Devocional

Es cosa de adultos

Texto: Y Jesús tomaba a los niños en sus brazos y los bendecía, poniendo las manos sobre ellos. (Marcos 10:16, TCB).

“Aquí de nuevo nos atormenta el miserable hecho de que nadie percibe ni escucha esta verdad. Todos viven como si Dios nos hubiera dado hijos para nuestro placer o diversión. Solo para satisfacer nuestros caprichos, ignorándolos, como si lo que aprenden o cómo viven no fuera asunto nuestro”.

Estas son las palabras de Lutero registradas en sus obras, donde, a través de varias charlas, se ha destacado su amor por los niños. Que este personaje hiciera esas declaraciones es increíble, ya que durante sus primeros 30 años vivió bajo la convicción monástica, manteniendo el celibato. Sin embargo, luego decidió casarse y tuvo la oportunidad de tener cuatro hijos.

Según los historiadores, por muy ocupado que estuviera, siempre tenía tiempo para sus propios hijos e incluso para los de otras personas. No solo sentía un amor personal por los niños, sino que también reconocía su importancia en la iglesia, en la sociedad y, especialmente, en el hogar. Por eso, en muchos de sus escritos destacó la necesidad de instruir y cuidar a los niños. En 1529, Lutero creó una Biblia especializada para niños. Esta contenía un lenguaje sencillo, versículos clave acompañados de diferentes dibujos, lo que facilitaba el acceso a la Palabra de Dios. De esta manera, demostraba que, sin importar en qué ambiente nos encontremos, no debemos ignorar a los niños, porque su formación es asunto nuestro.

Esta importancia la aprendemos de Jesús en Marcos 10:13-16, donde los niños estaban ansiosos por acercarse a Jesús, pero sus propios discípulos apartaban no solo a los niños, sino también a quienes los traían, como si se tratara de un asunto exclusivo de los adultos. A veces, como iglesia, adoptamos la actitud de los discípulos y, de manera inconsciente, les quitamos a los niños la oportunidad de conocer a Jesús. Nos refugiamos únicamente en las clases de escuela dominical, cuando, además de ello, debemos demostrar con nuestra vida la realidad de un Dios poderoso, de una manera que ellos puedan entender. ¿Acaso el Dios grande de los adultos no es el mismo Dios de los niños?

Pero lo mejor viene en el versículo 14: “Cuando Jesús se dio cuenta de lo que estaban haciendo los discípulos, se indignó…”. Aquí Jesús demuestra que el Reino de Dios no es exclusivo de los adultos; antes bien, hay que ser como niños para entrar en él. Por lo tanto, Dios no depende del intelecto humano, sino que busca corazones dispuestos. Esta disposición permite que los niños también realicen grandes cosas.

Y Jesús cierra con broche de oro cuando toma a los niños en sus brazos y los bendice. ¡Qué acto tan hermoso de dignificación hacia estas personitas que, por su inocencia, tamaño o edad, muchas veces son ignoradas, pero que a los ojos de Dios tienen un gran valor! Cuando los niños son instruidos para acercarse a la presencia de Dios, pueden transformar sus entornos de maneras que, desde nuestra perspectiva adulta, podrían parecer imposibles. Por ejemplo, pueden influir positivamente en sus escuelas, en los hospitales e incluso contribuir a defender la paz en cada hogar.

¿En tu iglesia los niños son considerados importantes? ¿Has permitido que un niño participe en tus reuniones? ¿Has dirigido tu mirada hacia ellos durante la oración, la alabanza o la lectura de la Palabra? Sí, sabemos que los niños son niños, que a veces se tratan temas de adultos y que necesitan una atención especial. Pero ¿Jesús hizo lo mismo que sus discípulos? No. Él fijó su mirada en ellos, los tomó en sus brazos y los bendijo.

Ahora, todo depende de los adultos, quienes tienen la responsabilidad de preparar y consagrar a la nueva generación para realizar grandes cosas, porque no solo es asunto de adultos: también es asunto de niños.

Armando Suárez Molina, Colombia

Comparte la bendición: