Devocional

La Palabra te invita a cambiar de perspectiva

Texto: Por lo demás, hermanos, piensen en todo lo verdadero, en todo lo honorable, en todo lo justo, en todo lo puro, en todo lo amable, en todo lo digno de admiración; en fin, en todo lo que sea excelente y merezca reconocimiento. Filipenses 4:8 — TCB

Hace unos días me encontré en las redes sociales con una fábula que me llamó mucho la atención: la fábula de la abeja y la mosca.

Cuenta que un día la abeja y la mosca decidieron recorrer juntas el mundo. Al finalizar la travesía, la mosca estaba decepcionada. Durante su recorrido solo había encontrado basura, suciedad y muerte. La abeja, en cambio, había visto flores, naturaleza, belleza y vida.

Ambas habían recorrido el mismo tramo, pero cada una había encontrado algo diferente.

El mensaje de la fábula es sencillo, pero profundo: nuestra manera de mirar puede determinar aquello que descubrimos en la vida.

La realidad es que vivimos rodeados de situaciones difíciles. Hay dolor, injusticias, conflictos, pérdidas y momentos que pueden hacernos sentir que todo está mal. No se trata de negar esas realidades ni de pretender que no existen. Sin embargo, sí podemos decidir qué ocupa nuestra atención y qué alimentamos dentro de nosotros.

En Filipenses 4:8, Pablo no está invitándonos a vivir desconectados de la realidad. Más bien, su exhortación tiene que ver con nuestra manera de pensar y con aquello a lo que permitimos ocupar un lugar permanente en nuestra mente y en nuestro corazón.

Podemos acostumbrarnos tanto a mirar lo negativo que dejamos de reconocer las señales de la gracia de Dios. Podemos concentrarnos tanto en lo que falta que olvidamos agradecer lo que tenemos. Podemos fijarnos tanto en los errores de los demás que dejamos de ver sus necesidades, sus luchas y las oportunidades que tenemos para mostrarles amor.

La Palabra de Dios nos invita a cambiar nuestra perspectiva. No para llamar bueno a lo malo, sino para aprender a reconocer aquello que es verdadero, justo, puro, amable y digno de admiración.

Quizás hoy necesitamos preguntarnos: ¿con qué ojos estoy mirando mi vida, a las personas que me rodean y las circunstancias que estoy atravesando?

¿Estoy viendo solamente lo que está mal? ¿Estoy permitiendo que la negatividad determine mi manera de pensar? ¿O estoy buscando también las evidencias de la bondad, la gracia y la fidelidad de Dios?

La abeja y la mosca recorrieron el mismo mundo, pero encontraron realidades diferentes. 

Que hoy optemos por mirar con los ojos de la fe. Que aprendamos a reconocer la belleza aun en medio de la dificultad, las oportunidades aun en medio de los desafíos y la esperanza aun cuando las circunstancias parezcan decir lo contrario.

No siempre podemos escoger lo que ocurre a nuestro alrededor, pero sí podemos escoger aquello en lo que fijamos nuestra mirada y permitimos que transforme nuestro corazón.

¿Qué estoy escogiendo ver hoy: aquello que alimenta mi preocupación o aquello que fortalece mi fe?

Rode Nuñez, México.

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