
El trabajo que refleja la fe que habita en ti
Texto: “Si alguno no ayuda a proveer y mantener a su propia familia, esta persona no vive la fe por identidad, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8, TCB).
Durante mi vida laboral, desempeñé trabajos pesados, primero en la agricultura y luego en construcción. Y la verdad es que no los sentí como una carga desagradable, sino como una responsabilidad poderosa que en mis años juveniles no imaginé tener.
La esposa que Dios me dio y a quien amaba, fue el norte que me impulsó a desarrollar una tenaz responsabilidad y luchar para proveer y buscar su seguridad. Con la ayuda de Dios, pudimos salir adelante y prosperar con lo necesario para establecernos, lograr nuestra casa, educar nuestros hijos y prepararlos para la vida, que de por sí es dura. Hoy ya retirado del trabajo, miro lo alcanzado, recuerdo esos días de rigurosa actividad, pero sé que puedo estar tranquilo y reposado de la obra de mis manos. Soporté días durísimos con la partida de mi esposa; y con mis hijos hoy ya haciendo sus propias vidas, puedo decir con toda simpleza: “¡Dios, gracias por haberme traído hasta aquí!”.
El libro de Eclesiastés, en el capítulo 2:24-25, el escritor nos enseña algo excelente con relación al trabajo: “He comprendido que esto también es un regalo de Dios, porque sin Él ¿quién podría comer y ser feliz?”
Cuando el trabajo es una carga, se transforma en dolor, fatiga y quebranto de espíritu; a esto el autor le llama “vanidad sin sentido”. Es por esto que debemos ver el trabajo como una bendición de Dios para nuestro sustento y el de nuestras familias, en donde Él nos acompaña en distintas situaciones, por más difíciles que estas sean.
El llamado de Dios es a crear la responsabilidad de ser productivos y generadores de Su bendición para los nuestros y los demás. El texto en que basé este devocional, pone de relieve esta verdad absoluta y quien la ignore es considerado como “peor que un incrédulo”. Al mismo tiempo, Pablo sostenía sobre el que no quería producir: “si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma” 2 Tes. 3:10. Me recuerda a un famoso poeta que escribió “el pan que se come luego de la faena sabrá mejor”.
Dios muestra su aversión por aquellos que menosprecian el trabajo y los indica como perezosos. Al leer el libro de los Proverbios, encontramos muchas alusiones a estos personajes, por ejemplo, Prov. 21:25 “el deseo del perezoso lo mata porque sus manos no quieren trabajar”. También el que no quiere asumir su responsabilidad se llena de excusas. Prov. 26:13 “Dice el perezoso: el león está en el camino, el león está en las calles”. Me trae a la memoria cuando niño, escuchaba a un vecino que a menudo gritaba “¡que llueva luego para no ir a trabajar!”, bueno era una de sus tantas excusas para no hacerlo. En el verso 14 del mismo capítulo “como la puerta gira sobre sus quicios, así el perezoso se vuelve en su cama”. Y en el 15, “mete el perezoso su mano en su plato y se cansa de llevarla a su boca”. Esto por citar algunos pocos versículos.
Jesús “santificó” el trabajo cuando expresó que tanto el Padre como Él trabajaban (Jn. 5:17) y esto lo expresó luego de sanar al paralítico de Bethesda y ser increpado por los judíos de que ese día era sábado (reposo). Jesús trabajó antes y durante su ministerio, y su trabajo fue exhaustivo, fue notorio en todas las regiones por donde caminó y esto fue ejemplo a sus discípulos que cuando asumieron sus funciones, lo hicieron con el mismo ímpetu.
Como padres, tenemos el compromiso de transmitir a nuestros hijos, la responsabilidad de construir sus vidas con responsabilidad y trabajo honesto.
¿Cómo ve usted el trabajo que realiza, como carga o como bendición? El amor por su familia ¿crea en usted el deseo de trabajar con alegría al reconocer que Dios le está proveyendo el sustento diario? Demos la gloria a Dios por el trabajo que realizamos y Él nos redoblará las fuerzas para hacerlo con toda la alegría que fluye en un corazón agradecido.
Dios bendiga y prospere la obra de tus manos.
Carlos Arancibia, Chile.
El denario de la dignidad
LAMENTACIONES 1:1
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