Devocional

La Reforma y el Matrimonio

Texto: “Así que ya no importa si son judíos o no, si son esclavos o libres, o si son hombres o mujeres, si están unidos a Jesucristo, todos son iguales” (Gálatas 3:28, TCB).

Imagínense despertar en una época donde tu futuro afectivo y destino amoroso fuera negociado a tus espaldas en una mesa de acuerdos económicos o patrimoniales. Durante siglos en la Europa medieval, el matrimonio se percibía predominantemente como un contrato de conveniencia familiar o social; la mujer no tenía ninguna oportunidad de opinar. Permanecía excluida de la instrucción formal y debía estar subordinada a decisiones ajenas. Además, la cultura religiosa de la época solía ubicar la vida familiar en un plano espiritual bastante inferior en comparación con el celibato monástico.

Sin embargo, en el siglo XVI, con la Reforma Protestante, se produjo el redescubrimiento del Evangelio lo que provocó una sacudida en estas estructuras.  Al volver a las Escrituras, la fe cristiana redescubrió una verdad transformadora: delante de Dios, la mujer posee una dignidad plena y el matrimonio es un pacto santo fundado en la libertad de elección y el amor recíproco.

El principio bíblico del sacerdocio de todos los creyentes recordó que no existen cristianos de segunda categoría. Los reformadores sostuvieron que toda la vida cotidiana – incluido el trabajo en el hogar, la crianza y el cuidado de la familia – es santa y agradable delante de Dios. Uno de los aportes éticos y sociales más significativos de este retorno a las Escrituras fue la defensa del derecho de hombres y mujeres a elegir a su cónyuge por amor verdadero y afecto mutuo, en lugar de someterse a matrimonios impuestos por conveniencia de los padres.

El matrimonio de Martín Lutero con Katharina von Bora evidenció esta realidad ya que se trataba de un hogar cimentado en el amor, el respeto, el compañerismo, la crianza compartida y la ayuda mutua. La Biblia enseña que el amor no actúa por dominación, sino por gracia y entrega voluntaria (1 Juan 4:19). Por ello, la unión matrimonial se elevó como una bendición donde la intimidad, el cariño y el respeto recíproco honran el diseño de Dios.

La dignidad que hoy reconocemos en el matrimonio y la libertad con la que elegimos esposa o esposo —a quién amar— no son fruto del azar. Son el resultado de verdades bíblicas por las que muchos lucharon con el objetivo de rescatar el valor del ser humano delante del Creador.

En este mes de la Reforma, te invito a reflexionar respecto de tus decisiones afectivas y familiares, ¿prevalece el amor sacrificial y el compromiso guiado por la Palabra, o te dejas llevar por las presiones y la superficialidad del mundo actual?

Claudia Sánchez / Chile

Comparte la bendición:

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *