Devocional

La reforma también es en el interior

Texto: “…Practica y vive la vida espiritual; pues el culto al cuerpo es poco provechoso; pero la práctica de la vida espiritual es un ejercicio que vale completamente la pena, porque nos da una promesa para la vida presente y también para el futuro” (1Tim. 4:7b-8 TCB).

La época medieval se caracterizó por una sensibilidad religiosa intensa. Grandes movimientos surgieron con el deseo de conservar la vida cristiana a través de formas piadosas, devociones populares y representaciones artísticas. Sin embargo, con el tiempo esas prácticas se convirtieron en actos que, en lugar de ayudar a una espiritualidad profunda, se alejaban de esa vivencia religiosa: una fe que se contemplaba desde afuera, que se cumplía por costumbre y que rara vez se experimentaba.

Lutero, devoto, celoso y apasionado en su relación con Dios, tenía un profundo anhelo de renovación en su interior, encuentra en las Escrituras la respuesta que tanto deseaba y  como consecuencia de esa experiencia, hubo un cambio en su práctica espiritual. Ese cambio más tarde influenció a todos los creyentes que vieron en su renovación una forma más vivencial en su encuentro con Dios.

De tal modo que la Reforma vino a recordar que la piedad verdadera no se encuentra en estructuras y formas rígidas establecidas en el interior de un templo, sino en la interioridad del ser humano, en su fiel encuentro con Dios y en la práctica diaria con el prójimo y la comunidad. Pablo en su misiva a Timoteo resalta esta idea y para ejemplificar su consejo utiliza la metáfora del atleta en su entrenamiento diario: repetición, constancia, esfuerzo sostenido. No es el gesto extraordinario el que forma el alma, sino la fidelidad ordinaria: la oración antes del pan, la Escritura leída en voz baja, la conciencia examinada al final del día. Esa práctica, dice el apóstol, vale completamente la pena, porque alcanza la vida presente y también la que viene.

Uno de nuestros errores en la actualidad, es que seguimos construyendo y manteniendo pequeños altares medievales. Rutinas espirituales que parecen extraordinarias pero que no tocan el corazón, frases aprendidas, gestos y posiciones normadas, y una fe avalada por lo que otros ven. En nuestros encuentros comunitarios cuántas veces podemos experimentar lo sobrenatural de Dios y ser afectados en nuestro espíritu de tal manera que salgamos transformados. Vivir y practicar la espiritualidad, es lo que pide Dios. El alma descansa y encuentra un gozo que ninguna devoción vacía puede dar.

Detengámonos un momento. ¿Dónde estamos cultivando las apariencias mientras descuidamos la comunión? ¿Qué práctica espiritual se está realizando por costumbre y rara vez afecta nuestro interior? ¿Qué ejercicio espiritual necesita ser revitalizado para renovar nuestra vida espiritual? Es posible que la reforma que más necesitamos no está en una estructura establecida, sino en nuestro interior.

Santa González Bautista  / México

Comparte la bendición: