Devocional

   Palabras que traen vida 

Texto:  “Pero Rut contestó: – No me ruegues que te abandone ni que me aparte de ti, déjame acompañarte. Donde tú vayas, yo iré; donde vivas, viviré; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios” (Rut 1:16, TCB). 

En este Mes de la Biblia quisiera contarte una historia que tal vez has leído… o tal vez no. Pero de cualquier forma, estoy segura que Dios quiere usarla para tocar tu corazón de una manera nueva.

La historia comienza en un escenario poco prometedor: a causa del hambre, Elimelec y su familia salen de Belén y se trasladan a Moab. Pero allí ocurre lo doloroso: Elimelec muere y después también mueren sus dos hijos. Queda Noemí, viuda y con el corazón quebrado, acompañada apenas por sus dos nueras: Rut y Orfa.  A veces la vida también nos inicia así: con hambre, con espera, con pérdidas, con preguntas. Y, aunque no lo entendamos, Dios puede preparar caminos incluso en medio de la escasez.

Hay una expresión hebrea que ayuda a comprender la fuerza de esta decisión. En Rut 1:14 se dice que Rut se quedó con Noemí. El verbo utilizado es dāḇaq (דָּבַק), relacionado con la idea de adherirse, apegarse, permanecer estrechamente unido. No describe una cercanía superficial; habla de una decisión de permanecer. Rut no sabía lo que encontraría en Belén. No conocía el campo donde posteriormente recogería espigas, no conocía a Booz, no conocía el futuro que Dios estaba preparando para ella y, mucho menos, podía imaginar que llegaría a formar parte de la genealogía de David y, finalmente, de la historia mesiánica. Solo sabía una cosa: no iba a separarse de Noemí.

Y aquí es donde esta historia comienza a hablarnos personalmente. Rut decidió seguir a una persona aun sin conocer todo lo que encontraría en el camino. Noemí no podía ofrecerle garantías, no podía asegurarle una vida cómoda, un matrimonio, estabilidad económica ni un futuro favorable. Por eso, las palabras de Rut pueden convertirse en una oración para nuestra propia vida: “Señor Jesús, donde Tú vayas, yo iré. Donde Tú quieras llevarme, allí caminaré. Lo que Tú me pidas, lo obedeceré. Aunque todavía no conozca el camino, quiero permanecer contigo.”

Este Mes de la Biblia nos ubica frente a una pregunta mucho más profunda que ¿cuánto estoy leyendo? La pregunta en realidad es: ¿Estoy permitiendo que la Biblia transforme mi vida o solamente estoy acumulando información sobre ella?

Podemos conocer la Palabra y aun así no obedecerla; hablar de fe y seguir dominados por el temor; podemos escuchar las promesas de Dios y seguir aferrados a nuestras seguridades. Por eso, las Escrituras no fueron dadas solo para llenar la mente, sino para transformar vidas. Cuando Jesús nos llama a seguirle, nuestra respuesta no puede depender de entender todo lo que vendrá después, sino de confiar. La fe nos dice: “Señor, todavía no sé cómo será el camino, pero sé con quién quiero caminar”. Por eso, estamos llamados a permanecer apegados a Cristo con una confianza más grande. 

Al final, no se trata de leer más, sino de rendirnos más. De permitir que la Palabra deje de ser solo tinta sobre papel y se convierta en letras que tienen vida en nuestro caminar diario. Por eso, al terminar este devocional, que tu pregunta final sea esta: ¿Estoy dispuesto a vivir la Palabra o solo a conocerla?

Que este Mes de la Biblia sea para nosotros un tiempo de decisión firme: como Rut, no apartarnos, sino permanecer caminando con Dios.

María Gracia Guapás, Ecuador

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