Devocional

Aunque la higuera no florezca

 Texto: “Aunque la higuera no florezca, y no haya frutos en las vides, aunque falte el aceite, aunque los campos no produzcan alimentos, aunque no tengamos ovejas en el redil ni ganado en los corrales; aun así, me gozaré en Jehová, me alegraré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3:17-18 TCB).

Hace unas semanas estuvimos todos enfermos en mi familia, lo suficientemente enfermos como para tener que encerrarnos en casa. En uno de los días en que me sentía más lúcida, podía darme cuenta de lo maravilloso que es Dios, y mi corazón se llenaba de gratitud al ser consciente de que podíamos pagar la consulta médica, los medicamentos e incluso costear algunas sesiones con especialistas. Estábamos muy enfermos, pero Dios no nos había desamparado; había dado la provisión necesaria para que, con el tratamiento adecuado y oportuno, nos sanáramos. También nos mostró su amor y preocupación a través de los hermanos de la congregación, quienes, con sus oraciones, llamadas telefónicas y mensajes estuvieron presentes.

Muchas veces la gratitud necesita una mejor perspectiva, una que vea el vaso medio lleno. Mi marido siempre dice: “Podría ser peor”, y es verdad. En medio del dolor, la enfermedad, una crisis o los problemas en general, muchas veces se nos nubla el pensamiento y perdemos de vista de quién somos y a quién servimos. Olvidamos que Dios sigue sentado en su trono, reinando, y que tiene absolutamente todo bajo control.

Cuando comenzamos a agradecer en medio de la adversidad, es cuando nuestra fe se activa y los problemas dejan de parecer tan grandes o insuperables. Lo que veías como perdido lo dejas en manos del Dios de lo imposible. Y, sea que Dios obre en favor nuestro o no, nuestro corazón continuará impasible, adorando al Rey de reyes y Señor de señores. Por esta razón me encanta el libro de Habacuc, porque él pudo quitarse el velo que distorsionaba su visión real de Dios, y cuando logró verlo verdaderamente, en su esplendor, soberanía y majestad, solo pudo decir:

“Aunque la higuera no florezca, y no haya frutos en las vides, aunque falte el aceite, aunque los campos no produzcan alimentos, aunque no tengamos ovejas en el redil ni ganado en los corrales; aun así, me gozaré en Jehová, me alegraré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3:17–18).

Aunque me falte salud, aunque me falte dinero, aunque me falte trabajo, aunque vea todo negro y haya un largo etcétera, no importa lo que me esté sucediendo, lo que esté pensando, viviendo, no importan mis tragedias, porque me gozaré en Jehová y seré agradecida. La gratitud definitivamente es una cuestión de actitud; es una decisión diaria de dependencia de Dios. Mientras más agradecidos seamos, mayor será nuestra fe. Y mientras más desagradecidos, más propensos estaremos a apartarnos de Dios y a culparlo por lo que nos sucede. Dios es siempre bueno, y su voluntad es buena, agradable y perfecta. Tiene planes de bien y no de mal para nosotros. Por eso podemos atravesar el desierto con Él, confiando en que no nos faltará el maná diario para vivir un día a la vez.

La pregunta que me hago y quiero compartir contigo es:

¿Cómo es mi actitud frente a la gratitud? ¿Estoy siendo realmente agradecida y viendo a Dios en los detalles? ¿O vivo de queja en queja, pidiendo e incluso exigiendo bendiciones a Dios? Le pido al Señor que siga moldeando nuestro carácter y corazón para tener la mente de Cristo, y que quite el velo de nuestros ojos para poder ver, como lo hizo el profeta Habacuc.

Carolina Riquelme Nieto  /  Chile

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