
El Dios que me ve y me conoce
Texto: “Ella le dijo: – Señor, dame de esa agua, para no tener sed y tampoco tener que regresar a este pozo para sacar agua jamás” Juan 4:15, TCB.
Muchas personas, especialmente muchas mujeres, conocen el dolor de la invisibilidad. Es la experiencia de trabajar, cuidar, sostener y servir sin ser vistas ni valoradas. En muchos hogares, en la sociedad e incluso en algunos espacios religiosos, se espera que la mujer dé un paso atrás para priorizar a otros: hijos, esposo, familia. Así, sus sueños, anhelos y necesidades quedan muchas veces en silencio.
Rara vez alguien se detiene a mirar más allá de la funcionalidad para preguntar: ¿quién eres?, ¿qué anhelas?, ¿qué necesitas? Sin embargo, la Biblia revela una verdad: para Dios nadie es invisible. Él ve, conoce y se acerca a quienes el mundo suele ignorar.
En Génesis 16 encontramos la historia de Agar, una mujer en situación de gran vulnerabilidad. Era esclava de Sara y Abraham, extranjera y sin control sobre su propia vida. Después de quedar embarazada y sufrir maltrato, huye al desierto. Ese desierto representa soledad, miedo e incertidumbre.
Pero en medio de ese lugar de desesperación ocurre algo extraordinario: Dios la encuentra. El ángel del Señor se le aparece, la llama por su nombre y conoce exactamente lo que está viviendo. Dios no solo ve la situación, reconoce su historia.
Agar, profundamente impactada por ese encuentro, declara: “Tú eres el Dios que me ve” (Génesis 16:13). Ella llama a Dios El Roi, que significa “el Dios que me ve” o “el Dios viviente que me ve”. Una mujer marginada, esclava y herida descubre que para Dios su vida sí importa.
Siglos después, en el Nuevo Testamento, vemos esta misma verdad reflejada en la vida de Jesús. En Juan 4, Jesús se encuentra con una mujer samaritana junto a un pozo. Era una mujer marginada socialmente: samaritana, con una historia personal complicada y probablemente evitada por muchos.
En medio de la conversación Jesús le dice: “Ve y trae aquí a tu marido. la mujer respondió: no tengo marido. Jesús le dijo: bien has dicho “No tengo marido” porque cinco maridos has tenido y el que tienes ahora no es tu marido; lo que has dicho es verdad” La mujer responde sorprendida: “Señor, pienso que tú eres un profeta” (Juan 4:16-19 TCB).
Jesús había visto su historia completa. No la mira con desprecio ni la ignora; la reconoce, la escucha y le ofrece agua viva. Así como Dios encontró a Agar en el desierto, del mismo modo, Jesús encuentra a esta mujer en el pozo.
El mismo Dios que vio a Agar se revela en Jesús como aquel que ve profundamente el corazón humano. Este mensaje nos deja varias enseñanzas para nuestra vida:
1. Dios ve nuestra realidad. A veces sentimos que nadie comprende nuestras luchas o sacrificios, pero Dios conoce cada detalle de nuestra vida.
2. Dios conoce nuestra historia. Así como conocía la historia de Agar y de la mujer samaritana, Dios conoce también nuestras heridas, nuestros fracasos y nuestras esperanzas.
3. Dios se acerca en nuestros “desiertos”. El desierto de Agar y el pozo de la samaritana fueron lugares de encuentro con Dios. Muchas veces, en los momentos más difíciles de la vida, descubrimos su presencia.
4. Dios nos llama también a ver a otros. Y, ¡lo más importante! si Dios ve a quienes la sociedad invisibiliza, nosotros también estamos llamados a reconocer, valorar y dignificar a quienes están a nuestro alrededor, en especial a las mujeres según el proyecto original para la humanidad.
El encuentro de Agar con Dios la llevó a declarar: “Tú eres el Dios que me ve”. Siglos después, en Jesús, esa verdad se hizo aún más clara: Dios no solo ve desde el cielo, se acerca para encontrarse con nosotros. El Dios que vio a Agar en el desierto es el mismo que vio a la mujer samaritana junto al pozo. Y ese mismo Dios también te ve hoy.
Él conoce tu historia, tus luchas, tus lágrimas y tus sueños. Nada de lo que vives pasa desapercibido para Él. Por eso podemos vivir con esta certeza: Hay un Dios vivo que te ve, te conoce y quiere encontrarse contigo en medio de tu historia.
Alberto Flores Medina, Bolivia
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