Devocional

Algo en ti debería notarse

Texto: “Así ustedes, deben ser ejemplo de luz, a través de una conducta intachable, y todos los que vean sus testimonios, van a acercarse a Dios, el Padre celestial y a glorificarlo por las buenas obras de ustedes” (Mateo 5:16 TCB). 

Vivimos en una época marcada por la incertidumbre. Cada día escuchamos noticias sobre guerras, violencia, abuso, desastres naturales y personas que han perdido la esperanza. En medio de este panorama es normal sentir miedo, tristeza o preocupación. Sin embargo, como seguidores de Cristo, estamos llamados a responder de una manera diferente.

Jesús nunca prometió un mundo libre de dificultades, pero sí nos dio una misión: ser luz. La luz no existe para sí misma; existe para iluminar. De la misma manera, nuestra fe no fue diseñada para quedarse dentro de un templo, sino para reflejarse en la forma en que vivimos, hablamos y tratamos a los demás.

Cuando una fruta es exprimida, solo puede salir lo que tiene por dentro. Lo mismo sucede con nosotros. Las crisis revelan lo que hay en nuestro corazón. Cuando enfrentamos problemas, ¿sale de nosotros paz o ansiedad? ¿Esperanza o desesperación? ¿Compasión o indiferencia?

Por eso Jesús dijo: “Ustedes son la luz del mundo” No dijo que seríamos luz únicamente cuando todo estuviera bien, sino precisamente en medio de la oscuridad. Es en los momentos difíciles cuando más se nota quién gobierna nuestro corazón.

El apóstol Pablo complementa esta enseñanza al decir que el Espíritu Santo produce en nosotros amor sacrificial, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad,  fe por identidad, humildad y dominio propio (Gálatas 5:22-23). Este fruto no se demuestra con conocimiento, sino con acciones. La paciencia se evidencia cuando alguien nos provoca; la paz, cuando todo parece desmoronarse; el amor, cuando resulta difícil amar.

En un mundo donde abunda el miedo y la desesperanza, Dios quiere que nuestra vida sea un reflejo de Su presencia. Quizás no podamos cambiar todas las circunstancias que nos rodean, pero sí podemos decidir cómo responder a ellas.

Hoy vale la pena hacernos una pregunta sincera: ¿Qué se nota en mí? Cuando mi familia, mis compañeros de trabajo o mis amigos observan mi manera de reaccionar ante las dificultades, ¿ven a una persona dominada por el temor o a alguien que confía en Dios?

El mundo necesita más que discursos; necesita vidas transformadas. Que nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestras acciones reflejen el carácter de Cristo. Que, aun en medio de la oscuridad, otros puedan encontrar esperanza porque algo en nosotros se nota, y ese “algo” es Jesús viviendo en nuestro corazón.

Kathy Montenegro, Colombia

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