
¡Alimento completo!
Texto; “Plenamente felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.” Mateo 5:6 TCB
El ser humano reacciona de diferentes maneras cuando tiene hambre y sed. Físicamente, uno de los cambios es que baja la glucosa en la sangre, y nuestro cerebro detecta ese cambio, provocando que comencemos a pensar en buscar comida. Emocionalmente, puede causar irritabilidad, dificultad para concentrarse y hasta cansancio o debilidad.
Esta cuarta bienaventuranza nos habla de un hambre y sed muy diferentes, pero que reflejan una carencia en el ser humano que lo lleva a buscar saciar esa necesidad. Jesús observó la realidad que vivía el pueblo judío en aquel tiempo: la privación del fruto de su trabajo, las cargas religiosas que le eran impuestas en nombre de Dios y la situación política, que colocaba en sus corazones esa necesidad de justicia y el anhelo de una intervención divina, de la misma forma en que se desea un bocado de pan cuando hay hambre física.
A través de esta bienaventuranza, el Maestro les trae una hermosa y poderosa promesa: serán saciados. No sé ustedes, pero cuando he pasado un buen tiempo sin comer y alguien, de momento, me ofrece algo de comida o un poco de café, mi semblante cambia y mi estado de ánimo vuelve a la vida. El relato no nos dice cuál es el alimento o la bebida que saciará el hambre o la sed, pero Jesús les estaba hablando con palabras que ellos reconocerían y que, por tanto, provocaría en ellos la esperanza que necesitaban.
Hambre y sed de justicia: estas expresiones de Jesús no eran nuevas en el pensamiento judío. Para ellos, la justicia era la expresión de la Ley o la Torá, es decir, de las Escrituras judías. Así que, cuando escuchaban estas palabras, era como si estuvieran diciendo: tenemos hambre y sed de conocer las Escrituras, porque, si las conocemos, aprenderemos a vivir la justicia (la Ley) de Dios.
¿Cómo podemos unir el hambre, la sed, la justicia, la Ley, el ser saciados y el ser plenamente felices? Solo existe un camino que los une, y se llama Jesús.
Él mismo dijo de sí: “Yo soy el pan de vida; el que viene a mí de ninguna manera tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed” (Juan 6:35). El evangelio de Juan nos enseña que Él es el Logos, la Palabra viva y transformadora, la acción de Dios manifestada aquí en la tierra; es su justicia hecha carne. Por eso Él no vino para anular la Ley, sino para cumplirla.
Es como si Jesús les estuviera diciendo: tienen hambre y sed de conocer las Escrituras, quieren vivir la justicia de Dios; conozcanme a mí y serán saciados, vivirán plenamente felices. Esa promesa continúa viva en este tiempo. Vivimos en un mundo donde experimentamos injusticias sociales, laborales, políticas y hasta religiosas; pero la respuesta para toda injusticia es conocer a Aquel que encarnó la justicia del reino de Dios aquí en la tierra y quien es nuestro modelo, nuestro Maestro.
Somos llamados a mirar a aquellos que sufren por causa de la injusticia de este mundo y levantar una voz de esperanza, mostrarles el camino para que reciban ese alimento y esa agua que saciará completamente su necesidad. No se necesitan plataformas (aunque Dios las usa); no siempre se necesita un micrófono. A veces, solo se necesita mirar en nuestro trabajo o en nuestro vecindario y dar esa palabra, ese mensaje que es capaz de transformar toda la existencia humana y que, ante cualquier injusticia, planta la ética del reino de los cielos.
El apóstol Pablo le recuerda a Timoteo en su segunda carta cuando dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16 TCB). Que siempre tengamos esa hambre y sed por conocerla, por dejarnos enseñar y así modelar e instruir a Jesucristo, para plantar su bandera en todo lugar al que vayamos, porque Él es el alimento que el mundo necesita.
Yavet J. Gómez Resto, Puerto Rico
MATEO 5:6 - LUCAS 6:21
La Iglesia actuando en la Justicia de Dios
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