Devocional

Los Vulnerables en el Centro del Reino de Dios

Texto: “Unos niños fueron traídos para que Jesús pusiera sus manos sobre ellos y orara; entonces los discípulos se molestaron. Pero Jesús dijo: – Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque de ellos es el reino de los cielos. Y después de haber impuesto las manos y bendecirlos, se fue de allí” (Mt. 19:13-15) TCB.

Este episodio está presente en los tres Evangelios sinópticos, lo que confirma su gran importancia dentro de la enseñanza de Jesús. No obstante, para comprender lo radical de su acto, es necesario entender la posición de la niñez dentro de un mundo patriarcal y adultocéntrico.

En el contexto del Imperio romano, la niñez no era valorada; su estatus era comparable al de un esclavo, sin reconocimiento de derechos. Dentro del judaísmo, la situación no difería mucho. De hecho, una cita del rabí Dosa ben Harkinas refleja la actitud negativa hacia la niñez: “El sueño de la mañana, el vino del mediodía, la charla con los niños y el demorarse en los lugares de encuentro del vulgo sacan al hombre del mundo” (Abot 3,14).

Esta cita refleja la perspectiva tradicional sobre el comportamiento hacia los niños en el judaísmo antiguo. Lamentablemente, la niñez era considerada insignificante, y prestar atención a los niños se veía como una distracción de los asuntos serios e importantes. Por tal motivo, los discípulos, hijos de su época, no actuaron con maldad, sino de acuerdo con la lógica común al molestarse, pensando que estaban distrayendo a Jesús de asuntos importantes.

Sin embargo, Jesús desafía esa lógica con una acción revolucionaria. No solo se indignó por la conducta general reflejada en sus discípulos, sino que permitió que los niños se acercaran, los tocó, y aquellos que antes eran invisibles ante la sociedad ahora adquieren una posición digna. Tanto así que, quien no sea como ellos, no podrá participar en el reino de Dios. Con esta acción, Jesús rompe radicalmente con el pensamiento dominante de su tiempo y dirige la atención hacia ellos, utilizándolos como modelo de acceso al reino.

El mensaje de Jesús nos invita a una transformación estructural, promoviendo un cambio profundo en la manera en que la sociedad reconoce el valor de las personas. En sus enseñanzas, los más desfavorecidos y marginados dejan de estar relegados a un lugar secundario y pasan a ocupar un rol central de dignidad y reconocimiento. 

En esta nueva visión, la grandeza, el poder o el estatus no determinan el valor de un individuo, sino su esencia como creación de Dios, estableciendo así una justicia universal que supera las jerarquías humanas. 

Hoy me pregunto: ¿qué estructuras, ya sea en nuestra sociedad o en nuestras comunidades de fe, continúan invisibilizando a aquellos que han sido creados por Dios?

Carolyn Moreno, Puerto Rico

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