Devocional

Más que  agradecidos   

Texto: “No estén ansiosos por nada, sino más bien den a conocer en cada momento sus peticiones y necesidades a Dios, en constante oración y con gratitud” (Filipenses 4:6 TCB).

En la vida cotidiana, cuando recibimos un obsequio, un elogio o un detalle, resulta sencillo dar gracias, ser recíprocos y expresar gratitud; es un acto valioso y, en gran medida, reactivo. En contraste con la vida cristiana evangélica, la gratitud va más allá de un simple agradecimiento: exige un corazón que confía, descansa, se rinde y encuentra paz en Dios. La gratitud, entonces, es una manera de vivir que se manifiesta a través de la oración y la devoción de cada creyente.

La exhortación a estar o ser más que agradecidos, mencionada en Filipenses 4:6-7, guía al cristiano a canalizar las vicisitudes de la vida cotidiana mediante la oración unida a la gratitud. En esta perícopa, el apóstol Pablo enseña que la gratitud no debe limitarse a expresarse solo cuando se cumplen las metas, se atienden los anhelos o se satisfacen las necesidades visibles. Además, aborda temas como el afán y la ansiedad, mostrando cómo la oración puede traer consuelo y enseñanza para el creyente. Por ello, en esta ocasión reflexionaremos sobre la gratitud.

Según el teólogo y escritor escocés Barclay, los filipenses enfrentaban las preocupaciones propias de la condición humana y, además, la presión de vivir como cristianos. La solución a los desasosiegos de la vida, afirma, es la oración: un espacio en el que pueden presentar sus afanes ante Dios. Sin embargo, nuestras oraciones deben ir acompañadas de gratitud y de sumisión a la voluntad de Dios.

Los versículos 6 y 7 ofrecen valiosas recomendaciones, como: “No estén ansiosos por nada”, y añade “sino, en cualquier circunstancia, hagan conocer a Dios sus peticiones y necesidades mediante la oración y la gratitud”. ¿Cómo se lleva a cabo esto? A través de una oración constante y agradecida. No se trata de ignorar o ser indiferentes ante los trabajos y afanes de la vida, sino de, en medio de ellos, reconocer que Dios tiene el control y cultivar una actitud de agradecimiento basada en la confianza en Él.

En respuesta a ello, la palabra de Dios dice: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y pensamientos en Cristo Jesús” (7). Esta promesa se hace realidad cuando hay gratitud en el corazón del creyente. La gratitud genera paz y tranquilidad, y protege al creyente de manera integral. El verbo “guardará” proviene del lenguaje militar y alude a la función de los centinelas que velaban por la seguridad de la ciudad. La paz que Dios nos da permite reconocer y apropiarnos de las bendiciones presentes, y se recibe cuando el creyente es “más que agradecido”, expresando su gratitud a Dios pese a las circunstancias.

Ante cada situación o dificultad de la vida cotidiana que te cause ansiedad, te invito a acudir a la oración con un corazón agradecido. Te animo a identificar esa preocupación, de cualquier índole, y a presentarla ante nuestro Dios. Puedes estar seguro de que experimentarás la paz que solo Dios puede derramar en corazones cansados y cargados. Permite que este acto transforme tu mirada, fortalezca tu confianza y te acerque a la serenidad que Él ofrece. 

“La gratitud es el perfume que desprende un corazón que ha sido tocado por la gracia de Dios.” Charles Spurgeon.

María Fidelina Camajá, Guatemala 

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