Devocional

No doy gracias por el rechazo

Texto: “En aquella ocasión, Jesús empezó a orar, diciendo: – Doy gracias a Ti Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y estos misterios los revelaste a los niños y a los humildes.” (Mateo 11:25, TCB).

En las comunidades indígenas mayas se cuenta un proverbio que dice: “La madera no le da gracias al hacha”.

Cuando los leñadores talaban un árbol, la comunidad entendía que la herida era real. Sin embargo, la sabiduría maya enseñaba que el hacha solo podía destruir lo que estaba en la superficie; no podía tocar las raíces ni las semillas que ya habían caído al suelo.

El árbol cortado jamás celebrará su herida, pues no hay virtud alguna en aplaudir el golpe. Por eso, decir frases como “Gracias por el rechazo”, “Gracias por la humillación” o “Gracias por el desprecio” es una concepción distorsionada de la gratitud.

Entonces, ¿Por qué Jesús da gracias después de ser rechazado? Porque Él no dio gracias por la herida, sino porque la herida no tocó su raíz.

En Mateo 11 se presenta una acumulación de varios sucesos que parecen contradictorios. Primero el mensaje de Juan que abarcaba una cuestión no resuelta ¿Eres tú o esperamos a otro?, luego miró la gente de su alrededor que mostraban indiferencia y por último la incredulidad de ciudades como Corazín y Betsaida. Tres hachazos consecutivos.

Justo después de estos aparentes fracasos, ocurre una oración de alabanza: “En aquella ocasión, Jesús empezó a orar, diciendo: -Doy gracias a ti, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y estos misterios los revelaste a los niños y a los humildes” (Mateo 11:25, TCB). Esta parte nos lleva a preguntarnos: ¿Qué hago yo después de un fracaso o un rechazo? Si respondo con sinceridad, muchas veces me he quedado en la frustración, el desánimo y la quietud. Pero la postura de Jesús me confrontó profundamente: Él no dio gracias por el rechazo; dio gracias por lo que Dios estaba haciendo en medio de él.

Jesús tuvo gratitud en su oración porque sucedió un contraste en la revelación. Comprendió que, aunque los sabios religiosos lo rechazaban por soberbia, esa misma verdad resonaba con claridad en los sencillos de corazón. Alabo al Padre porque en su diseño de salvación nadie podía gloriarse en sus capacidades o status intelectual, sólo era necesaria su gracia y finalmente dio gracias porque reconoció que los verdaderos receptores del reino eran los marginados, quienes recibían el mensaje con gratitud.

Conduce tus pensamientos hacia la gratitud superior. Aquella que no mira el golpe del hacha, sino la mano de Dios abriendo una nueva dirección. Si en medio del caos observas lo que Dios te está enseñando, tus raíces se fortalecen, porque no te quedas con la herida, sino con su revelación.


No des gracias por el rechazo ni bendigas el dolor. Da gracias porque el golpe nunca tocó tu raíz, da gracias porque el rechazo humano no cancela el plan divino. Jesús dio gracias al comprender que Dios obra por caminos que los soberbios no pueden entender. El hacha golpeó un árbol que se abrió a un nuevo horizonte.

Alida Zambrano, Colombia

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