Devocional

El agradecimiento que transforma vidas

Texto: “¡Canten alabanzas a Jehová, todos sus seguidores! Den gracias a su santo nombre” (Salmos 30:4 TCB).

La mañana se levanta fresca y renovada. El sol sonríe desde su escondite nocturno y con su resplandor da a la hierba una nueva oportunidad de verse radiante y bella con sus coloridas flores; los pajaritos cantan alegres anunciando el nuevo día con su habitual algarabía. Y ¿dónde estoy yo? Bueno, uniéndome a este festejo en el agradecimiento al bendito Creador porque un día más, podré gozar de sus misericordias, de sus cuidados y de su protección, aún en momentos difíciles, el Señor Jesús nunca ha estado lejos.

¿Es ésta la visión que tienes de un nuevo día? ¿Escucha Dios de tus labios y corazón esa alabanza matutina de agradecimiento por ese nuevo presente? Porque Él cada día renueva sus misericordias para con nosotros.

Cuando aprendemos a disfrutar del aire, el sol, el viento y entendemos que todo eso nos lo regaló el Creador para que pudiéramos encontrar en ellos su magnificencia, su bondad, su amor y su gloria, no podemos sino elevar alabanzas de agradecimiento a nuestro precioso Dios Todopoderoso.

Al activar todos nuestros recuerdos en relación con los beneficios que recibimos de Dios, es cuando más gratitud florece en nuestras vidas. El salmista exclamaba “bendice alma mía a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios”.  Cuando nuestra reflexión nos lleva a mantener memoria de toda la bondad de Dios, alimentamos la gratitud sin mirar las circunstancias que vivimos, sean buenas o no tan buenas, porque “sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios”.

La gratitud, necesariamente tiene que fluir de una persona que ha sido regenerada por la Gracia de Cristo, porque es el fruto de la semilla fértil que Dios plantó en el corazón salvado. ¡Cómo no tener gratitud, cuando Él nos encontró y nos dio salvación! ¡Cómo no tener gratitud por su perdón, por cómo nos restauró! Por todo eso y más, Él merece que cantemos alabanzas a su nombre. ¡Cómo no dar gracias por la hermandad en la que nos ha reunido y que muchos de ellos se han convertido en nuestros amigos en quienes podemos confiar sin ninguna duda! 

Cuando el viñedo está siendo podado y recibe los cortes de sus ramas, es cuando el labrador está más cerca de la planta. Del mismo modo sucede con nuestro Dios: en momentos complejos, Él nos tiene sujetos para resistir hasta el final. Me recuerdo de un hombre fiel a Cristo, que de un momento a otro se le diagnosticó cáncer. En ese tiempo, sus hijos estaban disgustados entre ellos y él oraba por su restauración. Cuando llegó su enfermedad, todos sus hijos se reunieron, se reconciliaron y restauraron su convivencia familiar y cristiana. Él, en medio de toda su situación dijo una frase que aun resuena en mi mente: “Si Dios ocupó esta enfermedad para reconciliar y restaurar a mis hijos, bendito sea Dios y bendita esta enfermedad”. En medio del dolor, tuvo gratitud para con Dios porque sus ojos vieron a su familia restaurada.

Nunca olvido que Dios me amó, aunque debió haber derramado su ira sobre mí. Y por ello canto alabanzas al Dios misericordioso. Nunca olvido que Él me perdonó, restauró y me llamó su hijo y por eso doy gracias a su santo nombre.

Te invito a reflexionar en todo lo que Dios ha hecho por ti y tus seres queridos, te invito a que como el salmista ¡Cantes alabanzas a Dios y des gracias a su santo nombre! Porque Él es bueno y merece toda nuestra gratitud.  

Carlos Arancibia / Chile.

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