Devocional

Acompáñame en mi dolor


Texto: “Y les dijo: — Mi alma está sufriendo intensamente hasta la muerte; permanezcan aquí y acompáñenme en mi dolor” (Mateo 26:38, TCB).

Hace un tiempo viví una etapa donde por fuera parecía que todo estaba bien. Sonreía, cumplía con mis responsabilidades, hablaba con todos normalmente… pero por dentro estaba agotada emocionalmente. Había días donde el corazón se sentía demasiado pesado y lo único que quería era que alguien simplemente se quedara conmigo, sin juzgarme, sin intentar arreglar todo, solo acompañándome. Y creo que una de las cosas más dolorosas es sentirse rodeado de personas, pero aun así sentirse solo. Hay momentos en los que pensamos que tenemos que ser fuertes todo el tiempo y que expresar dolor es debilidad. Pero hubo un momento donde entendí algo muy importante: incluso Jesús expresó su dolor.

En la historia bíblica podemos ver que horas antes de ir a la cruz, Jesús fue a un lugar llamado Getsemaní. Y ahí observamos una parte de Jesús que muchas veces olvidamos: su humanidad emocional.

Jesús dijo: “Mi alma está sufriendo intensamente hasta la muerte; permanezcan aquí y acompáñenme en mi dolor” (Mateo 26:38).

En este versículo vemos a Jesús viviendo una agonía interna profunda. Él sabía lo que venía, el rechazo, la traición, el sufrimiento y finalmente la cruz. Todo ese peso comenzó a quebrantar su alma. A veces imaginamos a Jesús como alguien distante del dolor humano, como si nunca hubiera sentido tristeza, ansiedad o soledad. Pero Getsemaní nos muestra algo completamente diferente. Jesús lloró, se angustió, sintió el peso emocional del dolor humano. Y algo impactante es que Jesús buscó compañía. Pero mientras Él sufría, ellos se quedaron dormidos. En este punto, quizás muchos podemos sentirnos identificados.

Tal vez alguna vez te tocó ser como Jesús; estar luchando emocionalmente mientras sientes que nadie entiende lo que estás cargando. O quizás alguna vez fuimos como los discípulos; personas distraídas frente al dolor silencioso de alguien más. Lo más hermoso de esta historia es que, aun con el dolor mortal, Jesús no huyó, no abandonó el propósito, no dejó de amar, no se rindió, se quedó.

Jesús decidió quedarse por nosotros, incluso cuando su alma estaba quebrantada. Eso nos enseña que sentir dolor no nos hace débiles. Aun el Hijo de Dios expresó su tristeza. El problema no es sentir; el problema es creer que debemos cargar solos con todo.

Getsemaní nos recuerda que Dios no es indiferente al sufrimiento emocional. Jesús entiende perfectamente lo que significa sentirse angustiado, cansado emocionalmente o solo.

Y aunque los hombres fallen, aunque a veces nadie comprenda nuestro dolor completamente, Dios permanece.

Blanca Aruquipa Mamani, Bolivia

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