Devocional

Saltó de alegría

LUCAS 1:41 y sucedió que cuando Elisabeth escuchó el saludo de María, el bebé que estaba en su vientre, saltó de alegría, y ella fue llena del Espíritu Santo…

Estamos cada día presos de las preocupaciones del día a día, incertidumbres del futuro, ansiosos porque haya cambios en nuestros países … la paz mundial. Aturdidos pensando en nuestra salud, de repente luchando con aceptarnos tal cual somos, aunque no cumplamos los estereotipos que nos impone la sociedad, contando cada centavo para ver si nos alcanza para cubrir las necesidades o caprichos. Haciendo listas y presupuestos para ver cómo salir adelante en la navidad, y de repente nos olvidamos de lo que la palabra nos dice.

María recibe la visita del Ángel Gabriel, y le anuncia dos cosas: que será madre por el poder del Espíritu Santo, y que su pariente Elisabeth, también está esperando un hijo. María emprende viaje para visitar a su pariente.

Este encuentro tiene muchísimas enseñanzas, dos mujeres de dos generaciones diferentes embarazadas de manera milagrosa. Elisabeth era   posiblemente un referente en el área espiritual y emocional de María, por eso va donde ella primeramente a compartir su embarazo. Recorrer caminos inhóspitos por un desierto de Judea que es tan árido y seco, entre otras.

Elisabeth llevaba ya 6 meses de embarazo, los bebés comienzan a moverse, patear y saltar, pero este fue un salto diferente, me imagino que las que han sido madres podrán entender los movimientos de sus bebés. Y es por eso por lo que se habla aquí de un salto de alegría.

Alegría, gozo, felicidad, dichosos, bienaventurados, afortunados, son palabras que las encontramos muchas veces en el Nuevo Testamento y los evangelios, y no sólo como una mención sino como un mandamiento.

MATEO 6:34. En conclusión, no estén ansiosos por el día de mañana, VIVAN EL MOMENTO Y DISFRUTEN LA VIDA, porque el mañana no está garantizado, y si llega, traerá sus propias preocupaciones. Cada día tiene sus propios problemas.

Vivan el momento y disfruten de la vida, creo que este mundo sería tan diferente si aplicáramos este versículo. Hay muchas personas que cuando se enfrentan a enfermedades, lo que las mata no es precisamente la enfermedad, sino la preocupación o ansiedad que esta trae. Si cada uno de nosotros supiéramos exactamente cuándo van a terminar nuestros días, de seguro planificaríamos hacer muchas cosas que las pasamos por alto.

 Acá en medio del sermón del monte, Jesús dice “vivan el momento y disfruten de la vida”.

Juan, el bebé en el vientre, saltó de alegría, y es que la presencia de Jesús en medio nuestro debería llenarnos siempre de gozo, y mantenernos tan felices que saltáramos de alegría. La noticia del nacimiento de Jesús va precedida de este mandamiento … “Alégrate”.

LUCAS 1:28 Y entrando a donde estaba ella, le dijo:  – ALÉGRATE, eres muy amada y bendecida, el Señor está contigo.

El ángel Gabriel se presenta a María y le dice Alégrate, eres muy amada y bendecida. Alégrate no es una opción, es un mandamiento, y ¿por qué debemos estar alegres? Porque somos amados, bendecidos y el Señor permanece a nuestro lado.

Luego del nacimiento de Jesús, un ángel se presenta ante los pastores, quienes eran los humildes, quizás los trabajadores más invisibles que había en esos tiempos, LUCAS 2: 10. Y el ángel les dijo: – No tengan miedo, miren que les traigo una gran noticia, que les causará mucha ALEGRÍA a todos.

Porque el evangelio trae esperanza y produce alegría en los humildes de corazón, en aquellos que se sienten discriminados, los que no tienen esperanza. Y es que sólo saber que Jesús se hizo hombre es suficiente para sentir alegría, pensar que se identificó con nosotros, eso debe llenar nuestro corazón.

El Señor Jesús, cuando comparte con sus seguidores la parábola de la Vid Verdadera, una paráfrasis de Juan 15:15 dice “Les he dicho estas cosas para que mi alegría esté en ustedes, y esa alegría sea plena”.

La plenitud es difícil de explicar, pero es fácil de entender porque la sentimos.

Con el nacimiento de Jesús, nace la esperanza, que tiene que ser suficiente para sentir esa plena alegría y dar un salto de alegría tal como lo dio Juan en el vientre de Elisabeth.

Créditos:

Pastora Paulina Buitrón

ECUADOR

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