Devocional

Sin fecha de caducidad

Texto: “De hecho, todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que, animados y consolados por las Escrituras, perseveremos en mantener nuestra esperanza.” Romanos 15:4, TCB

Este texto se encuentra ubicado en una de las partes de cierre de la carta del apóstol Pablo a la comunidad romana, una comunidad que ya estaba formada y conocía los fundamentos de la vida de la “ekklesia”. En medio de sus enseñanzas, Pablo hace un alto para apelar y reafirmar el propósito de las Escrituras.

Sabemos que, para este tiempo, lo que circulaba eran especialmente los escritos del Antiguo Testamento. Pablo, una vez más, establece que esas Escrituras están para enseñar, para dar una instrucción práctica sobre la voluntad revelada de Dios a través de ellas.

No es la única instancia en la que Pablo reafirma estas palabras. En otra ocasión, se le recuerda a Timoteo: “Toda la Escritura es producto de la inspiración divina, es provechosa para enseñar, para iluminar, para corregir, para instrucción y práctica de la justicia” (2 Tim. 3:16 TCB).

Como “ekklesia”, continuamos enfrentándonos a tiempos de tanta información y de tantos consejos sobre cómo vivir una vida según dictan las redes sociales. Contamos con la inteligencia artificial, que se ha convertido en una especie de coach para todo. A ella se le consulta sobre psicología, decoración, asuntos de espiritualidad y muchas otras cosas, simplemente por mencionar algunas. Entramos a plataformas en las que podemos encontrar un video para casi cada pregunta que tengamos.

Y por eso estamos viviendo un tiempo en el que tenemos que volver, con más intencionalidad, a lo que se escribió: a las Escrituras. Para nosotros, son 66 libros de inspiración divina que continúan siendo la fuente escrita que Dios nos dejó para enseñarnos, para instruirnos sobre cómo vivir y para modelar ante otros lo que significa ser verdaderos creyentes.

Cuando nos acercamos al texto, a las Escrituras, somos animados a perseverar en nuestra esperanza, afirmada en Cristo Jesús. La enseñanza de las Escrituras produce en nosotros madurez espiritual y nos capacita para vivir conforme a la voluntad de Dios.

Yavet Gómez, Puerto Rico

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