Devocional

Vivir Pentecostés, comunidad e integración

Texto: “Mientras Pedro seguía hablando estas palabras de salvación, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que estaban escuchando este mensaje. Y los que acompañaban a Pedro, que eran judíos fieles de la circuncisión, quedaron admirados porque el Espíritu Santo se había derramado como un don de salvación sobre los que no eran judíos (Hch. 10:44-45 TCB).

El año 2025 se ha caracterizado por el crecimiento de una sociedad fragmentada, producto de la distinción económica, racial, social o por las diversas descripciones que se hacen a algunos grupos considerados minorías que en realidad es la “mayoría”, como son los migrantes, las etnias, los que se encuentran en condición de calle, también en esta distinción están las personas creyentes de diversas religiones, entre otros más. Como grupos aislados, el conflicto en contra de otros forma parte de su permanencia, situación que no permite un acuerdo de paz, de convivencia e interrelación.

En el libro de los Hechos encontramos una situación similar, la segmentación que vive la comunidad cristiana del primer siglo, la relación entre judíos y no judíos no es muy favorable.  El versículo 44 dice: “…mientras Pedro seguía hablando… el Espíritu Santo descendió sobre todos…” la fuerza del Espíritu reviste con el fenómeno de la glosolalia a todos los asistentes que oían el mensaje. La irrupción poderosa del Espíritu provoca una acción transformadora en la integración y una buena interrelación entre la comunidad reunida. 

El instrumento para crear el encuentro, un acercamiento y comunidad de iguales entre estos dos grupos es la acción del Espíritu a través del discurso conciliatorio de Pedro. 

El suceso provoca una reacción entre los judíos ahí presentes, ellos fueron impactados con algo imprevisto porque no entendían que el Espíritu Santo también otorgó generosamente su don a los no judíos y vivieran la efusión del Pentecostés (v. 45). Los no judíos al igual que los judíos expresaron los distintivos del derramamiento del Espíritu: hablar en lenguas y proclamar la grandeza de Dios. Hablar y alabar, son expresiones visibles para confirmar que los no judíos también tienen intimidad con Dios y Él los hace parte de su pueblo mediante el poder de su Espíritu (Hch 10:27). 

La obra portentosa provocada por el Espíritu es un cambio de mentalidad en los judíos. Uno de los errores del ser humano es la distinción y discriminación de personas que no son iguales a nosotros. Dios, encarnado en Jesucristo, aunque es muy humano se muestra con un atributo superior al de la humanidad, su amor a todos. Él no hace acepción de personas (v. 34), Él obra a través del Espíritu Santo en el crecimiento de la comunidad, en la unidad e integración entre judíos y no judíos. El poder transformador divino lleva a entender que son un solo pueblo donde no hay distinción, todos son iguales y su objetivo en común, trabajar juntos en la construcción del Reino de Dios. 

Pentecostés no es poder divino para determinar quién puede vivir la presencia del Espíritu. La acción del Espíritu no se reduce a un hablar estático e inentendible, la glosolalia es poder para ser testigos. Un evento del pasado que vivió la Iglesia Primitiva se convierte en un acontecimiento que continúa actualizándose a través de nuestro discurso audible, coherente: amar a Dios y la aceptación e interrelacionalidad comunitaria. 

El Pentecostés es la experiencia con el Espíritu Santo, su poder transformador se derrama en la vida de todos los que creen en Jesús y su Espíritu. La glosolalia es comunión y proclamación del don de salvación de la grandeza de Dios y se hace real en nuestra sociedad e integra a todos como un solo pueblo redimido por Jesucristo.

Santa González Bautista / México

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