
La Iglesia actuando en la Justicia de Dios
Texto: “Pero no debe ser así entre ustedes, más bien, el que quiere ser grande entre ustedes, que se convierta en el siervo de todos, y el que quiera ser el primero entre ustedes, que se comprometa a servir a los demás” (Marcos 10:43-44, TCB).
En esta historia bíblica, Jesús está trazando en sus discípulos el camino correcto a seguir. Había una presunción de parte de los discípulos a creer que por estar con Jesús esto les permitía ser los favoritos o los merecedores de favores. Solo dos pidieron un favor, pero los otros diez se enojaron o indignaron. Cuando buscamos la definición de indignarse, se encuentra que apela a la actitud de enojo o enfado por algo que es injusto. Partiendo de la premisa de algo que ellos llaman injusto, Jesús los guía a hacerles entender en qué consiste la verdadera justicia de Dios.
Por esta razón les dice: “pero no debe ser así entre ustedes”. ¿Por qué? Porque la justicia de Dios es diferente a la justicia del mundo. El mundo del cual está rodeada la Iglesia habla de justicia, trata de actuar con justicia y piensa que dichas acciones de justicia determinan los buenos resultados, pero no es del todo así. Esta es una justicia que trata con la igualdad social, con el respeto de los derechos que tienen otros y de cómo eliminar las diferencias notables que tienen unas cosas respecto de otras, pero en esencia queda huérfana de atender la necesidad espiritual de aquellos que están experimentando una gran necesidad.
El mundo define justicia como un principio moral que lleva a determinar que todos deben vivir honestamente. La Iglesia rodeada de esta justicia ha sido llamada a caminar en la justicia de Dios con el cual se comprometió para amarle, servirle y adorarle.
Dios es un Dios de justicia. En su justicia envió a Jesús que como escribe el apóstol Pablo en 2 Corintios 5:21: “no conoció el pecado, pero a favor de nosotros se hizo pecado, para que nosotros tuviéramos nuestra identidad justificada delante de Dios”.
En otras palabras, la Iglesia lavada con la sangre de Cristo ha sido justificada en Él para que llevemos la justicia de Dios entre los que nos rodean.
¿Quiénes nos rodean? Aquellos que tratan de vivir una justicia diferente a la que Dios ofrece.
El principio de Justicia que viene de Dios, Cristo lo expresa en Marcos 10:43 – 44. ¿Cuál es ese principio? El de servidumbre. Dios nos ha formado en Cristo, nos ha justificado y santificado también en Él para que seamos luz y sal en esta tierra a través de nuestro servicio a otros.
Dios ha llamado a la Iglesia a actuar en su justicia a través del servicio que damos continuamente al mundo que nos rodea. La Iglesia tiene que actuar comprometida con el servicio a otros. Así Jesús lo ordenó. Y no solo lo ordenó, sino que también lo ejecutó. En Lucas 4:18 – 19, Jesús dijo:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ungió para evangelizar a los pobres,
me ha enviado para proclamar la libertad a los cautivos, para devolverle la vista a los
ciegos, para liberar a los oprimidos; y anunciar el año agradable del Señor.”
Esa es la justicia de Dios manifestada por su Iglesia. La iglesia que evangeliza a los pobres de espíritu que la única esperanza de salvación es Jesucristo. La Iglesia que proclama la libertad que la Palabra de Dios ofrece para aquellos que están cautivos del pecado y la maldad. Una iglesia que con esa verdad del evangelio saca de las tinieblas y la oscuridad a otros, actuando con la misericordia y el amor al sacarlos de la opresión y tristeza al vivir sin fe y sin esperanza. Una Iglesia que proclama, que anuncia al que vive lejos de Dios que todavía está a tiempo porque hay oportunidad de parte de Dios en su gracia para su redención y el favor de Dios.
Para ti y para mí que somos Iglesia la justicia de Dios consiste en ser los siervos y siervas que representen a Cristo no solo con palabras, sino también con hechos. Iglesia te exhorto y animo a que sirvas actuando en la justicia de Dios se el siervo y la sierva que se compromete con actuar en Su justicia de tal manera que su Reino se extienda y Él sea glorificado.
Dios te bendiga.
Alicia Hernáiz Rosario, Estados Unidos
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