Devocional

Priscila: Un corazón dispuesto para Dios

Texto: “Entonces Apolos empezó a predicar con valentía en la sinagoga, pero cuando Priscila y Aquila lo escucharon, lo llevaron aparte y le enseñaron con más exactitud y profundidad el camino de Dios” Hechos 18:26 (TCB).

Es sabido que, en los tiempos del Nuevo Testamento, las mujeres rara vez ocupaban un rol visible en la enseñanza y mucho menos en el liderazgo espiritual. Sin embargo, como lo analizaremos en detalle, Priscila destaca como una mujer sabia, valiente y comprometida con el evangelio. Junto a su esposo Aquila, sobresalió de sus congéneres siendo una colaboradora cercana del apóstol Pablo. Ella no solo abrió su hogar para la enseñanza, sino que participó activamente en el discipulado de quienes encontraba, como en el caso de Apolos, un predicador fervoroso, pero con conocimientos que hacía falta completar. 

Una curiosidad llamativa es que, en varios pasajes del Nuevo Testamento, el nombre de Priscila aparece antes que el de su esposo Aquila, orden que es bastante inusual en el contexto de la época, donde los nombres de los hombres por lo general precedían a los de sus esposas, especialmente en ámbitos públicos o ministeriales. Este detalle puede sugerir que Priscila tal vez desempeñaba un papel destacado en el ministerio, posiblemente como maestra o líder espiritual evidenciando un profundo conocimiento de las escrituras. 

Además, el hecho de que su nombre sea mencionado en varias ocasiones (Hechos 18:18, Romanos 16:3, entre otros), es una evidencia más de que Priscila tenía un liderazgo y que su sabiduría espiritual era notoria. En una época donde la voz femenina era comúnmente silenciada, Dios usó a Priscila para edificar Su iglesia con mansedumbre, discernimiento y firmeza en la verdad.

Con su ejemplo, ella rompe estereotipos y nos recuerda que el llamado de Dios trasciende el género. Priscila no buscó protagonismo, sino ser útil al Reino de Dios y con su humildad y disposición se abrieron caminos para otros, su enseñanza ayudó a que el mensaje del evangelio fuera predicado con mayor claridad. 

Hoy necesitamos muchas “Priscilas” en nuestras iglesias, hay mucho trabajo por realizar. Podemos servir enseñando fielmente a jóvenes cada semana, discipulando a nuevos creyentes y orando por cada uno de ellos con dedicación. Debemos comprender que incluso una labor callada puede tener un impacto eterno. Sirvamos no esperando reconocimiento, sino confiando en que nuestra recompensa está en ver vidas transformadas por medio del Espíritu Santo, creciendo para llegar a la estatura de Cristo.

Podemos imitar a Priscila siendo personas que abren su hogar y corazón para otros, que estudian la Palabra para enseñar con amor y verdad, que caminan junto a otros en fe, sin necesidad de protagonismo y que usan su influencia para edificar, no para dominar.

Al conocer más sobre Priscila, somos desafiados a reflexionar sobre nuestro propio compromiso con el evangelio. Preguntémonos: ¿Estoy dispuesto a ser usado por Dios con lo que tengo? ¿Estoy discipulando, enseñando o animando a otros en la fe? Su ejemplo nos inspira a poner lo que tenemos al servicio de Dios: nuestro conocimiento, nuestro hogar, nuestras palabras y nuestro tiempo. Que Dios nos ayude a ser fiel en lo pequeño, a enseñar con amor y a ser parte activa en la edificación de Su iglesia, que seamos usados como instrumento para Su gloria. Priscila no esperó tener una plataforma perfecta, sino que fue fiel en lo que tuvo a su alcance, y Dios la usó poderosamente. Así también nosotros podemos ser instrumentos valiosos en Sus manos. Que su historia nos impulse a vivir con propósito, a edificar con amor y a ser una Priscila más en la misión del Reino de Dios.

Carolina Riquelme  / Chile

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