      La grandeza del pesebre y el establo nos demuestra que no se trata de lujo sino de la esencia del amor sacrificado y vivir la plenitud de la gracia divina que puede transformar el mundo. Él usa lo ordinario para llevar a cabo lo extraordinario. Créditos: Andrés Chamorro Ecuador

Jesús, la gran promesa, el mejor regalo.

Lucas 2:29-30 (TCB) “Ahora, Señor, puedes dejarme morir en paz, ¡Ya has cumplido tu promesa! 30. Pues mis ojos ya vieron tu salvación, Lucas 2:29-30 (TCB)      En la historia de todas las promesas divinas, Jesús emerge como el máximo cumplimiento, revelando el amor eterno de Dios y su fidelidad inquebrantable hacia su creación. La investigación científica ha evidenciado que el cumplimiento de promesas puede tener grandes beneficios para el ser humano, tanto a nivel emocional, espiritual y social. Puede generar, por ejemplo, una sensación de felicidad y alegría, satisfacción emocional profunda, fortalece la confianza, proporciona paz interior y contribuye a un mayor bienestar. Estos sentimientos pueden motivar al hombre a perseguir metas y a continuar comprometidos en sus objetivos. En general, no solo tiene beneficios a nivel individual, sino que también contribuye a la construcción de sociedades y comunidades más sólidas basadas en la confianza y en la esperanza. El relato nos presenta a un hombre justo llamado Simeón, quién en su dedicación a Dios, había recibido la promesa de ver al Mesías antes de su muerte (v.25-26), el salvador que vendría a consolar al pueblo de Israel. Un día se inicia de manera especial y diferente, el Espíritu lo guía al templo, donde encuentra a María y a José con el niño Jesús (v.28). Simeón, sosteniendo al Salvador en sus brazos, entona un himno de agradecimiento por el cumplimiento asombroso de la promesa diciendo: 29. “Ahora, Señor, puedes dejarme morir en paz, ¡Ya has cumplido tu promesa! 30. Pues mis ojos ya vieron tu salvación, 31. esta salvación fue planificada para alcanzar a todos los pueblos, 32. que será luz para revelación a los gentiles, y traerá honor a tu pueblo Israel.”. Imaginemos la escena: Simeón, impulsado por el Espíritu, deja todo lo que está haciendo y se traslada al templo y una vez allí, lleno de alegría, levanta al niño Jesús en sus brazos y sin dudarlo reconoce que en Él se cumplirá la salvación prometida; la espera había llegado a su fin y la promesa de Dios se había hecho realidad. ¿No es asombroso? A menudo, nuestras vidas descansan en la esperanza de promesas divinas que ansiamos ver cumplidas en distintas áreas de nuestras vidas. El nacimiento de Jesús nos recuerda que, aunque pase mucho tiempo, Dios siempre cumplirá lo que nos ha prometido.  Simeón continúa su trabajo y profetiza diciendo que Jesús será esa luz que aparecerá para revelación a los gentiles, aún en medio de la oscuridad en la que el ser humano pueda encontrarse, sea lo que sea y pase lo que pase, la luz de Cristo ilumina con su amor a todas las naciones. En nuestras propias vidas, podemos ser portadores de esa maravillosa luz, mostrando y compartiendo el mensaje transformador de Jesús con aquellos que aún no lo conocen.  Por otra parte, Simeón advierte a María sobre la contradicción y el sufrimiento que vendrán con la misión de Jesús, aunque Él trae al mundo redención, su mensaje desafiará a muchos (v.34-35). La invitación es a reflexionar sobre cómo, el seguir a Cristo, podría llevarnos a encontrar en nuestro camino problemas, contradicciones y desafíos, sin embargo, también experimentaremos su redención en medio de ellos. La historia de este hombre justo nos recuerda en este Adviento, que Dios es fiel a sus promesas y que la esperanza cumplida trae alegría y redención. Seamos portadores de la luz de Cristo y estemos dispuestos a transmitir la redención que solo viene a través de Jesús. Las promesas humanas pueden desvanecerse, pero las promesas de Dios y su fidelidad, seguirán cumpliéndose en cada etapa de nuestras vidas. Créditos: Olga Bascuñán Chile. obascunan@proyectoevanggelio.org.

Ven Señor Jesús…

            El evangelio de Juan es un evangelio espiritual, con una carga teológica que tiene como propósito que creamos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, para que creyendo tengamos vida en su nombre (Jn.20:30-31).  Y esa vida nos es impartida como resultado de nuestra unión con Cristo en el derramamiento del Espíritu Santo en nosotros, después de la glorificación de Jesús (Jn.7:37-39).  “El que cree en mí como dice la Escritura de su interior correrán ríos de agua viva.  Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él”.                El Espíritu de verdad del cual Jesús nos habla en Juan 14:16-18, que rogará al Padre que envíe a nosotros, el mundo no le verá porque no es físico, es espiritual.  El que cree en Él le verá, porque lo experimentará desde su interior.  “Si alguien me ama, practicará mis enseñanzas y mi Padre lo amará, y estaremos con Él. “Y plantaremos nuestro tabernáculo “μονήν» (monén) (morada) (habitación) (sitio) (presencia) en Él”.  O sea, nosotros siendo uno con Él en este cuerpo de carne. Jesús está hablando eso antes de ir a la cruz, su crucifixión y resurrección es la que daría acceso a nuestra unidad con Él en el Espíritu.                Y es desde esa unidad con Dios en el Espíritu que nos llegan verdades que impactan nuestro interior (v.26).  El entender lo que Dios quiere decirnos, se convierte en una experiencia personal.  Experiencia que comienza a producir en y a través de nosotros la presencia de Dios que nos habita, y que de forma íntima nos va transformando, llevándonos a manifestar una vida que nos hace superar los límites de nuestra finitud cuando nos rendimos a Él.              Pero ese conocimiento, no viene a través de la carne.  Es el Espíritu quien rasga el velo para que podamos ver e interiorizar la Palabra y la obra de Jesús, extrayendo principios y depósitos, de ese nuevo nivel de entendimiento que ahora hace posible que caminemos en Él.  Y digo “hace posible”, porque pudiéramos aun después de haber sido iluminados en nuestro interior optar por no obedecer, pero ese depósito que efectúa una metamorfosis en nuestro interior nos impele al cambio, a que comencemos a vivir desde esa nueva realidad presente en nosotros.  Y Jesús nos invita a creer para que se haga efectiva en nosotros esa unidad con Él. El Espíritu, Cristo, que mora en nosotros es esa vid de donde fluye toda la actividad y la obra que puede llevarnos a dar fruto de vida para llevar salvación, amor, misericordia, paz, gozo, identidad, justicia. Mostrando unidad, sacrificio, obediencia, respeto, identificación, hermandad, cuidados, protección, provisión… y del fruto de su plenitud tomamos todos, para glorificar su nombre; Cristo en nosotros.  El Espíritu que nos transforma.              En este periodo tan hermoso que se aproxima, donde tenemos la oportunidad de reunirnos en familia, con amistades, digamos, ¡Ven Señor Jesús! ¡Ven!  Ayúdanos a manifestar tu presencia continua en nuestra vida, a perseverar en la manifestación de nuestra unidad contigo.  A expresar amor, misericordia, a ver más allá de la apariencia, a ser sensibles a la necesidad material y espiritual de otros. A tender la mano, para que otros vean, para que otros crean, para que te anhelen, para que entiendan el mensaje del verdadero evangelio de Dios.  Un niño que ha nacido … el Hijo nos fue dado.  El Espíritu vive en nosotros.  ¡Ven Señor Jesús! Que tu presencia continua nos colme, que el fluir de tu Espíritu en nosotros se desborde desde nuestro interior, como ríos de agua viva, para que otros quieran beber de ella y exclamen también, ¡Ven Señor Jesús…! Créditos: Ileana Cruz Puerto Rico

Siguiendo una Estrella….

Mateo 2:1-12             Ya estamos muy cerca de celebrar el nacimiento de quien es el mayor símbolo de LIBERTAD Y PAZ…  ¡Esta fecha es especial! Es un tiempo de celebración en muchos lugares del mundo, por lo que es imposible no reflexionar acerca de lo que esto significa para el pueblo cristiano. Hoy, mientras meditaba en Mateo 2: 1-12, pude leer desde otra perspectiva estos preciosos versículos, y llegué a la conclusión que todo tiene un tiempo. Que las circunstancias, por más adversas que se puedan presentar, siempre serán resueltas por Dios. Tal vez hoy en tu vida esté Herodes, o estés viviendo un proceso o edicto no muy favorable para tu vida, pero recuerda que no importa cuán difícil pueda ser este momento, la luz de Señor es tan poderosa que nada podrá quedar en oscuridad. Él llegó para alumbrarlo todo, para que no seas confundido y tu camino sea guiado. Esa misma estrella que guió a los magos, astrónomos y sabios a conocer al recién nacido, que pueda alcanzarte. Esa estrella maravillosa que nos llevó al encuentro con ese niño que nos transformó en todo sentido, aquel que vino a nuestras vidas a cambiarlo todo, a perdonar, a restaurar, a lavarnos con su preciosa sangre y levantarnos con un propósito y diseño perfecto de parte de Dios. Esa misma luz que nos dio dirección; Que nunca nos deje de iluminar y guiar en este peregrinaje hacia Él. Que esa luz brille siempre en nuestra vida, familias, proyectos y sueños.  Mi deseo para ti en esta navidad es que puedas ser luz para todos los que caminen junto a ti, llevando un mensaje esperanzador al lugar donde te encuentres. Que el propósito de Dios para tu vida te salga al encuentro y tus pasos sean  guiados hoy y  siempre. Siendo luz para otros, transformándote en instrumento de guianza para aquellos que todavía no logran divisar esa estrella. Que en este tiempo especial de Navidad, puedas disfrutar y ser agradecido con todo lo que has podido lograr en este año, siendo un portador de luz. Déjate guiar al encuentro con Jesús. Sigue su estrella. Créditos: Brenda Pacheco Argentina.

Huye de las sombras

            Recuerdo que cuando era niño, veía con frecuencia a un amigo imaginario en el balcón, nadie lo veía excepto yo. Un día mi madre asustada me preguntó: “¿Qué color tiene?” A lo que yo respondí: “es de luz y nos está mirando”, esas palabras aliviaron tanto a mi madre que ya no volvió a preocuparse por mi amigo imaginario, ella comprobó que su hijo estaba en la claridad de la vida y no en las sombras de la desgracia.  Esta anécdota me recuerda mucho a una historia presente en la Biblia, una historia que, aunque trata de Jesús, me hace pensar más en el villano que le perseguía y su miserable vida de sombras. Esta historia la podemos encontrar en Mateo 2: 13-18: 13. Cuando los sabios se fueron, un ángel del Señor se le apareció en sueño a José y le dijo: - Levántate, toma al niño y a su madre, y huyan a Egipto, y estarán allí hasta que yo se los diga, porque Herodes busca al niño para matarle. 14. José se levantó, tomó al niño y a María, y de noche se fueron para Egipto, 15. y estuvieron allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo dicho por el Señor a través del profeta: “De Egipto llamé a mi hijo”5. 16. Entonces, Herodes se sintió burlado por los sabios, se enfureció muchísimo, y mandó asesinar a todos los niños menores de dos años que estaban en Belén y sus alrededores, conforme al tiempo que los sabios habían insinuado. 17. De esta manera se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: 18. “Una voz en Ramá fue oída, llanto y mucho lamento; es Raquel que llora por sus hijos, y no quería ser consolada, ya que perecieron.” Herodes, un gobernante con mucho poder, temido, respetado, sumamente rico, un hombre que contaba con el apoyo del imperio más poderoso del mundo en aquel entonces. Sintió miedo, pero no de un líder militar, tampoco del César romano, menos de un sabio o de un forajido; sintió miedo de un niño. Habría podido celebrar la esperanza que en ese recién nacido depositaban los sabios.  Habría podido comprender sus límites humanos y continuar gobernando, renunciando a la idea absurda del poder eterno, pues sabía que él mismo como ser humano no sería eterno. Pero eligió temer, eligió nublar su entendimiento y oscurecer su espíritu persiguiendo a alguien que creía le era contrario y perjudicial, pero como no sabía exactamente a quién buscaba, decidió perseguir a una sombra. Una sombra que se representaba en cada niño recién nacido, una sombra que se encarnaba en cada familia que celebraba la llegada de un nuevo ser, una sombra que terminó nublando de tristeza a la tierra por él gobernada. Es oportuno preguntarnos en estas fechas asociadas con la alegría, la luz, la unión, los comienzos nuevos y la esperanza: ¿Qué sombras nublan nuestra tierra de tristeza? ¿Qué sombras hacen que nuestra vida no sea completamente plena o sea en definitiva miserable? Quizás algunos dirán “deudas”, otros en cambio dirán “enemigos”, otros “hermanos”, otros “padres”. Nadie tiene una vida perfecta y debemos dejar de aferrarnos a la idea que la perfección terrenal existe y que nosotros debemos encarnarla. Debemos aceptar que las limitaciones son parte de los propósitos de Dios y que junto con las limitaciones vienen los problemas, pero siempre tener claro que de nosotros depende convertir esos problemas en luz de aprendizaje o en sombras de vida. Nos encanta presumir que Cristo vino para que tengamos vida en abundancia, pero raras veces entendemos y aplicamos lo que eso significa. Raras veces elegimos la luz en lugar de las sombras, raras veces elegimos tener paz aun en medio de la tormenta. ¿No crees que ha llegado el tiempo de tener y ser luz? ¡Anímate, Cristo no te defraudará! Deja de ser un Herodes lleno de sombras y ego, huye de todo lo que amenace con ensombrecer tu vida y escoge la luz. Créditos:   Luis Bonilla  Ecuador 

Dios con nosotros

Mateo 1:23 Emanuel, una linda palabra, que logra resumir toda la esperanza navideña, de una manera tan directa y a la vez tan profunda: Dios con nosotros. Emanuel es una expresión, un nombre que solo aparece 2 veces en la Biblia, en Isaías 7:14 y aquí en Mateo 1:23. En Isaías esta profecía es presentada en un momento de mucho miedo, dónde el pueblo estaba bajo amenazas, en una situación de inseguridad, de vulnerabilidad, y para tranquilizar el corazón del pueblo Dios hace esta linda promesa del Emanuel, el Dios distante, transcendente, se acerca, viene a nuestro encuentro, para decirnos que no necesitamos tener miedo, porque Él está con nosotros, la encarnación del Amor, que echa fuera todo el miedo ahora está con nosotros. La gran esperanza de la navidad es saber la historia del Dios que se mezcló y se metió a nuestra historia, que Dios no está lejos, inalcanzable, está con nosotros, que quiere nacer en nuestros corazones y en nuestras vidas cada día para acompañarnos en todas las situaciones de nuestra existencia, por más desafiantes que sean, por más complejas que sean, no estamos solos, no estamos abandonados. Y me gustaría invitarte a reflexionar en este tiempo de Adviento, donde preparamos nuestra mente y nuestro corazón para todo lo que significa la celebración navideña, sobre las tres partes de esta expresión “Dios con nosotros”. Dios: El término Emanuel viene a asegurarnos que Jesús es Dios, no solo fue un gran maestro, un gran filósofo, un lindo ser humano, es cierto que lo fue, todo eso y mucho más, pero la navidad nos deja muy claro que Jesús no solo era un Ungido de Dios, no solo era el Hijo del hombre, Emanuel nos dice claramente que Jesús es Dios con nosotros, Dios entrando en la historia, volviéndose una realidad inmanente, para entendernos, para mirarnos a los ojos y rescatarnos, salvarnos. Si seguimos la lectura, Mateo 2:2, dice que los magos estaban buscando al bebé para adorarlo, Dios, el Eterno, el Todopoderoso, por amor nació… Para caminar entre nosotros, para perdonar nuestros pecados, para amarnos hasta las últimas consecuencias. Este Dios que dijo a Moisés que era lo que era, que era el que estaba, en Jesús reafirma eso de manera espectacular, diciendo con sus palabras, con su vida, con su muerte y su resurrección que “está con nosotros”. Navidad es una afirmación muy loca, sin precedentes y muy atrevida que Jesucristo es Dios. En esta navidad es momento de reflexionar ¿Quién es Jesús para ti? ¿Realmente lo estás adorando y reconociéndolo como Dios, Señor, Rey de tu corazón y de todas las áreas de tu vida? Con: La maravilla de la navidad no solo es que Jesús es Dios, pero es Dios con… Es por eso que el Evangelio es este mensaje que transforma toda la existencia humana, porque cuando ya no había esperanza, cuando nada ni nadie pudiera hacer algo para redimirnos,, la navidad llega como la mejor noticia de la historia, Dios vino, Dios viene a nuestro encuentro, para unirse a nosotros, para estar con nosotros. Este Jesús Dios nos amó de tal manera que viene y desea tener un relacionamiento intimo y verdadero con nosotros, anhela que lo conozcamos íntimamente. Por algunos sofismas, muchas personas fueron presentadas a un Dios tirano, malo, que más parece que es contra nosotros, que, con nosotros, que solo está atento a nuestras fallas para condenarnos, y esta es la vieja estrategia de la antigua serpiente, no es la verdad que la navidad nos brindó, no es Dios contra nosotros, es el Dios que nos ama y quiere estar con nosotros. Quizás en cambio te vendieron el Dios para nosotros, como si fuera el genio de la lámpara, que solo está como el Papá Noel para darnos todos nuestros deseos, tampoco es esta la propuesta de la navidad, es relación, es unidad, es intimidad, es estar en Él y Él en nosotros, Dios con nosotros. La buena esperanza es que Él está con nosotros, salvación es está eternamente con Dios. Nosotros: ¿Quiénes son estos nosotros? Los pecadores, los necesitados, los que reconocen que están perdidos y necesitan de un Salvador, iglesia es la comunidad que reconoció que necesita de este Dios, que responda a este amor infinitivo, que acepte este amor perfecto, aquello que permitan que este Dios que se hizo hombre transforme su vida, brinde sentido pleno a tu historia. Que en esta navidad puedas realmente pasar por profundos procesos de reflexiones y dejar que la esperanza nazca diariamente en sus vidas, puedan sentir cada día la maravillosa presencia de este Dios, que puedan vivir la gracia, la vida de Dios en Cristo Jesús, que puedan experimentar este Emanuel, seguros y plenamente felices, porque “Dios está con nosotros”. Créditos: Ester Alice da Rocha Brasil.

Cuidemos la esperanza

(Mateo 2:1-18) La Organización Panamericana de la Salud (OPS) da a conocer que, a nivel mundial, 1 de cada 2 niñas y niños de entre 2 y 17 años sufre algún tipo de violencia cada año. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), aproximadamente 152 millones de niños en el mundo están involucrados en el trabajo infantil, de los cuales casi la mitad realiza trabajos peligrosos.  Aunque el Derecho a la Vida es inalienable para todos los seres humanos, las cifras en cuanto al asesinato de niños y niñas bajo diferentes circunstancias a nivel mundial son alarmantes. ¡Tristemente esta es una realidad histórica! Como un ejemplo de ello encontramos en el relato de Mateo 2:1-18, a un rey enceguecido por el poder, que al sentirse amenazado toma una medida descabellada. 16 Entonces, Herodes se sintió burlado por los sabios, se enfureció muchísimo, y mandó asesinar a todos los niños menores de dos años que estaban en Belén y sus alrededores ... Este panorama no es ajeno a nuestro tiempo, cada día, por los diversos medios de comunicación nos invaden las noticias de niños y niñas que son víctimas de abuso de todo tipo. ¿Qué hacer ante esta situación? Es la gran pregunta que se nos plantea. En medio de aquella situación tan dolorosa mostrada por el texto, acontece algo especial, el Mesías nos estaba siendo dado, a través del nacimiento de un niño, el futuro y la esperanza de la humanidad estaba germinando y era menester cuidarlo. Al igual que en aquel tiempo, hoy ese sigue siendo nuestro llamado; cuidar la esperanza de la humanidad, ya que aún se escucha el verso 18 … llanto y mucho lamento; es Raquel que llora por sus hijos ...” La lista de problemáticas que sufren los niños en la actual sociedad continúa. Los padres de Jesús vivieron esa amenaza y decidieron actuar, proteger a su hijo. Como padres, abuelos, tíos, como sociedad, tenemos la responsabilidad de protegerlos, no podemos abandonarlos ya que aún hay Herodes tras ellos. En este tiempo de navidad, es necesario reflexionar en cuánto estamos cuidando de nuestros pequeños. Más allá de lo material que podamos brindarles, es importante que puedan sentirse protegidos, que tienen un lugar seguro y personas a las cuales acudir cuando se sientan vulnerados. Que puedan saber que en todo aspecto de su vida son amados. No debemos olvidar que, gracias a aquel niño nacido en el pesebre, que fue cuidado de las adversidades de su tiempo, hoy gozamos de la gracia de la salvación. Y que de igual forma las nuevas generaciones son aquellas que, si son cuidadas, esparcirán las buenas nuevas y así el mensaje de esperanza y salvación trascenderá los tiempos. Créditos: Yuri Nieto Ecuador

Una visita necesaria

Lucas 1:39-45      La joven María emprende un viaje a un pueblo tranquilo, en una montaña de Judea, para visitar a su prima Elisabet. Me atrevo a imaginarme cómo se sentía mientras recorría el camino y pensaba en el anuncio del ángel. Sin duda, estaba llena de tantas emociones encontradas y a la vez de un sentir indescriptible, considerando que el bebé que llevaba en su vientre era El Salvador de la humanidad.      Es posible asumir que entre estas primas había una relación especial y que posiblemente, Elisabet, había sido confidente y apoyo para María en otros temas, aunque sin duda, ¡ninguno como este! Elisabet también había recibido el milagro de llevar en su vientre a Juan, quien anunciaría y prepararía el camino para la llegada de Jesús. La verdad, es muy difícil imaginar o poner en palabras las emociones que, de seguro, llenaban los corazones de estas valientes mujeres.      Elisabet recibe a María al llegar con los brazos abiertos y una sonrisa, quizás hasta de complicidad. En el abrazo sienten movimiento en sus vientres. Esta vez, fue más que esas pataditas que dan los bebés; algo especial y espiritual sucede y Elisabet llena del Espíritu Santo profetiza: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre!" Estas palabras tienen un profundo significado, y a la vez son un recordatorio, que incluso en los momentos más comunes, lo extraordinario puede suceder.      No obstante, el encuentro de estas primas no sólo se trata de esta experiencia hermosa de confirmación de lo que Dios estaba haciendo, o de cómo estos bebés aún en el vientre gozaron en la llenura del Espíritu. Este momento también se trata de la alegría de la amistad y de la diferencia que hace el apoyo inquebrantable de una comunidad. No me parece improbable que luego de esta visita, ambas quedaran más confiadas, tranquilas y felices por lo que estaba por suceder.      En un mundo que a menudo se siente aislante y abrumador, María y Elisabeth encuentran consuelo y fuerza la una en la otra. Su historia nos sirve como un poderoso recordatorio del inmenso bien que nos hace apoyarnos unos a otros.      En esta temporada de Adviento, inspirémonos en María y Elisabeth. Acerquémonos a nuestros seres queridos, ofreciéndoles apoyo y aliento. Construyamos comunidades donde la esperanza y el amor puedan florecer, donde los milagros puedan desarrollarse en medio de lo ordinario. Durante este tiempo de reflexión y preparación, recordemos que no estamos solos en este viaje,  que estamos rodeados de hermanas y hermanos, amigos y familiares, todos en la misma jornada. Y dentro de esa experiencia compartida, encontrarnos con la verdadera esencia de la Navidad; Que es el amor, la esperanza y el espíritu inquebrantable de la comunidad. CRÉDITOS: Jenniffer Contreras. Puerto Rico.

Saltó de alegría

LUCAS 1:41 y sucedió que cuando Elisabeth escuchó el saludo de María, el bebé que estaba en su vientre, saltó de alegría, y ella fue llena del Espíritu Santo… Estamos cada día presos de las preocupaciones del día a día, incertidumbres del futuro, ansiosos porque haya cambios en nuestros países … la paz mundial. Aturdidos pensando en nuestra salud, de repente luchando con aceptarnos tal cual somos, aunque no cumplamos los estereotipos que nos impone la sociedad, contando cada centavo para ver si nos alcanza para cubrir las necesidades o caprichos. Haciendo listas y presupuestos para ver cómo salir adelante en la navidad, y de repente nos olvidamos de lo que la palabra nos dice. María recibe la visita del Ángel Gabriel, y le anuncia dos cosas: que será madre por el poder del Espíritu Santo, y que su pariente Elisabeth, también está esperando un hijo. María emprende viaje para visitar a su pariente. Este encuentro tiene muchísimas enseñanzas, dos mujeres de dos generaciones diferentes embarazadas de manera milagrosa. Elisabeth era   posiblemente un referente en el área espiritual y emocional de María, por eso va donde ella primeramente a compartir su embarazo. Recorrer caminos inhóspitos por un desierto de Judea que es tan árido y seco, entre otras. Elisabeth llevaba ya 6 meses de embarazo, los bebés comienzan a moverse, patear y saltar, pero este fue un salto diferente, me imagino que las que han sido madres podrán entender los movimientos de sus bebés. Y es por eso por lo que se habla aquí de un salto de alegría. Alegría, gozo, felicidad, dichosos, bienaventurados, afortunados, son palabras que las encontramos muchas veces en el Nuevo Testamento y los evangelios, y no sólo como una mención sino como un mandamiento. MATEO 6:34. En conclusión, no estén ansiosos por el día de mañana, VIVAN EL MOMENTO Y DISFRUTEN LA VIDA, porque el mañana no está garantizado, y si llega, traerá sus propias preocupaciones. Cada día tiene sus propios problemas. Vivan el momento y disfruten de la vida, creo que este mundo sería tan diferente si aplicáramos este versículo. Hay muchas personas que cuando se enfrentan a enfermedades, lo que las mata no es precisamente la enfermedad, sino la preocupación o ansiedad que esta trae. Si cada uno de nosotros supiéramos exactamente cuándo van a terminar nuestros días, de seguro planificaríamos hacer muchas cosas que las pasamos por alto.  Acá en medio del sermón del monte, Jesús dice “vivan el momento y disfruten de la vida”. Juan, el bebé en el vientre, saltó de alegría, y es que la presencia de Jesús en medio nuestro debería llenarnos siempre de gozo, y mantenernos tan felices que saltáramos de alegría. La noticia del nacimiento de Jesús va precedida de este mandamiento … “Alégrate”. LUCAS 1:28 Y entrando a donde estaba ella, le dijo:  - ALÉGRATE, eres muy amada y bendecida, el Señor está contigo. El ángel Gabriel se presenta a María y le dice Alégrate, eres muy amada y bendecida. Alégrate no es una opción, es un mandamiento, y ¿por qué debemos estar alegres? Porque somos amados, bendecidos y el Señor permanece a nuestro lado. Luego del nacimiento de Jesús, un ángel se presenta ante los pastores, quienes eran los humildes, quizás los trabajadores más invisibles que había en esos tiempos, LUCAS 2: 10. Y el ángel les dijo: - No tengan miedo, miren que les traigo una gran noticia, que les causará mucha ALEGRÍA a todos. Porque el evangelio trae esperanza y produce alegría en los humildes de corazón, en aquellos que se sienten discriminados, los que no tienen esperanza. Y es que sólo saber que Jesús se hizo hombre es suficiente para sentir alegría, pensar que se identificó con nosotros, eso debe llenar nuestro corazón. El Señor Jesús, cuando comparte con sus seguidores la parábola de la Vid Verdadera, una paráfrasis de Juan 15:15 dice “Les he dicho estas cosas para que mi alegría esté en ustedes, y esa alegría sea plena”. La plenitud es difícil de explicar, pero es fácil de entender porque la sentimos. Con el nacimiento de Jesús, nace la esperanza, que tiene que ser suficiente para sentir esa plena alegría y dar un salto de alegría tal como lo dio Juan en el vientre de Elisabeth. Créditos: Pastora Paulina Buitrón ECUADOR

Redirigir el foco de atención

Texto: “Y predicaba diciendo: Se acerca uno que es más poderoso que yo, de quien no soy digno ni de inclinarme para desatar las correas de sus sandalias” Marcos (TCB). Los creyentes que tienen claridad de su labor en el reino de Dios tratan de proclamar el evangelio de Jesucristo, con humildad, sin presunción, conocen sus límites, y redirigen la atención de las personas hacia Dios.  La vida de Juan el Bautista es narrada en los evangelios Mt 3:1-12, Mc 1:1-8, Lc. 3:1-9, 15-17 y Jn 1:19-28. Su llegada estaba profetizada en Isaías 40:3 y Malaquías 4:5-6, era un profeta enviado por Dios, cuya misión consistía en preparar el camino de Jesús y lo hizo mediante un llamado al arrepentimiento y el bautismo por inmersión, realizada en el río Jordán; donde llevó a cabo su ministerio con humildad y sumisión. Vale resaltar que, de los versículos mencionados, pueden extraerse innumerables lecciones y mensajes, más la reflexión de hoy se trata acerca de “Redirigir el foco de atención”. Juan el bautista realizaba un bautismo de arrepentimiento, hacia un llamado al cambio de mentalidad, que llegara a transformar la conducta humana (Mc v 3-4), los habitantes de la región de Judea y de Jerusalén acudieron donde Juan se encontraba, llegaban a bautizarse y a confesar sus pecados (Mc v 5).  En la narrativa se resalta el vestuario y la alimentación de Juan el bautista (Mc v 6); descripción que en la época actual no sería aceptado para alguien que dice ser un enviado de Dios.   El versículo 7 señala como Juan estaba comprometido con su misión, tenía un ministerio poderoso, eficaz; que atrajo la atención de multitudes, pero Juan no fue oportunista, esto se da a conocer cuando él menciona que “Se acerca uno que es más poderoso”, con esa expresión enfocó la atención tanto de sus seguidores como de sus oyentes, hacia Jesucristo.   Juan sabía que el ministerio de él era ser precursor, su servicio fue respaldado por Dios, pero esto no lo llevo a sentirse superior a Jesucristo. Conocía sus límites al decir “Yo siempre los bauticé con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo” (Mc. V 7).  El personaje de la narrativa con humildad cumplía su misión, predicaba con su ejemplo, su mensaje no buscaba agradar los oídos de sus oyentes. Muy contrario a la mayoría de proclamadores del evangelio en la actualidad.  Para todo creyente que sirve a Dios, y que Dios en su misericordia le haya dotado de habilidades y talentos, dones y respaldo divino; siempre en su servicio recibe halagos, felicitaciones, que tientan su ego como persona.  No obstante, si conoce al Dios a quien sirve, sabe en qué consiste su misión, en el reino de Dios; su vida no será más que un instrumento, cuyo fin es contribuir en la expansión de la obra de Dios.  Para ello, es indispensable reconocer que el mensaje a compartir viene de Dios y que quien hace la obra en cada vida es el poder de Dios, por más poderoso o prospero que sea un ministerio el dueño de la obra siempre es Dios, he allí la urgencia de redirigir la atención de los fieles hacia Jesucristo, ¡tal como lo hizo Juan el bautista! Teniendo siempre presente a quien pertenece la gloria. ¿Posee usted un ministerio poderoso? ¿Es Cristo el centro del mensaje que usted comparte? Un ministerio próspero, exalta el nombre de Jesucristo quien dio su vida por toda la humanidad.  Créditos: María Fidelina Camajá Az  Guatemala 

MÁS ALLÁ DE LA SANIDAD

Texto: “Cuando dijo estas palabras, escupió en la tierra, hizo lodo con la saliva y lo puso en los ojos del ciego. Y le dijo: Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que traducido significa enviado). El ciego se fue, se lavó y regresó viendo. Juan 9: 6-7 En cierta oportunidad, se le diagnosticó a un hombre, Cirrosis hepática y a causa de lo avanzada que estaba la enfermedad, los médicos lo desahuciaron. Abatido, salió del hospital sumido en la angustia, el sujeto no tenía más de 35 años. En su camino de regreso a casa, se cruzó con un albañil que percibió su angustia. Al preguntarle qué le sucedía, el hombre enfermo compartió su situación desesperada. El obrero, mientras continuaba con su trabajo, le habló de alguien que era más grande que cualquier diagnóstico médico. Su nombre era Jesús.  De vuelta en su hogar, el hombre desahuciado siguió el consejo del albañil y buscó a Jesús en la oración. Y en ese encuentro espiritual, recibió la sanidad que tanto necesitaba. Con el paso del tiempo, formó una familia y se convirtió en pastor, dedicando 28 años de su vida al ministerio. En cada momento de su labor, ha experimentado el respaldo de Dios de manera palpable. La enfermedad, lejos de ser una maldición, se convirtió en el medio a través del cual Dios manifestó su poder y su obra en la vida de este hombre, recordándonos la historia del ciego de nacimiento mencionado en el capítulo 9 del Evangelio de Juan. El relato nos desafía a repensar nuestra comprensión de la enfermedad y la adversidad. A menudo, tendemos a asociar el sufrimiento con el castigo divino por el pecado, pero en el caso de este hombre, su condición no era un reflejo de su maldad, sino una oportunidad para que la gloria de Dios se manifestara. En la sociedad de aquel tiempo, la enfermedad era vista como un signo de impureza y pecado, lo que llevaba al aislamiento y la marginalización de quienes la padecían. Este hombre ciego, cuyo nombre desconocemos, estaba sumido en esa realidad de exclusión y desesperanza, sin ser reconocido por la comunidad religiosa de su época. Sin embargo, Jesús vio más allá de su condición física y reconoció el propósito divino detrás de su sufrimiento. Él mismo afirmó que la enfermedad del hombre tenía un propósito mayor: revelar la gloria de Dios. Esta historia nos desafía a reflexionar sobre nuestra perspectiva de la enfermedad y la aflicción. ¿Las vemos como oportunidades para que la gloria de Dios se manifieste? ¿O las percibimos como castigos injustos o pruebas que deben ser evitadas a toda costa? En medio de la enfermedad y la vulnerabilidad, nuestra perspectiva de Dios y de nosotros mismos se pone a prueba. ¿Nos aferramos al orgullo y la desesperación, o encontramos esperanza y consuelo en nuestra dependencia de Dios? La clave está en nuestra posición frente a la dificultad. ¿Nos rendimos ante la desesperación o encontramos fortaleza en la fe? La sanidad no se limita simplemente a la restauración física, sino que representa la revelación del poder divino y nuestra continua dependencia de Dios en cada aspecto de nuestras vidas. Créditos: Débora Dote  Chile

MEJOR ES DAR QUE RECIBIR

Texto: “Siempre hagan el bien y no se olviden de compartir, porque esos son los sacrificios que agradan a Dios” Hebreos 13:16 TCB. Hace unos años, cuando vivíamos en otra ciudad, con un grupo de amigos salíamos una vez a la semana a repartir chocolate caliente y pan a distintas personas que vivían en la calle. Pasábamos tiempo conversando con ellos, escuchándolos, visibilizando sus vidas, haciendo que recordaran que eran importantes para Dios y si se daba la posibilidad orábamos con ellos y por ellos. Aunque, efectivamente estábamos haciendo el bien a esas personas, siempre he pensado que la retribución era mutua, ya que vivir esa experiencia me enseñó a valorar verdaderamente todo lo que tengo. Después de cada salida, llegaba a mi casa a llorar de agradecimiento a Dios por absolutamente todo, mi casa, mi cama, mi estufa, la comida, la ropa, y un gran etcétera. Me sentía una privilegiada y lograba darme cuenta de que muchas veces damos por sentado todo, como si fuera lógico, obvio y “básico” tener para comer y vestir, y por lo mismo, no somos conscientes de que otras personas no lo tienen y que somos afortunados de no carecer de ello. Y esta limitación de pensamiento nos hace pedirle e incluso exigirle a Dios “misericordias más grandes” y nuestras oraciones se enfocan y giran en pedir y pedir más cosas materiales porque “lo básico” esta siempre cubierto. Siempre, lea bien, “siempre” tendremos algo para dar. Muchas veces, cuando nos piden dar, nos basamos en lo económico y nos limitamos a decir que no tenemos mucho para compartir y respondemos que si tuviésemos más de seguro daríamos. Pero la verdad es que se puede dar de diversas maneras. El dar es más profundo que solo pensar en lo material. También existe el darse uno mismo, es decir, usted entrega el recurso más valioso con el que cuenta, su tiempo. A veces escuchar es suficiente, prestar atención a una persona, visitar a un enfermo, hacer un bonito comentario, un abrazo, una sonrisa, una felicitación, no nos cuesta nada monetario y ciertamente son acciones no tan valoradas, incluso subestimadas. Sin embargo, algunas personas agradecen genuinamente estos gestos, el ser considerados y tomados en cuenta. Entregar estos detalles, aunque sean pequeños o breves, pueden cambiar el día completo de una persona y el de nosotros también. Jesús se dio por completo, él no escatimó absolutamente nada, él es el dador por excelencia, se despojó de su posición como hijo de Dios y de su humanidad, él realmente no se aferró a nada y nos entregó todo. Por lo mismo, Jesús debe ser nuestro mayor y supremo ejemplo de dar, debemos imitarlo y lo primero y más valioso que podemos compartir con otros, es la salvación que obtenemos por gracia, a través del sacrificio de Jesús. Siempre tendremos algo para compartir, tangible o intangible, solo tenemos que abrir nuestros sentidos espirituales y pedirle a Dios el discernimiento para saber qué dar, entendiendo que al hacerlo estamos sirviendo al Señor. Es maravilloso saber que al servir estamos agradando a Dios, así que debemos hacer de esto un hábito. No rehuyamos del dar y darse, pues Dios paga muy bien a sus obreros y siempre tendremos recompensa divina por nuestra labor. Hacer el bien y compartir lo mucho o poco que tengamos tiene una retribución inmediata y le puedo asegurar que hay más gozo dando que recibiendo. Ahora le pregunto ¿qué y cuánto está dando? En este sentido, ¿está imitando a Jesús? Oremos para ser fieles ejemplos de Jesús en el dar y darse a sí mismo. ¡Bendiciones! Créditos: Carolina Andrea Riquelme Nieto. Chile

Emocionalmente espiritual.

Texto: “Entonces Jesús lloró intensamente” Juan 11:35 TCB En las páginas de la Sagrada Escritura, encontramos un relato fascinante y consolador: nuestro amado Señor, en su paso por la tierra, no solo nos dejó su enseñanza divina, sino que también compartió todas las emociones que nosotros experimentamos cada día. Desde la más profunda tristeza hasta la más radiante alegría, desde el intenso dolor hasta la calma serena. Él conoce cada latido e nuestro ser y entiende nuestros dolores y nos sostiene con amor inquebrantable. Este acontecimiento sucedió porque Jesús tenía amigos cercanos como María, Lázaro y Martha. Y justamente quien narra este suceso es su discípulo a quien se le ha catalogado como el amado; por su cercanía con el maestro. Sin embargo, en algunos otros pasajes vemos que Jesus expresa sus emociones (Lucas 19:41). Antes de ser arrestado, oró con gran clamor y lágrimas para ser salvado de la muerte (Hebreos 5:7). Emocionalmente espiritual. Según nos narra la historia Jesus se encontró con un panorama desalentador al ver a los judíos murmurar de su poder (v36); además con amor y sentimiento de dolor al ver que sus amigos más cernos estaban tristes por la muerte de lázaro, el lloró. Es tan notorio ver la humanidad de Jesús en todos sus escenarios, siempre dispuesto a sanar, a bendecir a la humanidad (v38), cuando Jesús está interesado en obrar un milagro, involucra a quienes van a hacer beneficiados. Quiten la piedra dijo, y ellos accedieron y evidenciaron que el poder de Dios es grande.   Desde la creación, nuestro Dios sintió bienestar por lo que había creado, por lo tanto, Jesús cuando vino a la tierra nos mostró la deidad del padre, su sensibilidad por la humanidad, pero su compromiso por mostrarles el reino, de amor, de paz, de justica; fue su prioridad. Siempre que sentimos compasión por nuestros amigos o por aquellos que están en momentos críticos, es súper importante poder orar por ellos desde nuestra espiritualidad, en la intimidad con el Padre; al mismo tiempo mostrarnos amigos desde la manifestación de nuestras emociones. Esto nos hace tanto espirituales como emocionales. Recordemos que no debemos descuidar nuestra esencia interior, donde reside nuestra conexión más profunda con lo divino. Que podamos seguir el ejemplo de Jesús, siendo un cristiano que refleja la luz de Dios en un mundo sediento de amor y compasión. ¡Que nuestra humanidad sea siempre un reflejo de la divinidad que habita en nuestro interior! Créditos:  Francy Elena Rodríguez Beltrán  Colombia

Título: ¿Quién soy?

Texto: “Jesús siguió enseñando una parábola más: - El reino de los cielos es semejante a un tesoro que ha sido escondido en un campo, un hombre lo encontró, y lo volvió a esconder, y motivado por la alegría, se va y vende todo cuanto tiene, y compra el campo donde está el tesoro escondido”. Mateo 13:44 TCB En el texto Jesús está contando parábolas para explicar acerca del Reino de Dios sin dar un concepto en concreto. Y es como cuando quieres explicar algo que es tan grande, tan hermoso tan indescriptible que no existe una sola palabra para definir, describir, así que lo tienes que explicar con varias cosas, circunstancias, procesos que se puede asemejar, y usas el concepto ¨es semejante a¨… Entonces Jesús cuenta la parábola del tesoro escondido. Da a entender de la existencia de un terreno baldío, por mucho tiempo abandonado, es decir sucio, lleno de mala hierba, tal vez montañas de tierra o de desechos de construcciones viejas. Una persona que pasaba por ahí entró a ese lugar y encontró algo increíble.  Al parecer este hombre era un buscador de tesoros (por eso le interesó entrar al terreno), de esos que tienen tanta experiencia que saben dónde  se puede hallar algo valioso. Este tesoro tiene una característica importante, y es que se trata de algo que en esencia tiene mucho valor, pero como ha estado escondido, olvidado por mucho tiempo, así tenga mucho valor, no sirve para nada. Y lo que nos cuenta el texto es que aparentemente estaba ̈perdido ̈ por muchos años, y una larga espera se asemeja a resignación y desesperanza. Este hombre de pronto halla el tesoro, y sintiéndose tan feliz de haber hallado algo muy valioso, lo esconde de nuevo, en sentido de protección, como diciendo: no quiero que nadie más te encuentre, quiero que seas mío, quiero que seas para mí. Gozoso va y vende todo lo que tiene, y me imagino que fue una acción tan absurda invertir TODO por un terreno sin valor; imagino que sus familiares y amigos le dijeron: ¿qué estás haciendo? ¡cómo vas a vender TODO lo que tienes para comprar ese terreno que no tiene futuro!, ¡piénsalo bien! ¡no hagas tan mal negocio! Pero esa loca acción tenía una razón, nadie sabía lo que él había encontrado allí, para este hombre valía mucho más que todo lo que tenía, así que lo entregó todo y rescató ese tesoro. Entonces, en mi reflexión, pensé que el buscador de tesoros es Dios, y en medio de su búsqueda, me encontró justo ahí donde estaba, en ese terreno abandonado, en un lugar que parecía no tener valor, que me hacía definirme a mí misma como algo sin valor. Me imagino a Dios ponerse tan contento al encontrarme, que no le importó entregarlo todo, TODO por hacerme de nuevo su tesoro.  Y al recordar el inicio de la historia: EL REINO DE DIOS ES SEMEJANTE A ... Mí!!! WOW!! Eso me voló la cabeza, la inusual ocurrencia tan descabellada de pensar que YO soy el REINO DE DIOS en esta tierra, que mi simple y normal vida puede llegar a ser la definición, el ¨es semejante a¨ el Reino de Dios en esta tierra. Pensar de esta forma me ha hecho pensar del valor tan grande que tengo para Dios, y la enorme responsabilidad de ser su Reino aquí, y esa responsabilidad no involucra que debo de hacer algo sobrehumano, es simplemente destapar la caja del tesoro y dejar que brille la eternidad que Dios ha puesto en mi corazón como un testimonio de procesos no perfectos pero si llenos de fe, de gracia, de esperanza, de resiliencia, de autenticidad, de transformación, de victoria!! wow! qué tesoro tan brillante es una vida genuinamente vivida en el pleno centro de una salvación que le costó a Dios todo. Así que sabiendo quién soy (SOY SU REINO) cada vez estoy más consciente de que tengo el cielo en mi corazón, pero tengo también mis pies bien puestos en la tierra, con el enorme privilegio de haber sido hallada por Él y ser considerada como su tesoro, ¡quiero!  ¡quiero! que mi vida sea un concepto de lo que es el REINO DE DIOS: Restauración, libertad, plenitud, esperanza, justicia y gozo! Créditos: Enma Eunice Díaz Suárez Ecuador
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