Devocional

Unas tinajas: recipientes de una señal de transformación 

Texto: “Jesús les dijo: –Llenen las tinajas de agua. Y ellos las llenaron totalmente.” (Juan 2:7, TCB).

El contexto de este pasaje nos ubica en la escena de la celebración de una boda.  El relato no nos da muchos detalles, ni siquiera quiénes eran los novios, pero nos  deja saber que algo estaba a punto de dañar esta celebración: estaba faltando el vino. En una fiesta judía el vino era esencial; para ellos era parte de la hospitalidad, y el que se acabara el vino podría representar una terrible humillación para los novios y su familia. 

Había una necesidad. 

Jesús entonces da la instrucción de que tomaran seis tinajas y las llenaran de agua. Es importante que entendamos que estas tinajas llenas de agua eran utilizadas por los judíos para sus ritos de purificación. Se lavaban las manos, los utensilios o el cuerpo antes de cualquier actividad religiosa si se consideraban ritualmente impuros. El agua, para el pueblo, representaba restauración y preparación para acercarse a Dios. Las tinajas eran parte de su vida religiosa y de  sus creencias. 

Este relato está lleno de muchas enseñanzas que no puedo escribir en este  espacio, pero hoy quiero detenerme en las tinajas, el recipiente de una señal de  transformación. 

En muchas ocasiones nuestras vidas pueden compararse con esas tinajas llenas de  rutinas, de dudas, llenas de vacíos, aun de nuestros propios conceptos de Dios y de cómo acercarnos a Él. Pero un día, ¿te acuerdas?, escuchamos el llamado de nuestro Señor y Salvador y le permitimos que Él llenara cada espacio de nuestras  tinajas, de nuestras vidas, y que transformara de una manera sobrenatural toda  nuestra esencia, haciéndonos una nueva criatura en Él. Nos dio propósito y una nueva identidad. 

Lo que sucedió en la boda de Caná fue una señal que reveló la gloria del Mesías e  hizo que los discípulos creyeran en Él. La transformación que Jesús ha hecho en  nuestras vidas es una señal y una muestra de su gloria. 

Pero aún hay muchas personas a nuestro alrededor, muchas tinajas que están  viviendo vacías, que se encuentran en habitaciones llenas de religiosidad, de ideas sin sentido, viviendo lo que el mundo dice que son. Están esperando que alguien como  tú y como yo llegue, las busque y las traiga ante la presencia de Jesús, quien es el único que puede transformar sus vidas en un vino nuevo, un vino de propósito, de  prosperidad y de felicidad en Él.  

Hoy tú y yo nos convertimos en aquellos servidores que hacemos en obediencia lo  que nuestro Señor nos diga, para que su gloria sea manifestada y otros crean en  Él. Así como los servidores llenaron las tinajas sin saber lo que Jesús haría después,  muchas veces nuestra vida también camina por momentos en los que no  entendemos completamente lo que Dios nos está pidiendo. Ellos solo  obedecieron. De la misma manera, cuando obedecemos al Señor, aun en lo sencillo, Él puede tomar lo que parece común y transformarlo en algo sobrenatural. Nuestra obediencia se convierte entonces en el espacio donde Dios decide manifestar su poder. 

Así que no se trata del agua, no se trata del vino, ni de las tinajas; se trata de  Cristo, del que tiene el poder de limpiar, para transformar, para dar vida, para salvar, para libertar y para ser esa fuente inagotable de vida eterna; y de nuestra  obediencia. 

Yavet J. Gómez Resto, Puerto Rico

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