Devocional

Justicia:  la evidencia de vivir en Cristo Jesús

Texto: “Mis amados hermanos, sigan este consejo: toda persona esté dispuesta a escuchar, sea apacible para hablar y lenta para enojarse; porque la ira que genera venganza no produce la justicia de Dios, ya que la justicia es dignificar y construir al otro”.  Santiago 1:19-20.

La carta de Santiago fue escrita en un tiempo de profunda inestabilidad económica que provocó tensiones sociales.  Muchos estaban viviendo injusticias: salarios retenidos por los ricos, abusos de poder y desigualdad.  Estas situaciones creaban frustración, enojo y fuertes deseos de venganza.

En situaciones similares, cuando hay amenazas contra nuestra estabilidad emocional o se hiere nuestra dignidad, es muy fácil confundir justicia con venganza.  Nos puede pasar por la mente que reaccionar con dureza es defender nuestros derechos.  Sin embargo, Santiago nos exhorta a reaccionar con sabiduría en momentos de conflictos, para evitar alimentar nuestros corazones con actitudes que no reflejan el carácter de Cristo Jesús.

De Santiago 1:19-20, podemos aprender tres acciones que demuestran madurez espiritual.

Escuchar tiene varios beneficios.  Es terapéutico para quien habla, porque le permite expresarse disminuyendo así su ansiedad; mientras que, para quien escucha con atención, es abrirse a comprender la situación del otro y reunir los elementos para poder responder con mucha prudencia.  Escuchar es ser humilde, e implica que reconocemos que no tenemos toda la verdad ni que entendemos del todo la perspectiva ajena.  Cuando no escuchamos, demostramos falta de compresión y eso a su vez alimenta la indignación, que mal gestionada, se convierte en ira.

Hablar antes de tiempo puede intensificar el conflicto.  Las palabras que se dicen desde la emoción hieren, destruyen y crean situaciones que muchas veces son difíciles de revertir.  Ser paciente y tardo para hablar no quiere decir que callamos las injusticias ni que reprimimos sentimientos, más bien, es permitirle al Espíritu Santo que nos ayude a responder con palabras que edifiquen y que no destruyan.

La ira, cuando se convierte en anhelo de venganza, no produce la justicia de Dios.  Recordemos que de la justicia de Dios nace, crece y madura el amor sacrificial en nosotros.  ¡Claro que está permitido enojarse, es una emoción humana! Pero lo que no debemos permitir es que gobierne nuestro corazón. La ira, el coraje y la sed de venganza no es un reflejo de Cristo en nuestras vidas. La justicia de Dios siempre va a buscar la reconciliación y el crecimiento espiritual.

Santiago nos recuerda que la fe auténtica se va a demostrar según reaccionemos ante las situaciones difíciles. En momentos de tensión o injusticia somos llamados a responder de manera especial, con una justicia que edifica y no con acciones que destruyen.

Reflexiona en lo siguiente… “La justicia de Dios no humilla; transforma.  No destruye; restaura.  No hiere por desquite; corrige con amor”.   Que cada mañana nos levantemos con un corazón dispuesto a escuchar antes de responder, a pensar antes de hablar y a orar antes de enojarnos.  Que nuestras acciones reflejen una fe que se vive practicando la justicia que dignifica a los demás.

Loifa Tse, Puerto Rico

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