Devocional

Fijando la mirada en Jesús

Texto:  Fijando la mirada en el autor y perfeccionador de nuestra fe, Jesús, el mejor ejemplo de fe, que miró el dolor con los ojos de la fe para redención, soportando la cruz y el maltrato, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. (Hebreos 12:2, TCB)

Es una decisión cuando levantamos nuestra mirada, ¿cierto? Un día, mientras bajaba del comedor al aula de clase, me puse a pensar que tenía dos opciones: podía caminar mirando mi celular, concentrada en todo lo que aparecía en la pantalla, o podía guardar el teléfono por un momento y contemplar el cielo y los árboles que tenía frente a mí.

Pensaba que, de alguna manera, así sucede también con nuestra vida espiritual. Fijar nuestra mirada en Jesús es una decisión. Nuestros ojos pueden quedarse atrapados en las circunstancias, en los problemas, en nuestros temores y en todo aquello que intenta distraernos; o podemos levantar la mirada y contemplar a Cristo, su magnificencia, su poder y su fidelidad.

¿Y cómo podemos hacerlo? Una manera es recordar quién es Dios y lo que Él ya ha hecho.

Seguramente hemos escuchado muchas veces algunas de las grandes historias de la Escritura:

  • Israel quedó atrapado entre el ejército de Egipto y el mar, pero Dios abrió el camino.
  • Jericó cayó, no por una estrategia militar extraordinaria, sino mediante la obediencia y la confianza en Dios.
  • Los amigos de Daniel fueron arrojados al horno de fuego, pero Dios estuvo con ellos y salieron ilesos.
  • Los discípulos pensaron que morirían en medio de la tormenta, pero Jesús se levantó y ordenó al viento y al mar que se calmaran.
  • Y la mayor de todas: la cruz y la resurrección.

En cada una de estas historias podemos contemplar la grandeza de Dios y su cercanía con la humanidad. La Escritura nos recuerda una y otra vez que podemos confiar en Él.

Si observamos estas historias con detenimiento, encontramos un patrón que, de alguna manera, también experimentamos en nuestra propia vida: hay una situación que parece imposible, llegamos al límite de nuestras fuerzas, Dios interviene en el momento oportuno, su poder y su gloria se manifiestan, y finalmente reconocemos que solo Él merece la gloria. Mirarlo a Él significa también recordar que el mismo Dios que abrió el mar Rojo, que resucitó a Lázaro y que levantó a Cristo de entre los muertos sigue siendo el mismo hoy.

Apocalipsis 1:8 (TCB) dice:

«El Señor Dios dice: Yo soy Alfa y Omega, el que es, el que era y el que está viniendo; el Todopoderoso.»

Fijar nuestra mirada en Jesús es recordar continuamente que el Salvador que murió por nosotros es el mismo Señor que reina sobre todo el universo.  La Escritura, que es viva y eficaz, nos da cada día esta revelación y nos invita a no minimizar nuestro dolor, sino a maximizar nuestra visión de Jesucristo en medio del dolor.

No se trata de fingir que las dificultades no existen. Tampoco significa ignorar el sufrimiento. Jesús mismo miró el dolor de frente. Hebreos 12:2 nos dice que Él soportó la cruz y el maltrato. Sin embargo, Jesús no permitió que el sufrimiento tuviera la última palabra. Miró más allá de la cruz y contempló el propósito y el gozo que estaban delante de Él. Cuando contemplamos la magnificencia, la soberanía y la autoridad de Jesús, encontramos confianza para perseverar, obedecer y esperar, incluso en medio de las pruebas.

¿En qué estás fijando tu mirada últimamente?

Cuando las circunstancias, los problemas o los temores ocupan toda nuestra atención, recordemos la invitación de Hebreos 12:2: fijemos nuestros ojos en Jesús.

Hoy, decide apartar por un momento la mirada de aquello que te preocupa y contempla quién es Cristo. Recuerda lo que Él ha hecho, recuerda sus promesas y recuerda que el mismo Jesús que venció la muerte sigue reinando hoy.

Andrea Chillagana Zambrano, Ecuador

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