Devocional

Cuando llega el tiempo de celebrar

Texto: “Tanto los que iban adelante, como los que les seguían, gritaban: – ¡Hosanná!; ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!; ¡Bendito el reino que viene de nuestro padre David!, ¡Hosanna en las alturas!” (Marcos 11:9-10 TCB).

Se acerca un tiempo de extrema importancia para el entorno cristiano. Tiempo en que recordamos los últimos días de Jesús encarnado en esta tierra como maestro y Cordero. El Padre le había encomendado una importantísima misión, que Él cumplió paso a paso sin salirse del programa divino de salvación. Vino a cumplir la ley en el perfecto espíritu de ella, a liberar a los oprimidos por dolencias, demonios, traumas, etc. Nada era al azar, todo era un camino bien trazado con un propósito eterno establecido. Pero ahora Jesús se debía enfrentar con la maldad en su estado más álgido, permitiendo que el enemigo se pavoneara creyéndose victorioso.  

El inicio de este tortuoso camino, tiene lugar con la entrada triunfal a Jerusalén, cuando entra cumpliendo la profecía dicha por Zacarías (Zac. 9:9) “He aquí tu Rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando… sobre un pollino de asna”. Todos esperaban a un fastuoso dignatario enarbolando una reluciente espada y una coraza brillante como el sol; pero Él viene solo montado en un pequeño asno. La humildad en toda su esencia. A pesar de ello, la unción del Padre en Cristo atraía a las multitudes que le vitoreaban a grandes voces, ante el asombro y molestia de la casta religiosa. 

¡Hosanna! – era su primera consigna. Esta palabra se ha usado mucho como similar a Aleluya, ¡que Jah sea alabado!, pero en realidad era un grito de socorro ante la opresión. El Salmo 118:25 recita: “Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego” eso es Hosanna. Y el verso 26 dice: “Bendito el que viene en el nombre de Jehová”. Por lo tanto, la multitud citaba esa escritura cuando aclamaba al que montaba al pollino de asna. Ahora, esto tiene una connotación aún más profunda. Lo que realmente estaba aconteciendo en esos momentos, era la manifestación del mandato de Dios para el pueblo antes de la celebración de la pascua judía. 

Si vamos a Éxodo 12:3, nos daremos cuenta de algo demasiado importante. Dice: “En el diez de este mes (Nisán), tómese cada uno un cordero según las familias de los padres…” Por lo tanto, ese día de la entrada triunfal, el pueblo estaba cumpliendo, inconscientemente, la orden de Dios de elegir el cordero que habría de ser sacrificado, cuatro días después, en la Pascua: un Cordero limpio, sin defecto y apartado para Dios. Ya el Cordero de Dios estaba designado para el sacrificio pascual.

En estos días de reflexión, en este doloroso proceso vivido por nuestro amado Señor Jesucristo, se traducen en mi en una mezcla de sentimientos de dolor, tristeza, pero a su vez también de adoración y agradecimiento, porque siendo lo que soy, mi Señor con humilde obediencia avanzó por ese camino trazado por el Padre, para que pudiera alcanzar la bendición que hoy vivo en Cristo. Siendo el Rey del cielo, enfrentó su destino como un humilde siervo, siendo el Todopoderoso, enfrentó su designio como un obediente Cordero, que habría de ser inmolado por cada uno de nosotros. ¡Él es digno de adoración y honor por los siglos de los siglos!

Cuando recuerdes en estos días estos maravillosos momentos, ruego a Dios seas motivado a vivir una vida pletórica de servicio, gratitud y adoración al que lo dio todo por llevarnos al Padre: nuestro Señor Jesús.

Cada paso que Él dio, cada acción que tomó, cada palabra que expresó fue para glorificar al Padre. Así también nosotros, que cada uno de nuestros actos, vayan enfocados a darle todo el honor, toda la gratitud, y toda la adoración al Cordero que vive y reina en los cielos y en nuestras vidas.

Ruego a Dios que estos días de recogimiento, los aprovechemos para entender con más significación, la magnitud de que “el Dios Padre por medio de Jesucristo nos regaló un perfecto amor sacrificial con el propósito de ser llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).

¡Deja que Jesús entre triunfante a tu corazón y te colme de sus eternas bendiciones! Nunca olvides que todo lo hizo por amor a nosotros.

 Carlos Arancibia, Chile

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