Devocional

Lavado de cerebro

Texto: FILIPENSES 3:13-14 TCB “Hermanos, yo aún no considero que haya logrado mi perfección cristiana; pero una cosa sí hago, dejo el pasado atrás y prosigo hacia lo que está delante, hacia la meta, para conquistarla, y recibir el premio que viene de arriba, que es el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”


Desde que Jesús salió a tu encuentro y comenzaste a congregarte, ¿te han dicho que estás muy cambiado, que parece que en la iglesia te lavaron el cerebro porque ya no te comportas como antes? Si te lo han manifestado, déjame decirte que vas por buen camino. La palabra dice: «Dejo el pasado atrás y prosigo hacia lo que está delante; dejamos nuestros delitos y pecados atrás, abandonamos nuestra vieja manera de vivir y caminamos con fe y esperanza hacia el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús».

Pensando en lo anterior y reflexionando en tu vida te pregunto, ¿quién gana la batalla diaria entre el espíritu y la carne? La respuesta a esta pregunta siempre será a quién estés alimentando más. Y cada uno de nosotros sabe perfectamente quién ganará, porque sabemos a quién le damos comida cuando estamos a puertas cerradas y nadie nos mira, en nuestra intimidad.

Cuando llevamos un tiempo en la iglesia, conocemos los códigos, aprendemos el lenguaje, asimilamos las posturas; incluso llegamos a manejar las palabras que le agradan al pastor y a los hermanos. Sabemos lo que hay que decir y cómo decirlo. Y tener toda esta información ayuda muchas veces a vivir una doble vida, porque puedes ser “cristiano” de domingo y no dar buen testimonio el resto de la semana.

Pero existe una verdad absoluta: podemos engañar a todos, menos a Dios. Él, en su omnipresencia, nos ve en todo momento y con su omnisciencia escudriña hasta lo más profundo de nuestros corazones y lo más recóndito de nuestros pensamientos. El apóstol Pablo nos recuerda categóricamente: “No se engañen: de Dios nadie se burla” (Gálatas 6:7a).

Cuando nuestra conversión es genuina, reconocemos a Jesús como nuestro Señor y Salvador, y viene a morar en nosotros el Espíritu Santo; estos dos acontecimientos deben traer cambios a nuestra vida. Es cierto que Dios trabaja desde adentro hacia afuera, pero más temprano que tarde, nuestra vida debe ser un reflejo del trabajo que está haciendo el Espíritu Santo. Se deben notar los cambios en nuestra mente, en nuestra manera de vivir, de hablar, de relacionarnos con otros, y ahí es donde se aplica a diario la purificación de nuestra mente y corazón. La palabra de Dios nos limpia, y nos deja relucientes, para que nuestro espíritu, alma y cuerpo estén alineados a la voluntad de Dios.

Por años hemos juntado basura en nuestra cabeza y corazón, y a la luz de las escrituras debemos dejar que el Espíritu Santo trabaje en nuestra vida, que remueve todo, que sacuda y boté lo que nos estorba para poder trabajar libres en su obra. La basura huele muy mal, y nuestro anhelo sincero debe ser que nuestra vida sea de olor grato ante el trono de su gracia; debemos trabajar decididamente para ser el mejor perfume, el más caro, el de mejor calidad delante de Dios.

Quizás al leer estas palabras puedas pensar que es fácil escribirlo,  pero difícil vivirlo, y tienes razón, en nuestras fuerzas será muy complicado. Pero, debemos recordar que no estamos solos, el Espíritu Santo está en nosotros para ayudarnos, para aconsejarnos, para guiarnos; tenemos la mejor compañía en el viaje que emprendimos. Con Él, podemos disfrutar de la travesía. Además, Jesús está sentado al lado de Dios intercediendo por nosotros (Romanos 8:34). ¡Tenemos el mejor equipo para vivir en victoria! Y con su ayuda, podemos tener una vida que honre a Dios en todo.

Nombre: Carolina Andrea Riquelme Nieto

País: Chile

Correo: caritoriquelme@gmail.com

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