Devocional

La música y la Reforma Protestante

Texto: “Más bien, alégrense con las alabanzas, anímense con salmos, himnos y canciones espirituales, establezcan un altar de adoración en sus corazones; dando gracias a Dios el Padre por todas las cosas, en todo momento, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5:19-20, TCB).

Cuando hablamos de “La Reforma”, nuestra mente viaja rápido a las puertas de la catedral de Wittenberg, y vemos a un monje clavando un pergamino escrito. Sin embargo, es bueno recordar que esta Reforma tuvo fuertes influencias: algunas políticas, sociales, religiosas, pero también una no muy abordada que va a estremecer la liturgia conocida del momento y que involucra la manera de expresar la adoración al Dios Todopoderoso.

Durante su papado, Gregorio I (Gregorio Magno 590 a 604 d.C.) introduce la música coral en la liturgia de la Iglesia Católica, con un canto monódico (es decir, no tenía muchos saltos melódicos entre sus notas), interpretado por los clérigos de los monasterios solo en idioma latín. 200 años después, este tipo de música llevó el nombre de su impulsor: “canto gregoriano”. 

Posteriormente, en el siglo XVI, durante la Reforma impulsada por Martín Lutero, quien sentía gran aprecio por la música (tocaba el laúd y la flauta y había practicado música litúrgica en el monasterio de San Agustín), surgió la idea de que las congregaciones debían participar activamente en la adoración a través del canto. Para Lutero, la música funcionaba como un “puente bíblico” que ayudaba a comprender y asimilar mejor la Escritura y los mensajes de los sermones. Lutero creía además que todo cántico debía estar fundamentado en la Palabra de Dios y debía exaltarlo únicamente a Él. Por eso, compuso himnos inspirados en los Salmos, como “Castillo fuerte es nuestro Dios” (basado en el Salmo 46) y “De lo profundo clamo a ti” (basado en el Salmo 130), entre otros.

En 1524 junto a Johan Walter, publican el primer himnario protestante titulado “Libro de los ocho cantos”. Este incluía, como dice su título, ocho cánticos: cuatro de ellos compuestos por Lutero, escritos en alemán que permitía la participación coral de toda la congregación, dejando atrás el uso exclusivo del latín.  

Un punto interesante de mencionar es que las primeras melodías de estos himnos eran adaptaciones de cantos tradicionales de los pueblos, para una mayor capacidad de retención de las letras y armonías. Lutero hizo estas adaptaciones de tres maneras: 1) Las palabras fueron reemplazadas mientras la música permanecía. 2) Las palabras fueron reemplazadas y la música adaptada. 3) Las palabras fueron adaptadas y la música prestada de una fuente secular. Con el paso del tiempo los Himnos llegaron a ser originales en toda su inspiración. Lutero encontró la manera de usar la música para acercar las escrituras a la gente por medio del canto, teniendo el cuidado de que este método no las opacara sino que las hiciera brillar en el consciente e inconsciente de los creyentes.

Como hemos visto, la música fue clave en la Reforma porque ayudó a comunicar el mensaje reformador a la sociedad de su tiempo. Hoy también debemos procurar que nuestro culto esté centrado en la adoración exclusiva a Dios y en su gracia. Nada ni nadie debe impedir que las personas eleven una adoración consciente y racional al Dios Todopoderoso, que nos colma de bondad, amor y misericordia. Por eso, nuestros cánticos deben tener un sello Cristocéntrico, porque solo Cristo merece toda nuestra adoración.

La invitación es a que se alegren con las alabanzas y se animen con salmos, himnos y canciones espirituales. Que no quede solo como un momento, sino que se vuelva una decisión diaria: establecer un altar de adoración en sus corazones. Hoy el Señor no solo busca que cantemos con los labios, sino que le adoremos con la vida. ¿De qué manera estás adorando a Dios hoy?.

Carlos Arancibia / Chile

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