Devocional

Semillas de esperanza: Cuidando el jardín de Dios

Texto: “Sabemos que hasta ahora toda la creación gime, como si tuviera dolores de parto” (Romanos 8:22, TCB).

Cada 22 de abril se celebra el día de la Tierra y por eso quiero comenzar compartiendo con ustedes una noticia que me sorprendió gratamente: la Eco Biblia, recientemente lanzada y que ha sido impresa en papel reciclado y con tinta vegetal para ser amigable con el medio ambiente. Lo más interesante es que tiene las promesas y enseñanzas de Dios sobre la ecología resaltadas en verde, ayudándonos a descubrir que el cuidado de la creación es un hilo conductor en toda la Palabra de Dios.

El Señor nos puso en este mundo no como dueños, sino como mayordomos y administradores de Su obra. La Biblia nos enseña en Salmos 24:1 que “de Jehová es la tierra y todo lo que hay en ella; el universo y todos los que habitan en él”, lo que significa que el planeta es un préstamo divino por el cual debemos rendir cuentas. Desde el principio, en Génesis 2:15, Dios entregó el jardín al ser humano para que lo “cultivara y cuidara”; esta palabra, שָׁמַר (shamar) en hebreo, implica una actitud de profundo amor, protección y preservación. Sin embargo, hoy vemos con dolor que nuestro egoísmo ha herido la tierra, y como dice Pablo en Romanos 8:22, “Sabemos que hasta ahora toda la creación gime, como si tuviera dolores de parto” y todo esto a causa de nuestras acciones insostenibles.

Nuestra fe no puede estar separada de la manera en que tratamos a la naturaleza, porque el señorío de Cristo es sobre toda la creación. Jesús no vino solo a salvar nuestras almas, sino que vino a realizar una misión integral para que “por medio de Cristo, todas las cosas que están en la tierra y las que están en los cielos fueran reconciliadas con Dios, estableciendo la paz, a través de la sangre derramada en la cruz” (Colosenses 1:20). 

Cuidar el agua, proteger los bosques y reducir nuestros desechos son actos de obediencia y adoración al Señor. Estamos llamados a pasar de ser “depredadores” a ser “cultivadores” del jardín de Dios, entendiendo que nuestro bienestar personal está profundamente entrelazado con el bienestar de la Tierra.

Cuidar el medio ambiente hoy definirá las condiciones en que nuestros hijos y nietos heredarán este planeta. Nuestro Dios nos invita a ser semillas de esperanza en un mundo maltratado. No nos permitamos caer en la indiferencia; cada vez que protegemos una pequeña criatura o plantamos un árbol, estamos honrando al Arquitecto del universo que nos amó primero.

En este día, te invito a evaluar tu corazón: ¿Tus hábitos diarios reflejan que amas lo que Dios ama? Te propongo un desafío práctico para esta semana: identifica un pequeño cambio en tu hogar – como reducir el uso de plásticos, ahorrar agua o separar tu basura – y ofrécelo a Dios como un gesto concreto de tu compromiso por restaurar Su creación. ¡Hagamos que nuestra fe se encarne en el cuidado amoroso de nuestra casa común!

Olga Bascuñán / Chile

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